¡Hagamos volar la imaginación!

Archivo del Autor: angelgaviria

Tengo un don y a la vez una maldición pues poseo la capacidad de analizar cualquier situación, persona o acontecimiento.

Es por eso que soy detective, el mejor que pueda existir, y no es para vanagloriarme, no necesito hacerlo, tampoco tengo la necesidad, es simple estadística, ningún detective o persona puede  deducir tan rápido como yo, aunque algunos lleguen a la misma conclusión, yo siempre lo haré una tercera parte más rápido que ellos.

Tengo tantas historias en mi currículo, tantos casos de personas asesinadas, secuestradas, robos a bancos, infidelidades, todos ellos resueltos de una u otra manera, mi caso más famoso ha sido la del “Asesino de Modelos”, ese trabajo casi me cuesta la vida.

Pero hoy contaré mi caso más reciente, un caso que jamás quise resolver.

Siempre he odiado mi capacidad de deducción, me he ganado enemigos muy poderosos por la facilidad de inculparlos en cualquier situación donde hayan sido los autores materiales o intelectuales, estoy en la lista negra de políticos, mafiosos, policías corruptos, jueces y criminales del común, como ven, no es una vida tranquila.

Llegué a mi apartamento hoy en la tarde, había sido un día caluroso, la temperatura estaba disparada y el cansancio que llevaba era consecuencia en parte por la investigación que estoy llevando a cabo y la otra por el calor infernal que hace.

Me senté en el sofá y me recosté, mi esposa se estaba bañando en aquel momento, estaba esperando que saliera para saludarla, mientras tanto recorrí la sala con la mirada, todo lo tengo que ver, todo lo tengo que saber, ¡maldición!, pensé para mis adentros.

El teléfono fijo estaba mal colgado, las persianas semi abiertas, un cabello en una esquina, una media se asomaba debajo del sillón, tres telarañas en la sala, el perro no estaba, así que estaría recostado por alguna parte de la cocina, la lámpara estaba encendida, su bombilla denotaba desgaste y pronto tendría que ser remplazada, el cuadro de la sala, una copia de un Picasso estaba tres grados torcido, en serio, solo tres grados torcido. Cerré los ojos no quería pensar más, pero me llamó la atención el celular de mi esposa, estaba a mi lado en el sofá, era muy extraño que estuviese en ese lugar, se habría sentado a hablar, ¿pero porqué lo dejó aquí?

Lo tomé, tenía clave, lo ladee un poco y vi en el vidrio el consecutivo para desbloquearlo, cuatro números en forma de zigzag, nada difícil para mí.

Me fui a llamadas recientes y vi una llamada entrante que solo duró tres segundos, la hora de la llamada seis y doce p.m. El momento exacto en el cual metí las llaves en la cerradura, lo se porque llevo un reloj de muñeca y miraba la hora mientras abría la puerta, tengo memoria fotográfica, no olvido nada, y los relojes de la casa los tengo sincronizados, una de mis tantas obsesiones.

Una llamada de tres segundos, justamente en el momento que yo iba a entrar, y a mi esposa solo se le ocurrió salir corriendo a meterse al baño dejando tirado el teléfono, esto solo significaba una cosa, esos tres segundos son el tiempo suficiente para contestar, decir: “Ahora no puedo hablar” y colgar mirando el teléfono para ubicar el botón de “Colgar Llamada”.

Abrí su agenda de contactos, digité el número que había llamado pero no estaba registrado, fácil, abrí la aplicación de sus círculos sociales y agregué el teléfono, de inmediato apareció el nombre del dueño, “Carlos Gutiérrez”.

Somos una pareja que lleva poco más de dos años viviendo juntos, y cuando éramos novios alguna vez me habló de un ex novio que tuvo con el mismo nombre.

—     ¡Mierda! – dije para mis adentros, mi vida ya estaba lo bastante jodida como para que la mujer que amo me traicionara.

Claro está que aún no estaba cien por ciento seguro, siempre hay una esperanza, muchas veces las razones o los sucesos no son los que se creen, la hipótesis se basa en eso, crearlas y verificarlas. Borré el contacto que había creado y cerré el celular dejándolo en el lugar donde lo había encontrado.

Dejé que pasara un rato, fui y me bañé, pero por desgracia en la ducha todo empezó a formarse,  recordé las llamadas que ella me hacia, preguntándome donde estaba cuando ya casi debía ir a casa, las frecuentes salidas donde amigas y donde su madre, maldición, hasta la ropa interior nueva que compró, ¿Cómo no me di cuenta de eso? Quizás, no quería darme cuenta a propósito.

Salí de la ducha y me vestí, si las cosas se salían de control debía estar lo mejor presentable para dejar el apartamento, conocía muy bien a mi mujer y si algo le disgustaba iba a formar un escándalo para llamar la atención y cambiar el rumbo de las cosas, sabía que aunque no funcionaba conmigo, por lo menos hacia que yo desistiera de seguir en la discusión.

—Mi amor — empecé — ¿Te has visto últimamente con tu ex novio Carlos Gutiérrez?

La pregunta la tomó por sorpresa, salió del baño con los ojos totalmente abierto y mirando el celular que tenia en mis manos, sus pupilas se dilataron, tragó en seco, y aunque quiso guardar la calma se le notaba un nerviosismo en su voz y un pequeño temblor en sus manos.

— ¿De que estás hablando? Tengo siglos que no hablo con él.

Me debí detener, aceptar la respuesta, pero no, no podía hacerlo.

— ¿Y entonces esa llamada?

— ¿Cuál llamada? – me preguntó haciéndose la que no sabía nada.

—Aquella, la que contestaste hace poco.

—Seria de alguna amiga, no se.

—Esta llamada mira. — tomé el celular que lo tenía en la cama, me di cuenta que el número había desaparecido de entre las llamadas entrantes.

— ¿Lo borraste? –pregunté decepcionado, ella debería saber que no se me escapa nada.

— ¿De que hablas amor? Mejor ven, descansa un rato que debes estar cansado. – buen intento.

Abrí la aplicación de su círculo social, digité el número y me apareció el nombre de su ex de inmediato.

—De este número te estoy hablando, el mismo número que acabas de borrar con una llamada de tres segundos.

—Mi amor no tengo idea de donde sacaste ese número, no se, no he hablado con él en mucho tiempo. – intentó quitarme el celular, pero le aparté la mano.

—Entonces vamos a comprobar que sea así. – escribí “Hola” en el chat del contacto.

Una cachetada me sacó de mi concentración en espera de la respuesta.

— ¿Cómo te atreves? Eres un imbécil, esa es mi vida privada.

Ahí estaba, el escándalo augurado. El perro comenzó a ladrar.

Entregué el teléfono, ya no necesitaba más pruebas, me salí del apartamento caminando mientras me vestía la chaqueta, en estos momentos estoy sentado en un bar a pocas cuadras de ahí, tengo un vaso de Whiskey en la mano, mi mente da vueltas, analiza la situación. Mi trabajo me ha quitado muchas horas que debí pasarla con ella. Aún la amo, no he querido hijos porque temo por la seguridad de ellos.

— ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? – digo en voz alta.

Ahora tengo la decisión de perdonarla o dejarla, debería perdonarla, no soy lo bastante acartonado para no aceptar un engaño si promete dejar de hacerlo, el problema será que se agudizará mi desconfianza, viviré en un infierno, ya no creeré nada, ahora todo será analizado con más intensidad. Me tomó de un solo golpe el trago, pago la cuenta y me dispongo a irme para la casa.

Odio esta maldición.

Anuncios

No puedo pensar en Jhon sin sentir ese miedo interno de saber que yo hubiese sido lo que él llegó a ser, estuvimos en iguales condiciones pero nos distanciamos en la edad de las decisiones, yo tome las mías y el las suyas.

Lo recuerdo como si fuese ayer, no puedo creer como pasa el tiempo, como envejecemos sin percibirlo, un día estoy corriendo descalzo en las calles de una ciudad llamada Montería y en el otro estoy escribiendo los recuerdos de ese día sentado en un computador muy lejos de ese niño a pie descalzo que fui.

Es muy raro recordar a Jhon Jairo sin esa sonrisa, una sonrisa llena de vida, cálida, siempre reía, siempre, no fuimos niños con muchos lujos, muy por el contrario fuimos niños que nos hizo falta a veces hasta lo más básico, un buen desayuno por ejemplo. Pero no nos importaba, no lo veíamos como una cosa mala, es más no pensábamos en nuestra situación económica, de cómo nos veíamos, si estábamos a pie descalzo o con ropas raídas, jamás nos preocupamos por eso, ahora que lo pienso, tampoco sé por qué no lo hacíamos, quizás era la confianza de saber que no íbamos a estar así para toda la vida, quizás nos equivocamos en eso.

La gran parte de mi adolescencia la recuerdo a su lado, era mi primo y vivía en mi casa, a mi tío lo abandonó su mujer y mi mamá le brindó un cuarto para él y sus dos hijos, como Jhon Jairo era el mayor nos entendimos muy bien, y jugábamos cada tarde, recuerdo que salíamos por ahí a jugar, cazando lagartijas, nos subíamos a los techos vecinos a robar mangos, guayabas y naranjas, que luego comíamos en nuestro techo.

También practicábamos artes marciales, yo iba a una escuela de Karate Do y lo que aprendía al día siguiente se lo enseñaba a él, nos creíamos Van Damme, ChuckNorris, Jackie Chan y todos esos luchadores de películas de los ochenta y noventa que tanto pasaron por nuestra televisión Colombiana y siguen pasando al día de hoy.

Montábamos bicicleta, bueno una sola, la mía, pero era suya también, y juntos nos íbamos recorrer Montería, subíamos el puente colgante y nos lanzábamos en bajada sin frenar a gran velocidad, todo sea por la adrenalina generada ante el peligro.

Mi infancia no tuvo lujos, pero fue la mejor que la de muchos niños que tuvieron todo.

Jhon Jairo era muy buen dibujante, hacia unos dibujos impresionantes de sus héroes favoritos, Wolverine y Gokú fueron unos de los cuales tuve el lujo de ver, aunque nunca supe que quería ser cuando grande, sé que hubiese sido un gran artista o por lo menos un buen diseñador gráfico, pero no sé qué pasó.

Todos crecimos, por desgracia todos crecemos, mi mamá ya no veía a un tío y dos sobrinos, sino, a cuatro hijas adolescentes y a dos hombres adolecentes que las miraban con morbo, jamás comprobé si eso era cierto, nunca me pareció, pero así se lo hizo saber ella a mi tío y le pidió que se fuera de la casa, que buscara donde quedarse con ellos.

Que cruel decisión, aún no se lo perdono a mi madre, como pudo sacar a la calle a mi tío, el era un hombre que vendía verduras, lo poco que ganaba solo le alcanzaba para comprar la comida de sus hijos y tener algo de ropa en las navidades, ahora que lo pienso, tiene cuatro hermanos y ninguno lo ayuda en algo, ninguno jamás lo ha ayudado en nada, todos le dieron la espalda.

A mi tío le tocó irse para un cuarto, era algo tan pequeño que solo cabía la cama y un armario, dormían los tres apiñados en ella, no quiero pensar en la situación desesperante que pudo haber vivido en esa época, y ni que decir de las venideras.

Yo también crecí, decidí salir de Montería, me fui para Barranquilla, ahí mis tíos me ayudaron a conseguir un Colegio, luego una Universidad, luego un trabajo, por suerte todo se me dio, aunque no soy millonario, puedo decir que logré salir adelante, tengo un trabajo fijo y un negocio, además una posibilidad de hacerlo crecer aún más, económicamente tengo para mantener a mi mujer y mi hijo y a este último darle lo que no tuve en mi infancia, un padre preocupado por su educación y felicidad.

No sé qué sucedió con Jhon Jairo, perdí el contacto cuando me fui de la ciudad, no sé qué pasó en la transición de su juventud a su adultez, ¿dónde quedó el niño que sonreía, donde quedó el artista, donde quedó la estrella que lo iluminaba?

Creo que se dio cuenta tarde, que su infancia había pasado, que ya caminar descalzo en la calle era mal visto,  se decepcionó de la vida, se dio cuenta que vivía en un cuarto con su padre y su hermano, que su futuro era incierto y que la vida no era tan bella como el creía, le tocó madurar, pero no quiso estudiar, quizás no encontró su vocación, o quizás no quiso hacerlo por simple dejadez.

Hoy Jhon Jairo está enterrado cuatro metros bajo tierra, con solo veintinueve años de vida mal vividos, fue acribillado en una calle y yo no comprendía porqué, ¿Lo confundieron? Me preguntaba.

Luego supe que se había metido a vender drogas, que andaba en pandillas, que estaba en una lista negra, que hasta había asesinado a alguien.

Aún no lo creo, y no creo que lo asimile, lo único que sé, es que ya no está conmigo y no pude hacer nada por él, por desgracia tomó malas decisiones.

Solo me quedan los recuerdos de una linda infancia, ahora volteo mi mirada a mi hijo y le prometo en voz baja que jamás sufrirá lo que sufrió mi querido primo Jhon Jairo.


– Debes ayudarme Bruce, eres el único que puede descubrir quién mató a Nancy, ella era una de mis mejores amigas, no merecía morir así.

Siempre la consideré una mujer fuerte, pero esta noche fría de llovizna, su cuerpo parecía querer diluirse en mis brazos, no paraba de llorar mientras me abrazaba.

-Te aseguro que los encontraré Selina, me esforzaré al máximo.

Era extraño, jamás pensé que Catwoman tuviese a alguien tan importante en su vida, cierto que conocía poco de ella, aunque tuviésemos esta relación tan extraña, a veces enemigos, a veces amigos, otras… amantes. Pero este favor era imposible negarlo, por ella, por cómo evidentemente sufría.

Me contó con detalles el lugar en donde habían hallado el cuerpo, no tuvo más información que esa, no tuvo más contacto con su amiga desde hace dos años, la quiso alejar de la vida criminal, al parecer conoció a un hombre del cual se enamoró, pero nada más, ni una carta, ni una llamada, solo su cuerpo inerte después de tanto tiempo.

Cuando llegué al lugar, noté que los policías como siempre habían hecho un desastre en la escena del crimen, Gordon no logra formar un buen equipo de criminalística, uno que sea organizado y meticuloso. Veo muchas pisadas, lugares removidos, no buscaban nada, tampoco encontraron nada, solo dejan desorden para justificar las horas laborales que gastan.

Nancy era una persona normal, lo único que manchaba su hoja de vida fue un arresto por robarse un bolso en una tienda, jamás la asocié con Catwoman, pero me confesó que le quería enseñar a robar, con tan mala suerte que resultó ser una mujer muy nerviosa y por ello se delató,  Selina no quiso seguir llevándola por el camino que ella escogió.

Escaneo el lugar, encuentro un rastro de sangre, este es el lugar donde cayó inerte. Las pisadas hacen que mi trabajo sea más difícil, pero poco a poco empiezo a deducir lo sucedido.

Una mujer sola no entra a un callejón por decisión propia, no hay signos de un cuerpo arrastrado, así que ingresó por sus propios pasos, la estaban siguiendo, quiso escapar con tal mala suerte de entrar a este callejón sin salida.

Las paredes muestran signos de arañazos, de desesperación, quería escapar y no pudo lograrlo, veo una salpicadura de sangre en la pared, alguien la golpeó contra el muro, signos de lucha en el suelo, la estrangularon en el forcejeo.

Encuentro algo muy particular, algo que se le escapó a todo el cuerpo policivo, la primera y al parecer única pista. Una escama, cualquiera pensará que en este basurero abundan las escamas y espinas de pescado, pero esta es diferente, es la escama de un lagarto, uno muy grande.

Debo encontrar a Waylon Jones “Killer Croc”.

“Killer Croc” es uno de los asesinos más crueles que pueden existir en Gotham, nació con una enfermedad que fue deformando su cuerpo al punto de parecerse mucho a un cocodrilo gigante, con fauces y escamas, su niñez fue muy dura, abandonado por sus padres, rechazado por la sociedad que le temía, no encontró más salida que el bajo mundo, tiene una personalidad agresiva y peligrosa, cuentan que a veces se come a sus víctimas. Dar con su paradero no será fácil pues se oculta en el alcantarillado de esta enorme ciudad, un lugar que conoce muy bien, detenerlo será mucho más complicado.

No puedo solo ir y entrar en las cloacas, es absurdo, son muy extensas y jamás llegaré a él, pero conozco alguien para quien trabaja que me puede decir su paradero actual. Por desgracia me veo obligado a interrumpir una investigación en contra de Oswald Cobblepot alias “El Pinguino”, es un pez gordo del bajo mundo que utiliza negocios legales para cometer crímenes de estafas, chantajes y muchos más, es un genio en lo que hace y muy pocas veces deja un rastro que conduzca hacia él.

Entro por el tejado, es una vieja bodega, muy pocos matones se preocupan por sellar el techo, su visión de esperar siempre quien entra por la puerta no les permite pensar en una tercera dimensión, es fácil tomarlos por sorpresa desde arriba, pero esta vez no, “El Pingüino” me esperaba, una semi automática comienza a disparar, está siendo controlada por medio de un software que detecta movimiento,  no creo que esté nervioso por la muerte de Nancy, a mi parecer, su negocio de contrabando de armas está a punto de llevarse a cabo, creo que llegué en un mal momento, se detendrá toda la operación y perderé la oportunidad de atraparlo, a no ser que lo convenza que no sé nada de aquello, que solo vine por “Croc”.

Esquivo las primeras balas, analizo en milésimas de segundos el punto débil del arma, un pequeño sensor conectado en el gatillo de esta, lanzó un batarang y lo destruyo, el fuego cesa. Pero ya están avisados los matones contratados.

Todos están alerta, siempre el miedo ha sido mi punto a favor, espero escondido, uso las sombras para desplazarme, han encendido las luces pero las destruyo con suma precisión, disparan al aire, estoy en todas partes para sus pobres mentes.

Uno por uno los voy deshabilitando, rompo un hueso, el dolor los paraliza, dejan de pensar, sueltan un grito que no espero que termine y lo apago abruptamente noqueándolo en el acto, me retiro rápidamente, poco a poco el miedo los empieza a paralizar, los desespera, quieren huir pero no pueden, saben que Cobblepot los mataría. Sus sentidos se agudizan, pero para su mala fortuna, cualquier ruido, cualquier movimiento los asusta y actúan sin pensar.

Cae el último, sé que “El Pinguino” debe estar en la oficina principal, me estará esperando tranquilamente, ocultando su nerviosismo, sabe que no tengo pruebas en su contra.

Estoy en el respiradero, noto que hay dos guardaespaldas armados con nueve milímetros, lanzo un batarang y destruyo las luces, aprovecho su desconcierto noqueo de una patada al primero, le quito inmediatamente el arma al segundo y lo duermo con una llave. Ahora solo estamos el y yo, lo agarro por el cuello de la camisa y lo levanto hasta mi rostro.-

–  ¿Dónde está? – No le digo quien, quiero que su mente vuele, que crea que le estoy preguntando por las armas, lo asustaré.

– ¿Dónde está qué? – Responde nervioso.

-“Killer Croc”. – Veo en su mirada el alivio, ha caído en mi engaño.

-¿No sé a qué vienes con eso yo n…? – Le doy un golpe en el estómago, no tan fuerte, no quiero que se desmaye antes de hablar.

-Ca… cálmate, escuché por ahí que se encuentra en las alcantarillas de la zona costera, es lo único que sé.

Miente, sabe que está ahí porque es donde le envía mensajes para que haga el trabajo sucio, pero sé que es cierto lo que me dice, nadie es tan rápido para vender a sus secuaces que este desperdicio de ser humano.

Lo golpeo en la cabeza, eso ayuda que quede un poco desorientado por algunos segundos, tiempo suficiente para salir por donde vine, para él, sentirá que soy irreal, que soy un mal sueño cuando no sepa cómo me esfumé.

La Zona Costera también es extensa, pero ha reducido considerablemente mi búsqueda. Subo al Batimovil, son las 3:00 a.m. ha esta hora no hay tráfico que me obstaculice el desplazamiento.

-Alfred, necesito el plano del Alcantarillado de la Zona Costera, ubícame zonas abandonadas que permanezcan la mayoría del tiempo secas. – Aunque “Killer Croc” parezca un reptil no lo es, buscará una zona abandonada y seca para instalarse.-

-Hay dos zonas señor Bruce, una queda cerca al desembarcadero. – Mucha gente y ruido. – La otra señor, es un viejo faro abandonado desde hace cinco años. – Lo encontré.

– Gracias Alfred.

-Espero tenerlo para el desayuno señor Bruce.

Me asombra lo optimista que puede ser Alfred, llego al faro, activo el modo silencioso del vehículo, es una nueva tecnología que hace que el motor y las llantas no produzcan ningún ruido. Veo una zona de desagüe, pero algo me dice que el viejo faro debería estar abandonado, ¿por qué hay una pequeña luz de una vela en la última habitación a lo alto?

Entro por la puerta, estaba cerrada por dentro pero no fue ningún problema, subo las escaleras sin hacer ruido, el lugar está bastante limpio, muy extraño para un asesino letal como “Killer Croc”, la última habitación se ve iluminada, la puerta está entre abierta, la abro con cuidado. Muy pocas cosas son las que me sorprenden y esta de lejos es la mayor.

Sentado en una silla de espaldas a mí está “Killer Croc”, el cuarto está iluminado por unas velas encendidas en una especie de altar, en este hay una foto de Nancy y “Croc”, ella le está besando su cara y el parece feliz.

-¿Sorprendido? – Me pregunta, sabía desde hace tiempo de mí presencia.

-¿Qué es todo esto? – Le pregunto sin moverme de la entrada, nunca se sabe cómo puede reaccionar un tipo tan peligroso como este, debo usar mi astucia y buscar un lugar más abierto que esta habitación para enfrentarlo si algo llega a suceder, pero parece que no tiene intención de atacarme.

-Ella me amaba detective, la única persona que me amó, está muerta. ¿Te sorprende verdad? ¿Que una mujer tan bella como ella se haya fijado en un monstruo como yo? Así son las cosas detective. Nos conocimos en extrañas circunstancias, la protegí de unos tipos que la querían violar, lo hice sin pensar, cuando me iba me agarró las manos, me dijo que no me fuera, que se sentía segura conmigo y nunca más me dejó, era mi felicidad y se ha ido , se ha ido.

-¿Qué sucedió? – Por primera vez en mi vida bajé la guardia ante Killer Croc.

-La asesinaron por mí detective, no quise hacer más trabajos, no quise volver a asesinar por ella, se lo prometí y mantendré mi promesa.

-Eso quiere decir que su asesino sigue vivo, ¿quién fue?

-Jonathan Crane, vino a que le ayudara en su último experimento, pero me negué, me dijo que me iba a costar muy caro, ese tipo vio dentro de mí, de mi mayor miedo, y por ello Nancy perdió la vida. Tiene algo grande en mente detective, pero no supe que era.

-¿Si lo atrapo, te entregarás?

– Solo si va a la misma celda que yo, no lo mataré, pero le haré pagar todos los días por lo que me hizo.

– !Hecho!

Me subo al batimovil, no dejo de pensar en lo sucedido, Jonathan Crane, conocido como “Scarecrow”,  no sé lo que está tramando pero lo detendré, lo haré por Selina y por la redención de Killer Croc, es increíble como un ser que sufrió el desprecio toda su vida conoció el amor correspondido.

3:45 a.m. y siento que la noche solo comienza.


Es difícil recordar a mi abuela, ella fue todo para mí, la única persona que ha podido tener esa unión neuronal tan fuerte que muy rara vez nos decíamos algo, bastaba con mirarnos a los ojos y comprendernos el uno al otro, desde un “ayúdame a ponerme los audífonos” hasta un “abuela por favor quiero agua”. Una mirada bastaba y el horizonte que nos separaba, así fuera por centímetros desaparecía, una sola mente en dos individuos.

Siempre hemos tenido esa capacidad, aunque un poder más bajo para las demás personas, siempre comprendimos lo que alguien pensaba en ese momento, con pequeñas variantes, deducimos si la persona era de confiar o no, si nos engañaba o quería algo de nosotros, solo mirábamos a alguien y enseguida lo conocíamos, jamás me he equivocado con alguien, mi primera impresión es lo que esa persona es, buena, de confiar, astuta, estafadora, etc.

Mi abuela fue mi madre, más que una madre, ya que dio a luz a la persona que iba a tener a su hijo más querido, desde el día que nací me educó, aunque no era una persona letrada, me dio muchísimo amor, un amor tan grande que jamás lo volveré a vivir, ese amor se fue con ella y solo está en mis recuerdos más profundos, hablar de ella y recordarla siempre me trae una pizca de nostalgia y hace que se me agüen los ojos.

Fui un niño sin padres, aunque vivos, no sienten ese amor por mí, lo que me han contado es que todo fue un desliz, un embarazo no deseado y heme aquí, tuve la gran suerte de tener a mi madre, mi verdadera madre, aquella que tuvo a la hija que le dio a luz a su hijo, por su memoria siempre he sido un hombre de bien, quien sabe que hubiese sido de mí sin ella, sin su amor.

Siempre se preocupó por mí, siempre la asaltaba la duda de que iba a ser de mi vida cuando ella se fuera, cuando me faltase, tener un hijo a los cincuenta años no es cosa fácil para el futuro, su hijo quedaría solo y desprotegido, su niño querido, la luz de sus ojos iba a quedar desamparado, que iba a ser de él, siempre lo vi en su mirada, su gran miedo, más que su vida, era dejarme solo en el mundo.

Aunque no lo parezca, la anterior introducción sirve para comprender el relato que voy a contar, pues se necesita saber un poco sobre los dos y lo capaces que éramos.

Solo mi abuela y yo conocimos la verdad al cien por ciento, mis tíos con quienes estábamos ese día en el zoológico estaban en la cafetería y nosotros dos estábamos aún mirando los hermosos animales.

Recuerdo que había pasado por la jaula del León, este estaba adormitado, me decepcionó que no rugiera o hiciese algo más que holgazanear, quería verlo en acción, que arrepentido estaría en pocos segundos de ese deseo, echado me miraba y yo seguí mi camino, no le di importancia a su pensamiento, para él, un niño de mi edad era un bocado exquisito.

Mi abuela se adelantó solo unos dos o tres metros, había un pequeño quiosco en el recorrido e iba a comprar agua, me había dicho con la mirada que no me moviera, que enseguida volvía y yo tranquilo me quedé mirando los osos de anteojos, recuerdo que me daba risa ver a ese gran oso echado con una pata subida en la jaula, que deliciosa manera de descansar.

Alguien me pasó corriendo despavorido, sentí la brisa de su carrera, gritando con todas sus fuerzas que corrieran, que el León se había escapado, un error del veterinario que creyó que podía entrar sin problemas y este con un rugido y un amague de ataque, lo asustó tanto que se apartó de la reja, dándole al León la oportunidad de escapar, pero no corrió, salió de la jaula muy tranquilo y se fue rápidamente hacia mí.

Creo que todo sucedió en milésimas de segundos, el pasillo quedó totalmente desolado, los cuidadores salieron corriendo a buscar la red y los tranquilizantes, pero ellos sabían que la tragedia estaba asegurada, el tiempo que iban a tomar mínimo una persona iba a salir muerta o herida, uno de ellos vio horrorizado mientras palidecía, como el León estaba a solo dos metros de distancia de mí, preparado para saltar y destrozarme.

Sé que saltó, yo estaba inmóvil, su mirada me decía todo, como me iba a atacar, como me iba a comer, como lo iba a disfrutar, sabía que iba a morir y no pude ni siquiera mirar hacia atrás para despedirme de mi abuela.

Pero no lo necesité, no sé cómo hizo ella, pero en el momento que el León saltó, ella lo atrapo en el aire, como si él fuera la presa y ella la cazadora, lo tenía apretado en el cuello con sus brazos, aquellos brazos acostumbrados a cargar ollas con sopa y arroz, aquellos brazos acostumbrados a cargarme, a golpear ropa para lavarla, a golpear carne para relajarla, acostumbrados a la vida del campo, esos brazos.

Tenía bien agarrada a la bestia, el León por un momento se vio sorprendido, creo que no se le pasó por su mente animal que alguien lo enfrentaría así sin miedo, sin titubeos, se sacudía violentamente, intentaba zafarse de mi abuela, pero esta dejó caer su cuerpo para hacer más peso mientras apretaba el cuello del León más fuerte, intentó aprisionar una pierna de ella con sus garras, pero ella velozmente colocaba las piernas detrás de sus patas, aún recuerdo lo molesto y violento que se sacudía, pero mi abuela se aferraba más a él como el candado más fuerte que se pueda conseguir en una ferretería.

En el forcejeo ella me lanzó una mirada, “HUYE, PROTÉGETE, APRESÚRATE AHORA QUE HAY TIEMPO”, pero yo me quedé, el León no tenía ninguna oportunidad, se lo dije con la mirada.

El felino estaba empezando a mermar sus sacudidas, ya sus sonidos eran de ahogamiento, de miedo, ¿Quién era esa criatura tan feroz que lo estaba matando?

Mi abuela lo estrangulaba, no iba a cesar hasta no escuchar el cuello crujir, no iba a cesar hasta que el León estuviese muerto y su hijo a salvo, aunque ella perdiera la vida con el esfuerzo que estaba haciendo ya que su corazón estaba delicado en ese entonces.

Pero me acerqué, le dije con la mirada que no había necesidad de matarlo, y con mis pequeñas manos aparté sus brazos del León, este cayó desplomado agradecido que podía respirar nuevamente, le toqué la frente y lo acaricié, le di a entender que todo estaba bien y este se dejó tocar, parecía un enorme gato asustado.

Mi abuela me miraba desconcertada, como un niño de mi edad era capaz de detener su furia y calmar a un León, y entonces lo vi.

Vi el peso de sus miedos caer, vi la relajación de sus hombros, vi como se dispersaba la duda, vi como entendió que ese niño era igual a ella, una fiera escondida, oculta, capaz de sobrevivir, de superarlo todo, de enfrentarlo todo, vi el alivio de su vida y sonrió.

Me abrió sus cansados brazos y me cargó en un abrazo mientras me besaba, me besaba muchísimo, sentía un orgullo, ya el León no importaba, sabía que no se iba a mover de su sitio, solo éramos los dos otra vez.

Nadie vio el encuentro, mi abuela dijo que el León se echó y no se movió, sabía que nadie le iba a creer y tampoco le importaba, yo no dije nada, ni siquiera me preguntaron, no nos importaba, no queríamos contar esa historia, era nuestra y de nadie más.

Ella ya no está, se fue hace mucho, pero se fue tranquila, porque sabía que dejaba a un hombre seguro de si mismo y capaz de superar cualquier adversidad que se le presentara en un futuro.

Gracias Abuelita.


La frente de Luis sudaba a montones, era la primera vez que intentaba abrir una caja fuerte en un robo, aunque su profesión era cerrajero y conocía muy bien su oficio, jamás pensó que iba a terminar usando su conocimiento para perpetuar un delito. A su lado Miguel esperaba con ansias que dicha cerradura cediera y así poder obtener el dinero que tanto necesitaban.

Se conocieron hace dos días, en el hospital del pueblo, un lugar deprimente sin agua y con pocas horas de luz eléctrica al día, si enfermabas de gravedad era seguro que morirías.

Y ese era el caso del hijo de Luis y del hijo de Miguel, el primero enfermó y necesitaba un trasplante de médula ósea, una leucemia que desde niño aquejaba a su hijo pero por falta de dinero jamás pudo solucionar, ahora la enfermedad había avanzado más, mermando sus defensas, le quedaba poco tiempo al niño con sus escasos cinco años de vida, si no le realizaban la operación, además del problema, su mujer no paraba de reclamarle lo incapaz que era por no lograr conseguir el dinero de la operación, lo insultaba y entre llantos lo atormentaba día a día mientras su hijo agonizaba.

El segundo una bicicleta lo atropelló tirándolo al suelo y ocasionándole un golpe en la cabeza que repercutió en una hemorragia cerebral dejándolo en estado de coma, el cual debía ser operado cuanto antes.

Para Miguel su hijo era lo único que tenía en la vida, su mujer había fallecido hace dos años por una rara enfermedad incurable y lo dejó con un niño al cual poco sabía criar, pero con amor y esfuerzo logró mantenerlo sano y salvo hasta este fatídico día, no poseía los recursos para hacer la operación y lo único que los médicos le dijeron era que debía resignarse y aceptar el destino de su hijo de siete años.

Los dos hombres se encontraban en un estado de shock, sus hijos iban a morir ya que cada uno necesitaba la suma de diez millones de pesos para realizar las respectivas cirugías.

Miguel reconoció a Luis, se dio cuenta que el era un cerrajero ya que meses atrás le había pedido el favor de que le abriera una gaveta de su casa.

Se acercó y conversaron un poco, ambos se dieron cuenta lo parecido de su situación y se preguntaban cómo podían solucionar el problema, en ese momento a Miguel se le iluminó la cara.

Hacía dos meses había hecho un pequeño trabajo en la casa del anciano que vivía en la colina, un sistema de alarma que quiso colocar el viejo para cuidar sus pertenencias, este señor poseía mucho dinero y era ahí donde lo podían conseguir, pues Miguel sabía muy bien donde estaba la caja fuerte, como desactivar las alarmar y Luis solo debería abrirla.

Los dos lo pensaron muy bien, estudiaron un plano mal elaborado que hizo Miguel, pero que se detallaba lo importante, la ventana que iban a abrir, a cuantos metros estaba de la caja fuerte y el tiempo que Luis se tardaría en abrirla solo con el oído agudo que poseía, el cual era su talento natural que lo ayudó a ser cerrajero, podía escuchar el sonido que hacían los seguros al cerrar o abrir y de ahí conocer el problema sin siquiera tener que abrir el complicado mecanismo.

Fueron de noche, el anciano vivía solo y Miguel sabía que dormía en el segundo piso de la casa y que por suerte la caja fuerte se encontraba en el primero, detrás del cuadro del retrato de sus padres, creada muchos años atrás cuando tenía una gran familia y gozaba de total felicidad, por cosas de la vida fue infértil y su mujer lo dejó por el único empleado que tuvo en todos sus años de vida, era un viejo muy desconfiado y rara vez hablaba con alguien, era la victima perfecta.

El Sistema de alarma era simple, un botón que se apretaba con el cierre de las puertas o las ventanas, cada una tenía uno en particular y se conectaban a una consola que al detectar que alguno de los botones dejaba de estar presionado enviaba una señal electrónica a la alarma la cual se disparaba haciendo un ruido infernal.

Miguel metió un pedazo de metal delgado en la ranura entre el botón y la ventana y apretó con fuerza, mientras Luis rompía la ventana con la esperanza que el viejo no escuchara ya que estaba muy arriba y encerrado, luego abrió la ventana sostuvo el pedazo de metal que apretaba el botón mientras Miguel entraba y desactivaba la alarma pues la clave la conocía ya que el viejo tenía poca visión y Miguel tuvo que explicarle que botones presionar cada noche.

Llegaron a la caja fuerte y de inmediato Luis sacó una tula con sus herramientas que traía metido dentro del pantalón, un estetoscopio para escuchar mejor y un taladro manual que le permitiría mirar dentro de la caja fuerte si el sistema llegaba a ser muy complicado, por suerte para él no necesitó el taladro, en unos ocho minutos ya tenia la caja abierta y su ansiado botín esperándolos para ser tomado.

Gran sorpresa se llevaron cuando se dieron cuenta que la caja estaba vacía, solo había un fajo de billetes, solo cinco millones de pesos, solo esa suma de dinero poseía el viejo en su casa, lo había gastado todo en peleas de gallos y compañeras de ocasión, era lo último de dinero en efectivo que tenía antes de quedar en bancarrota, vender su lujosa mansión e irse a otro pueblo a morir en un pequeño cuarto viviendo de la caridad de las personas.

Esa suma de dinero podría salvar a uno de los dos niños, seria la cuota inicial para la operación, pero no para los dos, el hospital no aceptaría menos de cinco millones para comenzar la operación, quedaron mirándose el uno al otro, Luis tomó el fajo de billetes y ambos salieron apresurados de la mansión.

Al día siguiente los alaridos del viejo alertaron al pueblo, al pie de la ventana un hombre yacía muerto, se notaba que había luchado ferozmente por su vida, que lo había dado todo antes de morir desangrando por varias cortadas en su cuerpo causadas por un pedazo de vidrio roto encontrado ensangrentado cerca de él, tenía lagrimas en sus ojos que aún no secaban, no  eran de dolor, eran su último desespero, en su agonía sabía que no había sido el hombre capaz de ayudar a su hijo y que este iba a morir al poco tiempo que muriera él.

En la entrada del hospital un hombre nervioso llegaba, llevaba un fajo de billetes para la operación de su hijo, sabía que luego que lo operaran, se entregaría a la Policía, su conciencia no lo dejaría jamás en paz, se sentó en una silla de madera rota en la sala de espera, estaba en silencio mientras pensaba que había asesinado a un hombre, que el hijo de este en pocas horas moriría también y que el iba a ir a la cárcel por este crimen, solo para que su hijo pudiera vivir, la vida de tres personas por una.

Era un trato injusto…


Pido disculpas a los pocos que me leen ya que dejé de actualizar el Blog hace mucho tiempo.

No he dejado de imaginarme las historias ni mucho menos, a veces no hay tiempo, otras veces pura y física flojera, acabo de subir unas historias nuevas y empezaré a terminar las que llevo adelantadas.

Publicaré cada semana, espero les siga gustando, además, creo que estoy un poco más experto en esto de la escritura y mejoraré un poco las tramas.

Saludos a todos, espero que sigan leyéndome.


EPÍLOGO

De regreso al portal ya en el helicóptero miraba con nostalgia la hermosa luna que en la cima del cielo se posaba quieta y callada ajena a lo que había ocurrido, mientras iba quitándome el traje y dejando las armas a un lado.

–  Eso es lo que más recuerdo de ti. – Me habló Matías sacándome de mis pensamientos.

– ¿Qué cosa?

– La Luna, ese hermoso astro del que tantas historias me contabas.

Sonreí, era bueno saber que mi hijo tendría ese recuerdo muchos años después.

– ¿Ahora que sucederá en el momento de atravesar el portal? – Le pregunté.

– Según los científicos que la crearon todo desaparecerá, este espacio/tiempo dejará de existir y se creará otro a partir de la decisión que tomes en el mismo segundo de cerrarse el portal.

– ¿No hay manera de que sigan existiendo? – Le pregunté a mi hijo con tristeza.

– La única forma seria que se quedaran del otro lado del portal, ya que su existencia no se afectaría. Pero antes que digas nada son miles de personas las que quedamos y vivirían en un mundo diferente y extraño al de ahora.

– ¿Y tú? – Le pregunté con esperanzas. – Podríamos decir que eres un primo y que te quedas a vivir conmigo.

– Te lo agradezco papá, pero mírame, soy un hombre con muchas tragedias encima, he vivido el horror de una guerra, la verdad quisiera volver a empezar, quiero ser ese niño que duerme pasiblemente en estos momentos en la cama. Déjame ser feliz.

– Te juro que nada te faltará y me esforzaré cada día para que seas un hombre de bien, justamente como lo eres ahora pero sin la guerra.

Ambos sonreíamos mientras el helicóptero aterrizaba.

– Queda poco tiempo deberá cruzar rápido el portal. – Me dijo el piloto.

Matías cruzó conmigo el portal, todo era muy diferente, el aire se respiraba mucho mejor, sobre todo la paz y el silencio de una ciudad que dormía apacible, el calor de hogar se sentía muy bien, desactivó el aparato que había encendido antes de irnos.

– Eso es todo papá, los efectos pasarán muy pronto y se despertarán como si nada hubiese pasado anoche. Así que esto es el adiós.

Sin que me dijera nada más, abracé muy fuerte a mi hijo mientras le decía. – Estoy muy orgulloso de quien eres, bastante orgulloso, y si fue así en esta época tan terrible que viviste no me imagino que cosas espectaculares harás en esta época, crecerás bajo mi observación, cuidado y admiración. Te amo hijo.

Al fuerte soldado se le salieron las lágrimas.

– Ha sido muy duro papá, pero lo hice bien, gracias por tus palabras, es el mejor regalo que me has dado.

Cruzó el umbral con todo su equipo, no deseaba que quedara nada del futuro en mis manos, no quería nada que alterara el futuro prometedor que esperaba. Hizo una señal para que apagarán el Portal mientras por última vez me hacía una señal de despedida, alcancé a ver en la última milésima de segundo de cerrarse el portal como un enorme vacío blanco invadía de forma abrupta el otro lado de este.

Les he dado un beso a mi hijo y mi esposa que duermen aún apaciblemente, se que mañana me dirán que todo fue un sueño.

Antes de escribir estas líneas conecté la memoria USB a la red de computadores y he tenido esta pequeña charla con RescueLive-5.

– ¿Que haces? – Me preguntó un Blog de Notas que se abrió de repente.

– Te estoy liberando en este presente.

– ¿Por qué, aún después de todo lo que hice?

– Eso que has hecho no existe, imaginé que con dejarte en este presente no iba a ocasionar ningún problema en tu código. Ahora te pido que estudies al ser humano lo comprendas, se un guardián silencioso de la humanidad, y en el momento que te necesitemos, ya sea ahora o dentro de mil años, vengas a nosotros y nos ayudes a no perecer ya sea por nuestra propia estupidez.

– Así será.

– Gracias RescueLive-5

– Ya no poseo ese nombre, ahora me llamo “Deus ex Máquina”.

Esa ha sido la última conversación que tuve con él, confío en que algún día, antes que la humanidad perezca por guerras o hambrunas se manifieste ante nosotros y nos ayude a surgir nuevamente.

Ahora estoy muy cansado y empezando a sentir los estragos del esfuerzo físico, me iré a dormir y soñaré con un futuro mejor.

 

FIN.