¡Hagamos volar la imaginación!

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La frente de Luis sudaba a montones, era la primera vez que intentaba abrir una caja fuerte en un robo, aunque su profesión era cerrajero y conocía muy bien su oficio, jamás pensó que iba a terminar usando su conocimiento para perpetuar un delito. A su lado Miguel esperaba con ansias que dicha cerradura cediera y así poder obtener el dinero que tanto necesitaban.

Se conocieron hace dos días, en el hospital del pueblo, un lugar deprimente sin agua y con pocas horas de luz eléctrica al día, si enfermabas de gravedad era seguro que morirías.

Y ese era el caso del hijo de Luis y del hijo de Miguel, el primero enfermó y necesitaba un trasplante de médula ósea, una leucemia que desde niño aquejaba a su hijo pero por falta de dinero jamás pudo solucionar, ahora la enfermedad había avanzado más, mermando sus defensas, le quedaba poco tiempo al niño con sus escasos cinco años de vida, si no le realizaban la operación, además del problema, su mujer no paraba de reclamarle lo incapaz que era por no lograr conseguir el dinero de la operación, lo insultaba y entre llantos lo atormentaba día a día mientras su hijo agonizaba.

El segundo una bicicleta lo atropelló tirándolo al suelo y ocasionándole un golpe en la cabeza que repercutió en una hemorragia cerebral dejándolo en estado de coma, el cual debía ser operado cuanto antes.

Para Miguel su hijo era lo único que tenía en la vida, su mujer había fallecido hace dos años por una rara enfermedad incurable y lo dejó con un niño al cual poco sabía criar, pero con amor y esfuerzo logró mantenerlo sano y salvo hasta este fatídico día, no poseía los recursos para hacer la operación y lo único que los médicos le dijeron era que debía resignarse y aceptar el destino de su hijo de siete años.

Los dos hombres se encontraban en un estado de shock, sus hijos iban a morir ya que cada uno necesitaba la suma de diez millones de pesos para realizar las respectivas cirugías.

Miguel reconoció a Luis, se dio cuenta que el era un cerrajero ya que meses atrás le había pedido el favor de que le abriera una gaveta de su casa.

Se acercó y conversaron un poco, ambos se dieron cuenta lo parecido de su situación y se preguntaban cómo podían solucionar el problema, en ese momento a Miguel se le iluminó la cara.

Hacía dos meses había hecho un pequeño trabajo en la casa del anciano que vivía en la colina, un sistema de alarma que quiso colocar el viejo para cuidar sus pertenencias, este señor poseía mucho dinero y era ahí donde lo podían conseguir, pues Miguel sabía muy bien donde estaba la caja fuerte, como desactivar las alarmar y Luis solo debería abrirla.

Los dos lo pensaron muy bien, estudiaron un plano mal elaborado que hizo Miguel, pero que se detallaba lo importante, la ventana que iban a abrir, a cuantos metros estaba de la caja fuerte y el tiempo que Luis se tardaría en abrirla solo con el oído agudo que poseía, el cual era su talento natural que lo ayudó a ser cerrajero, podía escuchar el sonido que hacían los seguros al cerrar o abrir y de ahí conocer el problema sin siquiera tener que abrir el complicado mecanismo.

Fueron de noche, el anciano vivía solo y Miguel sabía que dormía en el segundo piso de la casa y que por suerte la caja fuerte se encontraba en el primero, detrás del cuadro del retrato de sus padres, creada muchos años atrás cuando tenía una gran familia y gozaba de total felicidad, por cosas de la vida fue infértil y su mujer lo dejó por el único empleado que tuvo en todos sus años de vida, era un viejo muy desconfiado y rara vez hablaba con alguien, era la victima perfecta.

El Sistema de alarma era simple, un botón que se apretaba con el cierre de las puertas o las ventanas, cada una tenía uno en particular y se conectaban a una consola que al detectar que alguno de los botones dejaba de estar presionado enviaba una señal electrónica a la alarma la cual se disparaba haciendo un ruido infernal.

Miguel metió un pedazo de metal delgado en la ranura entre el botón y la ventana y apretó con fuerza, mientras Luis rompía la ventana con la esperanza que el viejo no escuchara ya que estaba muy arriba y encerrado, luego abrió la ventana sostuvo el pedazo de metal que apretaba el botón mientras Miguel entraba y desactivaba la alarma pues la clave la conocía ya que el viejo tenía poca visión y Miguel tuvo que explicarle que botones presionar cada noche.

Llegaron a la caja fuerte y de inmediato Luis sacó una tula con sus herramientas que traía metido dentro del pantalón, un estetoscopio para escuchar mejor y un taladro manual que le permitiría mirar dentro de la caja fuerte si el sistema llegaba a ser muy complicado, por suerte para él no necesitó el taladro, en unos ocho minutos ya tenia la caja abierta y su ansiado botín esperándolos para ser tomado.

Gran sorpresa se llevaron cuando se dieron cuenta que la caja estaba vacía, solo había un fajo de billetes, solo cinco millones de pesos, solo esa suma de dinero poseía el viejo en su casa, lo había gastado todo en peleas de gallos y compañeras de ocasión, era lo último de dinero en efectivo que tenía antes de quedar en bancarrota, vender su lujosa mansión e irse a otro pueblo a morir en un pequeño cuarto viviendo de la caridad de las personas.

Esa suma de dinero podría salvar a uno de los dos niños, seria la cuota inicial para la operación, pero no para los dos, el hospital no aceptaría menos de cinco millones para comenzar la operación, quedaron mirándose el uno al otro, Luis tomó el fajo de billetes y ambos salieron apresurados de la mansión.

Al día siguiente los alaridos del viejo alertaron al pueblo, al pie de la ventana un hombre yacía muerto, se notaba que había luchado ferozmente por su vida, que lo había dado todo antes de morir desangrando por varias cortadas en su cuerpo causadas por un pedazo de vidrio roto encontrado ensangrentado cerca de él, tenía lagrimas en sus ojos que aún no secaban, no  eran de dolor, eran su último desespero, en su agonía sabía que no había sido el hombre capaz de ayudar a su hijo y que este iba a morir al poco tiempo que muriera él.

En la entrada del hospital un hombre nervioso llegaba, llevaba un fajo de billetes para la operación de su hijo, sabía que luego que lo operaran, se entregaría a la Policía, su conciencia no lo dejaría jamás en paz, se sentó en una silla de madera rota en la sala de espera, estaba en silencio mientras pensaba que había asesinado a un hombre, que el hijo de este en pocas horas moriría también y que el iba a ir a la cárcel por este crimen, solo para que su hijo pudiera vivir, la vida de tres personas por una.

Era un trato injusto…