¡Hagamos volar la imaginación!

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No puedo pensar en Jhon sin sentir ese miedo interno de saber que yo hubiese sido lo que él llegó a ser, estuvimos en iguales condiciones pero nos distanciamos en la edad de las decisiones, yo tome las mías y el las suyas.

Lo recuerdo como si fuese ayer, no puedo creer como pasa el tiempo, como envejecemos sin percibirlo, un día estoy corriendo descalzo en las calles de una ciudad llamada Montería y en el otro estoy escribiendo los recuerdos de ese día sentado en un computador muy lejos de ese niño a pie descalzo que fui.

Es muy raro recordar a Jhon Jairo sin esa sonrisa, una sonrisa llena de vida, cálida, siempre reía, siempre, no fuimos niños con muchos lujos, muy por el contrario fuimos niños que nos hizo falta a veces hasta lo más básico, un buen desayuno por ejemplo. Pero no nos importaba, no lo veíamos como una cosa mala, es más no pensábamos en nuestra situación económica, de cómo nos veíamos, si estábamos a pie descalzo o con ropas raídas, jamás nos preocupamos por eso, ahora que lo pienso, tampoco sé por qué no lo hacíamos, quizás era la confianza de saber que no íbamos a estar así para toda la vida, quizás nos equivocamos en eso.

La gran parte de mi adolescencia la recuerdo a su lado, era mi primo y vivía en mi casa, a mi tío lo abandonó su mujer y mi mamá le brindó un cuarto para él y sus dos hijos, como Jhon Jairo era el mayor nos entendimos muy bien, y jugábamos cada tarde, recuerdo que salíamos por ahí a jugar, cazando lagartijas, nos subíamos a los techos vecinos a robar mangos, guayabas y naranjas, que luego comíamos en nuestro techo.

También practicábamos artes marciales, yo iba a una escuela de Karate Do y lo que aprendía al día siguiente se lo enseñaba a él, nos creíamos Van Damme, ChuckNorris, Jackie Chan y todos esos luchadores de películas de los ochenta y noventa que tanto pasaron por nuestra televisión Colombiana y siguen pasando al día de hoy.

Montábamos bicicleta, bueno una sola, la mía, pero era suya también, y juntos nos íbamos recorrer Montería, subíamos el puente colgante y nos lanzábamos en bajada sin frenar a gran velocidad, todo sea por la adrenalina generada ante el peligro.

Mi infancia no tuvo lujos, pero fue la mejor que la de muchos niños que tuvieron todo.

Jhon Jairo era muy buen dibujante, hacia unos dibujos impresionantes de sus héroes favoritos, Wolverine y Gokú fueron unos de los cuales tuve el lujo de ver, aunque nunca supe que quería ser cuando grande, sé que hubiese sido un gran artista o por lo menos un buen diseñador gráfico, pero no sé qué pasó.

Todos crecimos, por desgracia todos crecemos, mi mamá ya no veía a un tío y dos sobrinos, sino, a cuatro hijas adolescentes y a dos hombres adolecentes que las miraban con morbo, jamás comprobé si eso era cierto, nunca me pareció, pero así se lo hizo saber ella a mi tío y le pidió que se fuera de la casa, que buscara donde quedarse con ellos.

Que cruel decisión, aún no se lo perdono a mi madre, como pudo sacar a la calle a mi tío, el era un hombre que vendía verduras, lo poco que ganaba solo le alcanzaba para comprar la comida de sus hijos y tener algo de ropa en las navidades, ahora que lo pienso, tiene cuatro hermanos y ninguno lo ayuda en algo, ninguno jamás lo ha ayudado en nada, todos le dieron la espalda.

A mi tío le tocó irse para un cuarto, era algo tan pequeño que solo cabía la cama y un armario, dormían los tres apiñados en ella, no quiero pensar en la situación desesperante que pudo haber vivido en esa época, y ni que decir de las venideras.

Yo también crecí, decidí salir de Montería, me fui para Barranquilla, ahí mis tíos me ayudaron a conseguir un Colegio, luego una Universidad, luego un trabajo, por suerte todo se me dio, aunque no soy millonario, puedo decir que logré salir adelante, tengo un trabajo fijo y un negocio, además una posibilidad de hacerlo crecer aún más, económicamente tengo para mantener a mi mujer y mi hijo y a este último darle lo que no tuve en mi infancia, un padre preocupado por su educación y felicidad.

No sé qué sucedió con Jhon Jairo, perdí el contacto cuando me fui de la ciudad, no sé qué pasó en la transición de su juventud a su adultez, ¿dónde quedó el niño que sonreía, donde quedó el artista, donde quedó la estrella que lo iluminaba?

Creo que se dio cuenta tarde, que su infancia había pasado, que ya caminar descalzo en la calle era mal visto,  se decepcionó de la vida, se dio cuenta que vivía en un cuarto con su padre y su hermano, que su futuro era incierto y que la vida no era tan bella como el creía, le tocó madurar, pero no quiso estudiar, quizás no encontró su vocación, o quizás no quiso hacerlo por simple dejadez.

Hoy Jhon Jairo está enterrado cuatro metros bajo tierra, con solo veintinueve años de vida mal vividos, fue acribillado en una calle y yo no comprendía porqué, ¿Lo confundieron? Me preguntaba.

Luego supe que se había metido a vender drogas, que andaba en pandillas, que estaba en una lista negra, que hasta había asesinado a alguien.

Aún no lo creo, y no creo que lo asimile, lo único que sé, es que ya no está conmigo y no pude hacer nada por él, por desgracia tomó malas decisiones.

Solo me quedan los recuerdos de una linda infancia, ahora volteo mi mirada a mi hijo y le prometo en voz baja que jamás sufrirá lo que sufrió mi querido primo Jhon Jairo.

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