¡Hagamos volar la imaginación!

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SEGUNDO ASALTO

En pocos minutos de viaje hacia el sur, Marcus diviso a Legión, efectivamente la espada lo guiaba hacia el Demonio.

–  Veo que no vienes con la mujer.

Dijo Legión. Se encontraba en un pequeño barrio de la ciudad y a su alrededor, unas veinte personas asesinadas, las que no poseía por ser estas de espíritu fuerte, las asesinaba deleitándose con la muerte de esos seres humanos, lo cual le provocaba mucho placer.

–  Esta vez nadie te ayudara, prepárate a morir.

Marcus se preguntó que quiso decir con que nadie lo ayudaría esta vez, no le dio la importancia y  atacó propinando un golpe en la quijada, teniendo el mismo resultado que la vez pasada, Legión le devolvió el golpe con tal fuerza que lo dejo aturdido y sin dejarlo caer al suelo completamente, lo tomo por los cabellos y dijo mira quien te siguió, Marcus alzó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Luna que miraba atónita, Luna había seguido el rastro de destrucción que dejó el demonio a su paso, con la esperanza de encontrar a Marcus con el, coincidiendo en la llegada con el Angel, al verla Marcus quiso levantarse pero no tenia fuerzas para moverse estaba indefensa y el no podía hacer nada.

Legión lo soltó y empezó a caminar hacia la ella.

–  ¡Maaaarcuussss!

Gritó asustada.

–  ¡Déjala Demonio quien quieres es a mi!

Gritó Marcus. Que no entendía como Luna esa mujer, había dado con su paradero dos veces seguidas.

La tomo por la garganta y la alzó con una risa malévola dijo:

–  Te estrangularé. Jejejeje

Marcus cerro los ojos, pensó en Luna, no podía dejar morir a alguien que se preocupó por el como hacia siglos no lo hacían, es lo único que tenia en ese mundo que no lo odiaba, era la única que lo quería  y lo aceptaba como era, se acordó que ella siempre estaba ahí para cuidarlo, él, que tenia un gran poder era cuidado por una mujer de escasa edad pero de gran corazón, también se dio cuenta que sentía un gran afecto, sentía cariño era una sensación extraña, sabia que en ella había algo que le recordaba su pasado y que tal vez por eso era el afecto que sentía, por ella estaba haciendo todo esto, aunque ella aún no se percatará de ello y no supiera lo que le esperaba.

No iba a permitir que le quitaran el ser mas preciado para el, primero muerto, ya la habían alejado por mucho tiempo de ella.

Se incorporó no sentía dolor, no sentía miedo solo tenia en su corazón el bienestar de Luna se abalanzó sobre Legión dando un grito de furia propinándole un golpe tan fuerte en la mandíbula, que con el impacto soltó a la joven y salió disparado por el aire.

Por un instante llegó a creer que había llegado un Ángel a defender a su presa y no que había sido el mismo Marcus quien lo golpeó, porque la fuerza utilizada en ese golpe era muy diferente al ataque de Marcus.

Marcus se puso en guardia y miró a Luna cerciorándose que estuviese bien.

No había sacado la espada, pues podía herirla sin querer, en el momento que la mantuvo a una distancia prudente, desenfundó su espada, se apresuró tomando impulso de un golpe, cortó el brazo derecho, Legión tenia la mandíbula fracturada lo cual en vez de grito soltó un gemido atroz, Marcus toco tierra al caer del pequeño salto que hizo, frenó, flexionó las piernas tomando impulso  y se abalanzó hacia su enemigo otra vez, sin tregua, le cortó la cabeza de un solo tajo a la bestia, quien cayó inerte empezando a arder en llamas.

 PREGUNTAS

Luna ayudo a Marcus a caminar luego de ese encuentro tan agotador tanto física como mentalmente, lo ayudó a que se sentara en el suelo, se veía perdido en su mente, sus pensamientos lo llevaron muy lejos, se preguntaba porque había sido enviado a acabar con el mal si el mismo hacia parte de ese mal, porque el Gran Señor dejo que conociese a Luna, y lo mas importante, quien le había salvado la vida en su primer encuentro con Legión, quien era el poseedor de tan esplendorosa luz también se preguntaba

– Eres una estúpida – Reaccionó – Casi te matan por tu necedad, que hacías viniendo  acá. ¡Sabias que era muy peligroso y te dije que no me siguieras!

Con todo lo adolorido y cansado que estaba jamás hubiese adivinado lo que haría luna, una fuerte, veloz y firme bofetada lo golpeó en la mejilla. Sorprendido miró hacia su agresora.

– Estaba muy preocupada por ti, y mira con lo que me sales.

Estaba molesta, y aturdida, no aguantó más y soltó un sollozo abalanzándose a los brazos del herido ser.

Con dificultad ayudó a Marcus a subirse al vehiculo mientras que marchaban escuchaban sirenas aproximarse rápidamente del lado opuesto de su camino, luego en las noticias de la noche hablarían de un extraño acontecimiento que tal vez se debió a una radiación de tipo desconocido en el ambiente que volvía esquizofrenicas a las personas.

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Capitulo VI

DESENCADENANDO DUDAS

 

– Gran Señor, hemos recibido noticias. – Un querubín llegaba sudoroso con cara de preocupación, prosiguió.-  Ángeles han visto entrar a Marcus donde Miguel, y por lo que se escucha, están teniendo una encarnizada batalla.

–  ¿Como es posible?

El Gran Señor enfureció al escuchar semejante barbarie, aunque quedaba señalado que quien venciera a Miguel quedaba libre de pecado, ninguno perteneciente al reino del cielo lo había desafiado, era más un símbolo su derrota, puesto que la lucha era por un poder inimaginable y los Ángeles obedientes no deseaban tal poder.

– Estoy empezando a dudar de Marcus, si asesinó a Miguel quedará claro que sigue siendo el mismo insensato de siempre. Todo Ángel que lo ha desafiado ha sido porque piensa traicionar el reino, ninguno lo ha desafiado para volver con esa espada y ser su sucesor.

– ¿Voy en su ayuda?

El Gran Señor miró de donde provenía aquella voz, era Gabriel el cual se encontraba con una rodilla en tierra en señal de reverencia, ya vestía con su armadura celestial y empuñada firmemente su espada. El querubín entendió que no era su asunto y se marchó dejándolos solos.

–  Sabes que no puedo permitirte hacerlo, Miguel es un orgulloso guerrero y seria una ofensa para él que dudemos de sus capacidades. Espero que todo salga bien. Además Marcus tiene cuentas pendientes con nosotros y no creo que de la noche a la mañana se le olvide, por eso lo envié a la tierra y al lugar en donde cayó.

– Por lo menos envíe a alguien que lo vigile.

– Eso tengo pensado. ¡Oscuridad preséntate ante mí! -Con decir estas palabras un viento helado recorrió la sala de Trono.

– Aquí estoy, soy Oscuridad su fiel sirviente.

Parecía que ese ser hubiese estado todo el tiempo allí, salió detrás de la silla donde se sentaba el Gran Señor.

Vestía completamente de negro, sus piel estaba cubierta por completo con esa ropa al igual que su rostro, parecía serio en sus expresiones faciales dejando ver solo los ojos negros y profundos que daban una extraña sensación, como sino tuviese alma, corpulento, alas de un color azabache, el negro más puro que se pueda encontrar, también el cabello era negro y pareciese que su alma combinaba perfectamente con todo lo demás.

Era un ser temido, despiadado, quien hacia el trabajo sucio del cielo, la séptima plaga de Egipto, era la muerte en persona, había librado más batallas que cualquier Ángel, Arcángel o príncipe en el reino celestial, infierno, o humano conocido.

No se arrodillo, solo quedo al lado del Trono esperando instrucciones, sin inmutarse de la presencia de Gabriel y quizás de la presencia del mismísimo creador.

– Quiero que vigiles a Marcus, si ves que sus acciones amenazan contra el cielo, alguno de nuestros Ángeles o humano, no dudes en matarlo.

La orden fue seca y directa, algo en el parecía disfrutar de esa orden. Sin decir una palabra abrió sus alas y emprendió el vuelo.

¿MORIR O VIVIR HUMILLADO?

La batalla estaba en su punto para culminar, un Marcus agotado por esquivar tantos golpes y un Miguel  deseoso de asestar un mortal golpe.

No pasaban de rasguños y magulladuras pero sus cuerpos estaban al borde de colapsar por el agotamiento.

El espacio era muy reducido y Miguel tenia la ventaja o así lo hacia parecer.

Pero por un segundo Marcus entendió lo que sucedía, el era quien poseía el arma más codiciada de la creación, con ella se crearon leyendas, ¿porque parecía entonces una simple arma? Debía encontrar su fuerza, debía despertar ese poder y debía hacerlo ¡ya!

En un rápido y desesperado intento, corrió pegado a la pared encontrándose su oponente en la mitad del circulo, con la espada fue tumbando las cuatro antorchas que quedaban y en instantes todo quedo sumergido en una oscuridad y un silencio espeso.

Tanto era el silencio que empezó a escuchar un silbido en el oído, los dos sabían que cualquier ruido delataría su posición. Marcus aprovechó la quietud.

–  Has lo que sabes hacer, por favor dime ¿que poder tienes?

Pensaba para sus adentros mientras se colocaba la empuñadura de la espada en la frente.

Poco a poco empezó a sentir una vibración en la espada, extrañado la movió un poco hacia la derecha y sintió como vibraba un poco más.

Lo descubrió en un segundo, la espada estaba señalando el lugar donde su enemigo se encontraba.

Un ruido como el abanicar, lo sacó de su pronta alegría, sintiendo objetos afilados como cuchillos enterrados en varias partes de su cuerpo.

Sin dar tregua a que el dolor lo dominara, avanzó hacia donde la espada le vibraba y cuando sintió que no la podía controlar asestó un fuerte golpe al vacío.

Solo sintió un leve golpe, pero un grito calló el silencio inerte…

Sin saber que hacer pensó en luz y la espada ilumino la caverna, era una espada manejada por los pensamientos y solo los guerreros que se concentraban en sus batallas podían manipularla.

Tardó un poco en acostumbrarse a esa luz, Miguel estaba en el suelo boca arriba y recostado en la pared su expresión era de intenso dolor y detrás de él brotaba la sangre negra y espesa, tenía sus alas completamente desplumadas. En eso Marcus se miró y tenia algunas plumas incrustadas en su cuerpo había recibido un ataque, Miguel se había percatado de su descubrimiento en el manejo de la espada y en un acto de desesperación atacó soltando todas las plumas afiladas e intentando acabar con su enemigo.

–  Por algo fuiste líder de los Siete Caídos te felicito, ahora el tesoro del cielo es tuyo, úsalo con sabiduría.

Sin decir nada Marcus empezó a caminar hacia la salida, su cuerpo aunque con varias heridas ninguna era de gravedad, también no se podía negar la fortaleza de tal guerrero, había luchado hace poco tiempo contra Legión y a pesar de lo maltratado que había quedado, pudo vencer a Miguel, Arcángel y Príncipe del segundo Cielo.

–  ¡Espera!

Lo detuvo Miguel.

–  No voy a asesinarte Miguel. – Respondió adivinando lo que le iba a pedir.

–  Pues lo tendrás que hacer, he perdido mi honor. Déjame morir en manos de un enemigo digno.

–  Mejor vuelve al reino, imagino que te estarán esperando.

–  ¿Humillado? Dame lo único que te pido, no te puedes negar.

En un acto que solo los que entienden de honor lo aprobarían, Marcus se acercó a Miguel alzó la espada y de un golpe le atravesó el corazón convirtiéndose en una inmensa llamarada el angelical cuerpo, así terminó la vida del gran guerrero ya que la forma de morir de un Demonio o un Ángel es consumirse en llamas, con esto desaparece su existencia y no hay regreso ni al infierno ni al cielo es la muerte absoluta para ellos.

IMPRUDENCIA CELESTIAL

Marcus salió de aquella cueva tan oscura y lúgubre encontrándose con un golpe de sol, era de mañana siendo casi las nueve.

– No puedo creer que haya demorado tanto en la pelea. – Pensó.

Una brisa fría, que erizó los vellos de aquel guerrero lo alertó. Aún recordaba la primera vez que la sintió y su mente se llenó de odiosos recuerdos. El paisaje era hermoso con verde pasto, rodeado de colinas y árboles frondosos, una brisa fresca soplada refrescando el lugar, pero algo no encajaba.

– Veo que el cielo duda de mí. Sé que estás ahí Oscuridad, todavía sigues haciendo el trabajo sucio, debes sentir mucha alegría.

–  Pero si es el famoso demonio, parece que hubiese sido ayer nuestro encuentro.

En la batalla de los Siete Caídos, hubo un encuentro entre estos dos seres, y de sus oponentes cada uno tenía vivo al otro. A la vez eran asesinos y sobrevivientes. Ninguno antes había escapado de la espada de Oscuridad y ninguno antes había escapado de las garras de Marcus.

–  A mi parecer eso lo tenemos pendiente.

–  Pero si llegas a ser perdonado no creo que eso se pueda. – Replicó Oscuridad.

–  ¡En el bando que sea tu fuiste, eres y serás mi enemigo desgraciado!

Ante tal frase Oscuridad cambió la expresión de su mirada en una más siniestra de inmediato desenfundó su espada e igual le siguió Marcus.

–   Acabemos esto de una vez. – dijo Oscuridad.

–   Cambiaría mil cielos solo por verte morir en mis manos.- Retó Marcus.

–    ¡Alto! – Un Serafín había sido enviado para asegurarse de que todo marchara bien, alcanzó a llegar a tiempo.

–    He venido para traerles un mensaje del Gran Señor. Les recuerda que ahora pertenecen a un mismo lugar y quien lo desobedezca pagará las consecuencias.

Los dos guerreros guardaron sus espadas.

–    Será en otra ocasión Oscuridad pero de que la habrá la habrá.

En su interior Marcus despertó emociones en contra del cielo que parecían haber estado guardadas esperando el momento para salir.

No se sentía a gusto intentando volver a un lugar que le había quitado todo, pero tampoco quería volver al lugar que se lo había intentado quitar otra vez. Entre el cielo y el infierno había elegido el cielo pues pensaba que allí eran enterados todos de las decisiones que se tomaban pero por lo que había ocurrido no estaba ya tan seguro de eso, empezó a dudar si en verdad quería volver al reino celestial.

Dejó que sus pensamientos cesaran por un momento y se concentró en el demonio a quien debía acabar, Alzó el vuelo.

–    ¿Que sucede?

Sintió una vibración en la espada, la desenfundó y vio que vibraba y con el movimiento de esta, vibraba aun más si la apuntaba hacia el sur. Enseguida se dirigió a esa dirección.


Capitulo V… Empieza la acción.

LEGION

Un rugido que se escuchó a varios kilómetros, un rechinar de llantas, un estrepitoso ruido al chocar el vehiculo, varios golpes sobre el metal, el grito de una mujer que se detiene súbitamente, un segundo de silencio, y un rugido pero esta vez parecía el grito de un bestia herida, luego… todo vuelve a quedar en silencio.

–   ¡Mamá!

Otra vez sobresaltada en su cama, Luna se incorporó, su cuerpo estaba bañado en sudor como todas las noches por culpa de ese sueño recurrente. Se acercó para ver mejor el reloj que estaba en la pared, ya era poco más de las dos y media de la madrugada.

–   ¿Es que acaso este sueño no me va a dejar de atormentar?

Salió de su cuarto y bajo por las escaleras, la noche estaba clara como la anterior, cruzó la sala y echó un rápido vistazo hacia el cuarto de Marcus, solo vio la puerta cerrada. Se dirigía hacia la cocina para tomar un poco de agua, encendió la luz y de inmediato tuvo que ahogar un grito de terror.

–   ¿Te asuste?

Marcus se encontraba sentado en la mesa y en su mano reposaba un vaso con agua medio vacío.

–    Si, casi me matas de un susto, ¿dime, no puedes dormir?

–    No, tenía que aclarar mis pensamientos.

Luna se había olvidado del vaso de agua, ahora apreciaba un poco más la forma de Marcus, este llevaba puesto la parte inferior de un pijama, Luna se dio cuenta que tenia una pequeña cicatriz en el hombro izquierdo, se veía que había sido profunda.

–  ¿Y que te pasó allí? – Señalando a la cicatriz.

–  Uno de mis encuentros más mortales.

– ¿Acaso eres soldado?

-Si, algo así.

-¿Ósea que esta herida es reciente?

– Exactamente.

– Dime la verdad, no te quise preguntar sobre esas alas, ¿en verdad que eres?

– Un Ángel. – al decir esto se volteó para ver su expresión, pero más sorprendido quedó el cuando ella no se inmutó con lo que le dijo.

– ¿Por qué si el cielo es tan bello como se dice, hay Ángeles como tu que renuncian a él?

De todas las preguntas esa ni el mismo se la había hecho, y parecía que ella conocía del tema, sabia que era un caído y esto lo llevó a hacerse más preguntas. ¿Será que parte de su ser sabe quien soy? Se apresuró a contestar.

– Es que el cielo no es perfecto, como todo.

Esa respuesta si que no se la esperaba Luna.

– Pero si renunciaste a él, ¿eres un demonio?

-Fui uno, pero ya no, quiero regresar al cielo.

-¿Entonces porque te quieres regresar?

– Pues porque me aburrí del infierno. – quedo pensativo un momento y luego se levantó de la silla – Mejor vete a dormir, dentro de poco me tengo que preparar para partir.

– ¡Espera!  Lo detuvo.

-¿Porque me llamaste Eleczabeth? Marcus se tensionó al escuchar ese nombre.

–  Es una muy larga historia, te lo contaré en otra ocasión. – Habló sin siquiera voltearse a mirar, luego de esto prosiguió su camino.

Al despuntar el sol Marcus sentía que había recobrado toda su fuerza, aunque le preocupaban sus alas estaba haciendo algunos ensayos de vuelo y veía que aunque estaban muy maltrechas podía volar a gran velocidad, como el lugar era apartado no tenia problemas en temer que alguien extraño lo viera.

De pronto una sensación de escalofríos rodeo su cuerpo,  en el mismo instante Luna aparecía en la puerta del patio con una taza de café.

– Quédate aquí y no salgas. La miraba con los ojos abiertos en su totalidad.

-¿A dónde vas?

– El cielo pide que luche en contra del mal, para aceptarme de nuevo.

– ¿Ya empezó?

-Le pregunto Luna como sabiendo lo que sucedía.

– No lo sé.

Marcus emprendió el vuelo dirigiéndose hacia el lugar que le indicaban sus instintos, un guerrero siempre sigue sus instintos, es el sentido que puede salvarle la vida en cualquier situación.

Luna no se iba a quedar con las ganas de saber que sucedería, subió rápidamente al segundo piso, se cambio de ropa colocándose unos jeans y una blusa lo más rápido que pudo y salió corriendo rumbo hacia el garaje.

– Maldición. Dijo en voz alta. Se devolvió corriendo, hurgó en su bolso y sacó unas llaves, se dio media vuelta apresurándose a no perder al Ángel de vista. El no saber donde ubicarlo si era Ángel o Demonio decidió que fuera Ángel, tal vez porque en el fondo quería que fuera así.

Cuando Marcus llegó al lugar, se encontró con un paisaje escalofriante para muchos, para el una visión mas de las que había visto estando en el infierno, estaba en el sur de la ciudad donde vivían a unos cinco kilómetros de la casa de Luna. Miles de personas caminaban como zombies, los ojos completamente perdidos dejándoles ver la parte blanca únicamente y sus gestos mostraban la ira que los consumía. Miró hacia el lugar de donde provenían aquellos seres poseídos, no tardó en divisar la causa, era una figura de tres metros. Apartando a cientos de personas llego hasta ella, era una monstruosidad con brazos gruesos, dientes afilados, no tenia piel sino la carne viva, ojos completamente rojos y una sonrisa dibujada siempre en su rostro, era de contextura gruesa, todo en el reflejaba maldad.

– ¿Quien eres? Preguntó Marcus.

–  Nos llamamos Legión porque somos muchos, líder del séptimo infierno y vamos poseyendo a quien se nos acerque, tu debes ser Marcus quien ha venido a acabarnos. ¡Jajajajajaja!. He venido por ti.

Sin decir más se abalanzó sobre Marcus, lo abrazó dejándolo casi sin respiración, luego lo lanzó hacia los edificios que se encontraban cerca reventándolo fuertemente contra ellos mientras le caían encima una hilera de escombros y polvo.

Marcus incorporándose rápidamente se lanzó en forma vertical hacia aquel demonio, propinándole un fuerte golpe con el puño cerrado en la quijada, el golpe se escuchó como un trueno pero lo único que hizo fue que soltara una pequeña risa casi imperceptible volviendo el rostro a su lugar.

– ¿Esa es toda tu fuerza o es solo un calentamiento?

Se mofó, esto no le hizo mucha gracia a Marcus quien sentía un fuerte dolor en la mano derecha la cual había dado con sus nudillos en el rostro de eso que no era cosa ni nada.

– Es muy fuerte.

Dijo para sus adentros. Sin tiempo de pensar, una horda de zombis lo prensó, si bien es sabido cuando un humano es poseído su fuerza aumenta considerablemente, por ello no pudo soltarse antes que Legión, mientras dejaba escapar una risa macabra, le propinase un golpe parecido al que él le había dado, claro parecido en técnica porque en fuerza fue mucho peor.

Marcus soltó una bocanada de sangre y cayo arrastrándose varios metros, intento incorporarse pero sus piernas no le dieron para levantarse. Estaba perdido.

Teniendo el ojo derecho muy inflamado por el golpe tan atroz que acababa de recibir, vio cuando esa bestia se irguió dándole un aspecto mas fuerte y aterradora y  tomando esta un impulso, corrió sobre el, alzó su brazo para darle el golpe final y una luz muy fuerte tan blanca como las sagradas vestiduras de los santos cegó a Marcus y todo quedo en oscuridad absoluta.

MIGUEL 

Marcus se despertó estaba su cabeza en las piernas de Luna mientras esta le acariciaba su larga cabellera.

–  ¿Que sucedió?

–  ¡El monstruo huyo!

Contestó Luna.

–  ¿Hacia donde?

Señalando hacia un punto entre calles, Luna dijo.

–  Por ahí.

Marcus se incorporó aunque su cara expresó dolor, no se quejó, no podía ver bien por su ojo inflamado pero de todas formas se apresuró a ir detrás de Legión. Al intentar incorporarse cayó de rodillas y la joven tuvo que hacer fuerza para que ese corpulento ser no se le escapara de los brazos.

–  Estas muy herido, ese demonio te puede matar, vamos ven conmigo, el carro  lo deje cerca.

–  ¿Que sucedió? ¿que fue esa luz?

–  ¿Cual luz?, no lo se, cuando llegue el monstruo estaba corriendo asustado.

Alzó un poco la mirada para ver el rostro de Luna que caminaba asustada, pero no parecía que fuera por el Demonio, estaba perdida en sus pensamientos y hacía las cosas mecánicamente, por instinto de supervivencia algo había visto ella que no le quiso decir.

Llegaron pronto a la casa, Luna lo bajo del carro mientras le gritaba al empleado quien vino al auxilio de inmediato. Lo llevaron hasta su cuarto acostándolo rápidamente, estaba semiconsciente por el golpe tan fuerte que había recibido.

–  Estas hecho una mierda Marcus. –Decía para sus adentros. – Mira dos humanos, débiles e indefensos cuidan de ti, lo han hecho desde que llegaste.

–  ¡Suéltenme! – Gritó mientras se levantaba de nuevo.- Hay un demonio queriendo destruir la ciudad y no me voy a quedar acostado, soy un guerrero debo detenerlo.

Diciendo esto salió al patio, extendió sus alas, echándole una rápida mirada a Luna le dijo.

–  Te agradezco lo que has hecho por mí, pero tengo que ir a ver a un viejo enemigo. Creo saber como matar a ese demonio y una cosa más, no vuelvas a seguirme es muy peligroso.

Sin tiempo de que Luna hiciese preguntas necias, alzó el vuelo pero la dirección no era donde se encontraba Legión.

En un vuelo a gran velocidad llevaba horas buscando su objetivo, divisó un lugar apartado y sin nada que lo diferenciara de los demás lugares en la tierra, cambio de rumbo hacia la tierra sin disminuir la velocidad, solo lo hizo cuando estuvo a un metro del suelo aterrizando suavemente en frente de una cueva  apartada de toda civilización.

Marcus se adentro sin tantos miramientos en el interior de esta, a medida que iba caminando el suelo se tornaba color grisáceo, era un lugar oscuro y poco a poco se iba perdiendo la luz, estaba húmeda y mal oliente.

–  Que lugar tan lúgubre, ni siquiera un demonio aguantaría estar aquí, hay cosas que aun no entiendo de su actitud. – Sus pensamientos se hacían más profundos a medida que se adentraba.

Un tiempo después entre quince o veinte minutos, una luz empezaba a distinguirse y el suelo mas ligero haciéndolo hundirse casi hasta las rodillas. Llegó hasta el final de la cueva y entro al lugar donde provenía la luz. Se sintió mejor puesto que llegó a un lugar despejado de esa cosa gris. Se sacudió un poco y mientras lo hacia sintió que alguien estaba con el.

–  Muestra mas respeto. Eso que sacudes tan violentamente son las cenizas de muchos Ángeles y Demonios.

Marcus alzó la vista y ahí estaba. El Arcángel príncipe del segundo cielo, alto, piel blanca y arrugada, mostraba un estado de vejez avanzada con su cabello cano y cuerpo escuálido con costillas prominentes. No quedaba ni la sombra del majestuoso guerrero.

–  Miguel, años sin verte.

–  Pues son bastantes, ¿cuantos cien? ¿Doscientos?

–  Tres mil, tienes tres mil años de estar aquí.

–  Como pasa el tiempo. – El Arcángel mostraba su sorpresa en esos profundos ojos azules.

–  Dime una cosa Miguel, no entiendo lo de las cenizas.

–  Son  todas las almas que vinieron por la gloria y el poder, por lo mismo que tú viniste.

–  No quiero pelear contra ti. Te vencería en un instante mira lo acabado que estas por andar metido en esta cueva.

–  Que las apariencias no te engañen Marcus, que no te engañen.

–  Tu mismo dejaste bien claro que quien te maté tendrá derecho a tomar el tesoro del cielo y no ser juzgado por tu asesinato.

–  Tienes toda la razón pero ten en cuenta que llevo tres mil años y no me han hecho más que leves rasguños.

–  Eso es porque no te has enfrentado jamás a mí. – Tenía un dejo de confianza en su mirada, había llegado hasta aquí y no pensaba irse con las manos vacías.

Miguel extendió sus majestuosas alas, las cuales todavía estaban conservadas y puras, para él era vital mantenerlas en buen estado.

El lugar que los rodeaba era un círculo de veinte metros de diámetro perfecto en su totalidad, lo único que lo deformaba era la abertura por donde había entrado, lo iluminaba cinco antorchas con un fuego azul y en línea recta con la entrada en el otro extremo se encontraba una espada muy brillante con unas palabras escritas, no tenia que acercarse para saber que decían esas palabras. “El tesoro del cielo, úsese con justicia”. Ese era su premio, por ella venia.

Miguel le dio la espalda y tomó la espada, a su lado se encontraba la funda de ella, no la guardaba allí solo para decorar su triste cueva.

Dio un giro de ciento ochenta grados mientras abanicaba la espada, una fuerte brisa pegó contra Marcus el cual no se inmuto. Había sido una forma de intimidación de parte del Ángel para evitar la pelea. Pero Marcus solo pensaba o irse con la espada o convertirse en parte de la alfombra gris que cubría la entrada.

–  Empecemos, debo rezar luego por tu alma. Se burló Miguel.

Diciendo esto flexionó un poco las piernas y se impulsó intentando atravesar el pecho de Marcus, este alcanzó pobremente a esquivar hacia un lado el golpe recibiendo la primera herida en el hombro derecho, esa arma era tan fuerte que le dejó una herida pequeña pero dolorosa.

Aprovechando el impulso del Ángel al fallar su objetivo lo golpeó en la espalda haciéndolo estrellarse de frente contra las paredes de la cueva. Acto seguido corrió hasta él y le dio otro golpe en la espalda el cual fue muy fuerte puesto que no amortiguo el golpe por la pared que lo aprisionaba.

Miguel gritó con los dientes apretados lanzando un golpe con la espada mientras giraba hacia su enemigo, pero este adelantándose a su movimiento estaba del otro lado tomando una de las antorchas y acto seguido se la lanzó dejándolo por un momento ciego, momento que aprovechó bastante bien, con una fuerte patada le arrancó la espada de las manos quedando esta a pocos metros de ellos.

Se abalanzaron por la espada, los dos cayeron al suelo tocándola con la punta de los dedos, esta rodó un poco más, viendo la imposibilidad de no poder tenerla hasta alejar a su enemigo empezaron a forcejear el en suelo. Miguel batió sus alas lográndose impulsar un poco hacia atrás pero Marcus le propino un golpe con la pierna haciéndolo perder el equilibrio y cayendo sin control al otro extremo.

En ese momento Marcus corrió y recogió la espada,  sintió una extraña fuerza que lo invadía en el segundo de tener contacto con ella.

– Ya tengo la espada, no te muevas Miguel o te atravesaré, no tienes oportunidad ante mí.

– Vaya, me has dejado sorprendido no creí que llegaras tan lejos, muy pocos han logrado arrebatarme la espada.

– ¿Muy pocos? – Estaba extrañado, ¿Si le habían quitado la espada porque no se la habían llevado?

– ¿Crees que has ganado? ahora viene la verdadera prueba. Si en verdad mereces el tesoro del cielo, deberás derrotarme con ella.

Diciendo esto, se llevó sus manos a la espalda.

– Que va a coger, no tiene nada en la espalda. – pensó Marcus.

Enseguida se dio cuenta lo equivocado que estaba.

Miguel se llevó las manos hacia los extremos de sus alas, en la parte donde estas empiezan a unirse con el cuerpo las agarró firmemente y tiró con todas sus fuerzas, soltando un grito de dolor mientras estas se desprendían del cuerpo. Quedó con ellas en las manos ensangrentadas y su espalda se le cerró las heridas casi de inmediato.

– Pocas veces he tenido que recurrir a esto. ¡Prepárate para morir Marcus!

Su mirada había cambiado, el dolor que sintió lo llenaba de ira.

Marcus entendió su estrategia, Miguel convertía sus alas en poderosas armas.

Miguel atacó sin dar tregua a Marcus de reponerse de su asombro, solo por centímetros logró escapar al ataque, las dos alas chocaron contra el suelo quedando él en medio de ellas, había logrado dar un giro de noventa grados y quedado de perfil. Rápidamente con el codo asestó un fuerte Golpe en la cara de su adversario, dejándolo desubicado por un segundo el cual aprovechó para alargar la distancia entre ellos.

Pero Miguel enseguida que lo ubicó se lanzó nuevamente al ataque esta vez girando sobre su mismo eje, con una técnica la cual combinaba un feroz ataque y una poderosa defensa ya que no le daba espacio a su enemigo de atacar y el bloquear su ataque seria en vano.


Capitulo IV

¿Un Ángel?

Marcus despertó sobresaltado, dio una ligera mirada al lugar, para su sorpresa se encontraba descansando en una suave cama, tenia un paño con agua en su frente, al lado estaba un recipiente con agua tibia, tal vez era para mojar el paño, se encontraba desnudo, solo una sabana le cubría el cuerpo.

Un rostro familiar se asomó desde la puerta y de inmediato salió corriendo, alcanzó a escuchar cuando gritaba, tío ven que ya despertó.

–  ¿Donde estoy?

Se preguntó mentalmente, no creía buena idea que los humanos se dieran cuenta de su existencia, y aquella mujer, tenia un parecido sorprendente a Eleczabeth. Añoraba ese rostro, así hubiesen pasado más de mil años – no puede ser coincidencia- se dijo pero una voz varonil lo saco de sus pensamientos.

–  Buenos días caballero, sé que tiene algunas preguntas como nosotros muchas más. – Hablaba con cierto nerviosismo.- Mi nombre es Efraín y usted está en mi hogar, es un lugar muy seguro así que no se preocupe.

–   ¿Que me sucedió?

–   No sé caballero, lo encontramos en las cercanías de nuestro hogar, estaba inconciente y parecía herido de gravedad. Pero aún no me ha dicho su nombre.

–    M…Marcus.

Respondió con cierto titubeo, no le parecía correcto empezar a involucrarse con humanos.

–  No debe tener ninguna desconfianza amigo, usted esta con personas buenas.

Esa frase le pareció tan absurda, para Marcus el ser humano le parecía el ser mas malvado que pudiese existir.

–  Gracias.

Alcanzó solo a decir.

–  ¿Quiere que llame a un doctor?

–  No se preocupe por mi no tengo nada, gracias por su preocupación.

–  Que bueno escuchar eso.

–  Vine a ver que estuviese bien, lastimosamente debo salir por un par de días y no podré estar con usted, no se preocupe quedará en buenas manos.

Efraín no estaba muy de acuerdo con esa decisión y se sentía tonto al dejarse convencer de su sobrina.

El viaje que tenía era muy importante, estaba a punto de hacer el negocio que sacaría de una inminente quiebra el negocio de la familia y era vital para ellos el no faltar a esa cita.

–  No te preocupes tío, no creo que este tipo vaya a poder conmigo.

Se acordó de las palabras de su sobrina, pero la idea de dejarla sola con un total desconocido, que parecía un Ángel por sus alas, o mas bien un loco. La única condición era que el dejaría un empleado que la acompañara.

Rato después de la corta conversación, se subió a la camioneta un poco preocupado. Y se alejó, su sobrina y su empleado lo habían despedido en la entrada y se perdían poco a poco en el horizonte.

–  Y tantas preguntas que tenia que hacerle, ¡ah! -Se lamentó.

Marcus intentó bajarse de la cama, parecía que le pesaba el cuerpo, tenia unos cuantos años que no se materializaba y esa sensación siempre era rara en un principio. Puso los pies en el suelo y poco a poco se incorporó, sentía un alivio al sentirse mas independiente y dueño de su cuerpo.

Salió del cuarto, sorprendido del la espaciosa sala que tenia al frente de su cuarto, caminó un poco, quiso salir de esa casa lo mas pronto posible para empezar con su misión, pero una sensación de debilidad le hizo postergar su decisión. Camino un poco y salió a un precioso jardín que quedaba a las afueras del patio, una brisa suave recorrió su cuerpo, el olor dulce de las flores llegaron a su olfato, una sensación de tranquilidad lo invadía, esa era una de las cosas mas preciadas que un demonio podía obtener porque en el infierno una de las cosas que mas escasean es la tranquilidad.

– No recuerdo cuando fue la última vez que me detuve a ver la belleza de tu creación. – Lo dijo mirando hacia el cielo.

–  Con que aquí estas.

Una voz le acababa de hablar a sus espaldas, giró bruscamente encontrándose con lo único que recordaba de su caída, el rostro de Eleczabeth.

–   Pensé que te habías ido. Mucho gusto mi nombre es Luna. – Diciendo esto le estiro la mano en un intento de estrecharla.

El se quedo mirando como si no supiera como responder, ella al intuirlo bajo inmediatamente la mano.

– Marcus. – Se presentó en un tono seco.

Se quedaron mirando uno al otro por un segundo, Marcus aun llevaba las sabanas envuelta en su cuerpo.

– Tengo ropa que creo que te quedaría muy bien. Pero antes me gustaría que me respondieras ciertas preguntas que como entenderás son lógicas por como te encontramos.

–    No me molesta, ¿que quieres saber?

– ¿Eres un Ángel?

-Esa pregunta es demasiado para un humano, está muy lejos de su comprensión. Pero te la responderé en consideración a la ayuda que me has dado.

Se dio la vuelta para seguir mirando el hermoso jardín, aunque su intención era la de no demostrar la curiosidad que sentía por el rostro de la joven.

– No, no soy un Ángel. Por favor no me preguntes nada más.

Su tono hizo ruborizar a la joven la cual entendió su impertinencia en asuntos que no le importaba.


Capitulo III

CAER POR SEGUNDA VEZ

-Caer, no siento nada, en una sensación de no existir, una sensación de abandono, no puedes controlar tu cuerpo. Caer es una sensación triste saber que te han expulsado y no tener a nadie, se siente un gran silencio una soledad inmensa y eterna.

El viento rozaba con fiereza el rostro de Marcus a medida que tomaba conciencia de su cercanía con el suelo, su cuerpo por el roce de la fricción con el aire se envolvió en fuego, su fuerte cuerpo lo soportaba.

En el firmamento, solo se veía el paso de una estrella fugaz para aquellos que no entendían su significado pero para el infierno y el cielo era el inicio de una nueva batalla, un Ángel estaba cayendo hacia la tierra, una muy mala señal.

Esa noche,  se escuchó un estruendo seguido de un quejido despertando a los pájaros que dormían en las cercanías del bosque, quienes formaron un alboroto durante unos minutos, Marcus se incorporo, dio unos pasos y se fue de bruces quedando inconsciente, se encontraba totalmente desnudo, lo peor, solo con los enemigos al acecho.

LUNA 

Era una noche oscura, la niebla hacia que el conducir se hiciera más lento para Eduardo, iba en su carro ultimo modelo con su esposa a su lado, en el asiento trasero bien asegurada viajaba la niña de escasos diez años de edad, tenia las luces exploradoras encendidas, esa noche la niebla estaba más espesa que de costumbre.

–  ¿Mi amor que es eso? Le preguntó su esposa.

Apenas realizó la pregunta, unos ojos rojos brillaron ante las luces, un feroz rugido se escuchó, un grito de pánico de la esposa, al instante que se oía el rechinar de llantas y un estruendo…

– ¡Mamá!

Luna se despertó sobresaltada, sudando y con ganas de llorar, siempre tenía esa pesadilla, el recuerdo de ese día no dejaba de atormentarla.

-¿Porque esta pesadilla, porque ese recuerdo, será la sed de venganza, el odio hacia esa criatura que nos atacó?

Eran preguntas sin respuestas, aunque la policía atribuyó ese accidente al ataque de un oso, no se explicaban que animal podría ser tan fuerte como para destrozar un vehículo así, además, no se explicaban como la niña sobrevivió al ataque y tampoco porque parecía que hubiese habido un incendio si el carro no había botado el combustible.

Ella quedó siendo heredera de una adinerada familia y su tío por parte de padre fue quien la crió, haciéndose cargo de ella y la fortuna, un hombre correcto que supo administrarla bien, su casa tenía estilo español a la antigua, con adornos y cuadros que hacían referencia a aquella época, con  un segundo piso en el cual solo estaba el cuarto de Luna, amplio, sin televisor o algún aparato innovador, solo era su hermoso cuarto con adornos muy caros de artesanos famosos, su cama  amplia con sabanas blancas, y una mosquitera que hacia juego con estas.

Era una mujer de veinticinco años de edad, piel blanca, cabello negro ondulado, unos ojos miel que hacían que cualquiera mirara un poco más de lo normal su rostro, cuerpo  fino y voluptuoso, reflejaba una belleza inocente culpable de numerosos pretendientes pero como su tío le decía debía cuidarse de los buscadores del dinero, por eso era precavida en todo  lo referente al amor, parecía que esperaba a alguien, como ella decía su príncipe azul.

Se levantó de la cama acercándose a la ventana que abrió de par en par intentando tomar aire para volver a dormir, la luz de la luna atravesaba su camisón transparente dibujando una hermosa sombra en el piso con  tal delicadeza que parecía hacerlo a propósito. A lo lejos divisó una ancha columna de humo, y en ella gracias a la claridad de la luna pudo ver que había un cráter. Intentando mirar más se inclinó pero estaba muy lejos para saber con certeza de lo que se trataba.

– No soñé el ruido, fue de verdad. –Dijo para sus adentros.

El señor Efraín se levantaba un poco molesto, tenía una reunión muy importante y su curiosa sobrina lo levantaba gritando para que fueran a ver una estúpida roca que había caído a un kilómetro de la casa, esta se encontraba alejada de la ciudad para mayor tranquilidad. Tomó una linterna y un poco somnoliento se dirigió al auto, insertó la llave, presionó varias veces el acelerador y lo encendió, el ronroneo de la camioneta terminó de asesinar el silencio que mantenía tranquilo a ese señor de cincuenta y cinco años.

–  Niña que curiosidad llevas, algún día te va a acarrear problemas.

Los ojos de Luna brillaban como una verdadera niña dirigiéndose hacia un parque de diversiones.

–  Te juro tío que vi algo en ese cráter, parecía una persona.

–  Lo único que me preocupa de tu historia es que sea verdad y la dichosa piedra le haya caído a alguien en la cabeza.

Aunque era un tipo gruñón ella sabia que en el fondo el también tenia curiosidad de ver de cerca lo que había caído.

Llegaron en menos de cinco minutos al lugar, la hermosa joven se bajo sin dejar que el vehiculo se detuviese totalmente corriendo hacia el lugar del impacto, el humo era muy espeso, y el polvo en el aire levantado no se había disipado aún, Luna tosió y tuvo que taparse la boca para poder respirar, su tío apenas se bajaba del vehículo mientras que sacaba un pañuelo para protegerse. Se acercó un poco más y vio que su sobrina estaba temblorosa, sin dar crédito a lo que sus ojos veían.

Marcus abrió sus ojos en ese momento, y se encontró con una mirada hermosa que lo observaba.

– Eleczabeth. – Alcanzó a decir antes de caer otra vez inconciente.


Capitulo II

REGRESO DEL TRAIDOR

El salón del cielo rompió su eterno silencio en un eco que se perdía en el infinito a causa del murmullo de miles de voces, eran Ángeles que discutían entre sí, había una conmoción, una rabia colectiva al saber que ese día se llevaría a cabo una audición en contra de alguien que fue uno de ellos pero que dejo oscurecer su corazón por ansias de poder.

-¡SILENCIO! Debemos dejar que hable para saber que quiere.

Hablo el Gran Señor y todos enmudecieron volviendo el salón a su silencio habitual.

Con pasos pequeños pero firmes el  traidor se acercó, su aspecto era de un hombre de más de treinta años, cabello negro, media metro ochenta, piel trigueña, llevaba el pecho desnudo con pantalón y botas negras, de su espalda emergían dos majestuosas alas, a diferencia de las blancas y puras que poseen los Ángeles estas eran negras, símbolo de su expulsión, símbolo de un demonio, se acercó y arrodillándose ante él dijo.

-Vengo a pedir tu perdón, ¡Oh! Gran Señor.

En el  salón con sus pisos de oro, su reluciente sillón de marfil y plata, sus paredes tan blancas como la conciencia de un niño, y su magnificencia ante cualquier construcción universal, se había escuchado tal cosa por primera vez, desde que fueron creados sus Ángeles. El  traidor se irguió y dio pequeño paso que retumbo en un eco largo y silencioso todos estaban estupefactos.

-Y crees que es así de sencillo, no naciste humano con defectos, naciste Ángel, fuiste un ser perfecto teniendo todo conocimiento del bien y el mal, tu decidiste tu destino, tu escogiste la muerte.

Apretando los puños al escuchar tales palabras interrumpió.

-Soy una creación tuya y se que tengo derecho de arrepentirme y tu que perdonaste a humanos ¿porque a mi no que soy mas cercano a ti?

– ¡Como te atreves a hablarle así a tu creador!

Interrumpió Gabriel, el Arcángel Príncipe del Octavo cielo. Dicho esto sacó su espada que llevaba siempre en su espalda, dentro de una hermosa funda elaborada por Ángeles y prosiguió ahora dirigiéndose al Gran Señor.

–  Déjame acabar con esta bestia, es nuestro enemigo, acabó el solo con tantos Ángeles, déjame acabar ahora mismo con el.

–  ¡Cálmate Gabriel!

Con atronadora voz el Gran Señor reprendió al Arcángel. Luego con voz más pausada prosiguió.

-Le he dado mi palabra de escucharlo, además le aseguré que su vida seria respetada. – Prosiguió mirando fijamente a su hijo pues aunque demonio era hijo de él, el lo había creado y por ello seguía siendo su hijo.

–         Sabes que eres de los enemigos más despiadados y que haz sido pieza clave en la batalla de los siete caídos. ¿Cómo osas venir así nada más a pedir semejante cosa? No eres humano que nació del pecado y con la maldad en la sangre eres un Ángel y manchaste con sangre ese rango celestial.

–   Todos tenemos derecho a cometer errores, además tu haz cometido los tuyos y no has pagado por ello.

–    ¡Como te atreves a juzgarme!

Tantos siglos habían pasado que el Gran Señor no se levantaba de su trono, pero en ese momento se levanto iracundo. Los Ángeles que presenciaban ese encuentro no daban crédito a lo que sus oídos habían escuchado.

–  No te alteres, – Se apresuró el traidor a decirle- vengo en paz, y así quiero irme.

Preocupado el traidor no sabia como salir de ese ataque tan directo al orgullo, había llegado donde sus enemigos en paz y contrariado sacado de sus casillas al Gran Señor.

-Tus razones son buenas pero se nota que no has estado aquí por mucho tiempo para entender del todo, ha sido tu osadía, tu ambición la que te metió en esto, no yo. El Gran Señor caminó hacia el y siguió diciendo.

Si en verdad quieres regresar debes probar tu lealtad y sobre todo tu corazón para ser digno de esto.

-Que dice el consejo en su sabiduría.

El gran señor preguntó.

Gabriel guardando su sagrada espada dijo.

–  Infinita es tu sabiduría y no podemos contrariarte si dices que una prueba es lo que necesita para volver a ser un ángel pues así será.

El gran señor dijo

–  Se que nada es imposible, pero eres aun un demonio si en verdad quieres volver a ser uno de nosotros no te será fácil el camino. Para nadie es un secreto que se está planeando algo muy maligno para el mundo terrenal, ya Satanás a reunido a sus Ángeles Caídos y se disponen  acabar con todo lo que tiene vida, si en verdad deseas tanto la redención, Ve y lucha contra ellos. Solo si tu corazón esta verdaderamente convencido que no tomarás el camino del mal vencerás, sino, tu ser desaparecerá ante la mano de alguno de ellos y nadie podrá hacer nada por ti.

– Acepto con tal de tener tu perdón.

El traidor dejó escapar una leve sonrisa casi imperceptible en su rostro. Parecía como si su plan estuviese funcionando.

–  ¡Esta bien, esta es mi condición! – El gran Señor empezó a dictar su sentencia- No serás humano pero vivirás como tal, no serás demonio pero estarás condenado como tal y tampoco serás Ángel pero lucharas contra el mal como uno de ellos. ¡He dicho!

– Escuchaste bien  traidor, le pregunto Gabriel el gran guerrero.

– Escuché bien – Se acercó un poco donde estaba sentado el Arcángel, luego con voz clara y firme le dijo – Y mi nombre es Marcus.

Acabado de decir esto, una extraña fuerza lo elevó y ante sus ojos el cielo desapareció.


Capitulo I

COMIENZO DEL FINAL 

Rasgando el aire, empuñando la filosa espada,  dando así comienzo a la feroz batalla, se encontraba frente a su destino. En su mirada resplandecía el fuego inextinguible de la voluntad dispuesto a vencer a cualquier costo.

Empuño más fuerte la espada, vaciló por un segundo pero se recuperó de inmediato abalanzándose contra su enemigo mientras soltaba un feroz grito de guerra.

Su rival era el mismísimo Satanás.