¡Hagamos volar la imaginación!

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Capitulo II

Caí al agua, como era de esperarse el impacto contra el agua y el frío de esta hizo que me sobreviniera un terrible dolor, el peor que jamás había experimentado, las turbulentas aguas no dejaban ver nada, algo me jaló, ¿un tronco? ¿Piedras? ¿La muerte?

Mi respiración no la pude aguantar, era mi bocanada final, luego se llenaría de agua helada mis pulmones y mi existencia acabaría en milésimas de segundos.

Respiré hondo, lo más hondo que pude, esperando que fuese rápido.

Fue una bocanada enorme de aire puro, el dolor en mis pulmones fue insoportable y el shock de todo lo que había pasado hizo que mi cuerpo flaqueara, luego todo fue oscuro…

Abro poco a poco los ojos, lo primero que veo es al hombre que poco antes me apuntaba con un arma sentado en una silla a mi lado.

–  En verdad estás loca, sabía que ibas a saltar, pero jamás imaginé que lo harías conmigo.

–  ¿Qué sucedió?

Nada, solo que te salvé la vida.

–  ¿Por qué? ¿Quién eres?

–  Las preguntas te las contestaré más adelante.

Me levanté, me di cuenta que no tenía la ropa mojada, antes llevaba unos jeans azules, por el contrario ahora tenía puesto un vestido negro.

– No podía dejarte con esas ropas, tuve que controlar la hipotermia.

Me levanté, quise dirigirme hacia la puerta pero el lugar era sombrío y oscuro.

– ¿Dónde está la salida?

Se quedó por unos segundos mirándome.

–  ¿Salida? – Lo dijo irónicamente.

–  No te permito que salgas a ninguna parte.

–  ¿Por qué, sigo siendo tu rehén? – Le pregunté de forma desafiante.

–  ¿Mi rehén? Absurdo. – En estos momentos eres mía, me perteneces, tu vida es mía, todo tu ser, tus pensamientos, tus acciones y lo que hagas ahora en adelante son de mi propiedad.

– No soy tuya ni de nadie ¿con qué derecho me dices estas cosas?

Sacó su arma, se abalanzó hacia mí y me estrelló contra la pared, me puso la pistola muy fuerte en la cabeza, su mano agarraba mi mentón fuertemente para que lo mirara a los ojos mientras aprisionaba con su cuerpo el mío.

El miedo se apoderó de mí y no intenté defenderme en lo absoluto.

– Tú estás muerta, tu nombre, tu pasado, lo que hiciste o pensabas hacer, estás muerta, moriste en el momento que decidiste saltar de ese puente, moriste en el momento que tocaste el agua, en el momento que diste la última bocanada de aire. Saqué tu cuerpo pero no tu ser, así que eres mía y si no te gusta lo que te estoy diciendo ahora mismo tomo la vida que te di y te vuelo la tapa de los sesos.

Sentí que cargó el martillo, me di cuenta que era un revolver, también me di cuenta que no estaba jugando.

– ¿Entendiste?

Asentí con un mínimo movimiento de cabeza.

– ¿Entonces qué decides, aceptas que eres de mi propiedad o el disparo?

Me soltó bruscamente para que le respondiera.

– Acepto que mi vida te pertenece, haré lo que me pidas.

– Desvístete ahora mismo.

Me iba a violar, iba a ser violada en ese preciso momento por un hombre que decía que era mi dueño, estaba atónita, pero vi decisión en su mirada y lo hice casi que de inmediato. Quede totalmente desnuda mientras intentaba taparme un poco con mis manos.

– Vístete, no creas que te voy a hacer algo, jamás tocaría a una basura como tú. Ahora lo que necesito es que duermas, mañana empezará tu entrenamiento y será mejor que descanses.

Me sentí una estúpida de pie totalmente desnuda y sin que el único hombre quien sabe a cuantos kilómetros a mi alrededor me hubiese lanzado aunque sea una mirada mórbida. Me di cuenta que fue solo para probar si había dicho la verdad, pero lo que me dejó esa noche en vela fue lo último que había dicho.

–  ¿A qué tipo de entrenamiento se está refiriendo? – Dije en voz alta en la oscuridad de ese lugar.

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Capitulo I

Son las seis de la tarde, el frío del invierno me cala hasta los huesos, aunque pronto dejaré de sentir cualquier dolor, cualquier sufrimiento.

Estoy subida en las barandas de un puente, las heladas aguas del río me esperan pronto. A mis 23 años he sufrido tanto, lo he perdido todo y ya no hay necesidad de vivir. Estoy dispuesta a saltar y dejar este mundo que tan cruel me ha tratado.

Escucho sirenas, acabo de llegar, no puede ser que le hayan informado tan pronto a la policía, aunque es una hora muy transitada ningún vehículo se ha percatado de mi presencia.

Giro mi cabeza y veo un cambio drástico de los acontecimientos un hombre rubio, acuerpado, vestido de negro y con un gran bolso a sus espaldas del mismo color de su vestimenta se abalanza rápidamente hacia mí, tiene un arma en las manos, es muy rápido y no alcanzo a reaccionar, pienso que es un policía que acaba de salvar a una suicida de su trágico fin… Pero me equivoco totalmente.

Me toma fuertemente y pega mi espalda a su pecho mientras grita.

– Aléjense o la mato.

Abro mis ojos de par en par, me doy cuenta de la situación, paso de ser una suicida a ser un rehén, varios policías a pie se detienen y apuntan hacia nosotros, los vehículos frenan abruptamente dejando un olor a caucho quemado, de ellos bajan más policías, de un momento a otro el concurrido puente se vuelve aún más caótico y soy parte de la escena principal, y no siendo suficiente, un helicóptero se nos acerca por el costado del puente donde segundos antes me pensaba lanzar, con una gran linterna que nos ilumina.

–  No estoy bromeando, si no se alejan le disparo. Ustedes serán culpables de su muerte!

Sonaba muy serio, sabía que sus amenazas eran serias, muchas veces estuve en esa situación y la desesperación te lleva a cometer actos atroces, actos que luego te remorderán la conciencia.

Caí en cuenta que recordé el porqué estaba ahí, vi su situación desesperada, sentí como poco a poco se iba haciendo más y más hacia la orilla, sentí como sus pies rozaban el borde.

Estaba muy calmada, gire mi cabeza hacia él, tenía un hermoso cabello rubio y pude ver unos brillantes y feroces ojos azules, pensé para mis adentros que era una lástima que tan hermoso hombre fuera un acompañante fortuito para mi triste final.

No hice mucho esfuerzo, solo tuve que empujarnos un poco con mis piernas y nos fuimos, él abrazándome hacia el precipicio, donde las heladas aguas del río acabarían con nuestras vidas. Mi última mirada al mundo exterior era la del rostro de aquel hombre mirándome sorprendido por lo que acababa de hacer.