¡Hagamos volar la imaginación!

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Jay Jay es un hombre apuesto, siempre ha sido así, cabello rubio, ojos azules, cuerpo fornido pero no exagerado, tez blanca, su belleza lo ha hecho merecedor de premios sin necesidad de concursar, ha trabajado en innumerables películas, todos lo aman, y posee mucha riqueza.

Hay dos cosas que igualan su belleza, son su fortuna, y el peor gusto que puede tener un hombre por las mujeres. Su novia Gertrudis Gastritis Flatula (Es en serio así se llama) es tan horrible como su nombre, es muy fea, demasiado fea, participó en un concurso de feas  perdió por fea, más fea que pegarle a la mamá el día de las madres, es tan horrible que la confundieron con un tumor al nacer. Tiene problemas para entrar o salir de los Zoológicos y los Circos, sus dientes amarillos (los pocos que le quedan) tienen un olor por el sarro que desprenden insoportable, las verrugas que adornan su rostro la hacen parecer más vieja de lo que en verdad es, los vellos de su piel son gruesos y abundantes, por lo menos se depila pareciendo una ardilla afeitada, desprende un olor corporal que ha hecho huir a los zorrillos, tan horrible que fue estudiada por científicos de la Nasa pensando que era una especie alienígena. Pero su fealdad solo se compara al inmenso amor que siente Jay Jay por ella.

Un  día la amorosa pareja caminaba tranquilamente por un sector concurrido de la ciudad, su amor los hacía muy felices, pero ese día Jay Jay le iba a demostrar a ese moco, cuanto la quería.

Alguien tropezó a Gertrudis Gastritis Flatula, y se escuchó una voz que decía.

– Lo siento niña, no la vi.

Jay Jay volteó a mirar a aquella vil agresora a los ojos y le respondió.

– ¿Con que no la vio, eh? ¿Que está queriendo decir? ¿Que es tan fea que la ignoró? ¿Que es tan fea que nisiquiera es digna de que alguien como usted la mire?  ¡Respondame!

La ancianita miró hacía ambos lados haciendo un gesto para calmar al iracundo novio.

– No, no, señor no malinterprete las cosas, simplemente iba distraída y no vi a la señorita.

Jay Jay entró en cólera.

– ¿SEÑORITA? ¿Está queriendo decir que es tan fea que jamás un hombre en su sano juicio podría tocarla? Esto es un insulto, esto es una transgresión, usted vieja desgraciada va a pagar por esta humillación que le ha hecho pasar a mi querida novia.

– Gertrudis, lo tomó del brazo y lo miró a los ojos con ese único ojo desviado, pues era tuerta y visca. Lo miraba como diciéndole, defiende mi honor, bueno eso él así se lo tomó, ya que en realidad lo que pedía era que la llevara al baño ya que como siempre iba cada media hora a hacer del dos.

Jay Jay, al ver esos ojos de Rinoceronte Embalsamado se molestó mucho más, esos tiernos ojos (para él) no deberían sentir tristeza jamás.

Tomó a a la anciana de la blusa, la alzó y luego la lanzó con fuerza a unos 110 metros de distancia, pues Jay Jay era campeón de Judo, Ninjitsu, Capoeira, Aikido, Karate do, Karate tres, Kun Fu, Jet Kun Do, Kick Boxing y otras clases marciales que ahora mismo se me escapan, pero todas mortales.

La ancianita cayó pero de inmediato se incorporó, esas señoras de los tiempos de antes un lanzamiento así no es problema, pues tiene huesos muy fuertes, Jay Jay corrió hasta ella a gran velocidad y le propinó un gancho tan tremendo que le sacó la chapa volando y las polleras se le voltearon, saliendo disparada por los aires, no contento con eso pues su ofensa aún no había sido vengada, Jay Jay saltó y atrapó a la ancianita en el aire, la tomó por la cintura con su piernas y le hizo un ULTRAHIPERMEGATRONSUPLEX cayendo estrepitosamente contra el suelo haciendo retumbar la ciudad por completo.

– Espero que con eso aprenda. – Le dijo Jay Jay a la malograda ancianita, que se levantaba con ayuda de los transeúntes que vieron el espectáculo, lo bueno es que la ancianita solo sufrió una triple factura en la uña del dedo meñique del pie derecho.

Jay Jay, el héroe, tomó a su cosa o como quieran llamarle, la subió en brazos a su Lamborghini Gallardo, arrancó quemándo llantas mientras que ella lo miraba con ojos de admiración y amor. Juntos se perdieron en el atardecer de ese día.

Jay Jay había cumplido como hombre al defender la honra de su Manatí hermoso…