Capitulo IV

Apunté el arma, parecía una 9 mm pero un poco más pesada, un laser rojo me ayudaba a apuntar con precisión, presioné el gatillo y un haz de luz salió disparado a gran velocidad golpeando en la cabeza al objetivo, agradezco a mi amigo Cesar Nisperuza por enseñarme a disparar armas de aire comprimido, la noción básica la tenía así jamás hubiese usado una verdadera.

La cabeza estalló de inmediato, parecía luz pero lo golpeó como algo solido a gran velocidad, la máquina soltó a Matías y este inmediatamente le dio una patada que la tumbó, le puso el pie en el pecho y disparó una gran ráfaga en todo su cuerpo, el metal y componentes mecánicos salían volando por todas partes. La máquina dejó de hacer cualquier ruido o emitir cualquier luz.

-¿Estás bien? – Pregunté muy asustado, creo que el hecho de saber que mi hijo fuese herido despertó el instinto protector, así sea un comandante entrenado de un futuro que no conozco.

– Si, no fue nada, pero esto me tomó por sorpresa, ¿de donde salió? – Miramos a través del agujero de la pared que había quedado cuando el Androide la atravesó, vimos un enorme deposito de tecnología antigua, graciosamente aunque antigua yo la desconocía.

– Vaya, dimos con un Hangar de almacenamiento, creo que esto es nuevo, las máquinas han estado ocupadas. – A Matías se le notaba una leve sonrisa, creo que no contaba con esta suerte.

-¿Crees que sea mejor por aquí? – Pregunté.

– Es un camino más amplio y con más opciones, debemos llegar a la Matriz y según el mapa que nos muestra el casco si cambiamos la trayectoria por esta ruta llegaremos mucho más rápido.

Tomamos el camino, llegaríamos más rápido pero de igual forma debíamos estar más prevenidos, sobre el techo del hangar se escuchaban fuertes explosiones y disparos, se notaba que una gran batalla había comenzado y cada segundo que nos demorábamos era una vida en potencia que se perdía. Pero mi estado físico empezó a mermar.

– No puedo más.  – Le dije – Estoy muy agitado y siento que los pulmones se me van a reventar, no puedo dar un paso más.

Sin dejar de correr me dijo.

– El traje está equipado con lo último en tecnología, solo tienes que decir “Comando Hiperventilación”.

Repetí las palabras y sentí un hormigueo en el cuerpo, enseguida dejé de sentir cansancio.

– El traje te está inyectando oxigeno directamente al torrente sanguíneo, por ello la sangre está más oxigenada y dejas de sentir cansancio, dura unas 5 horas, tiempo suficiente para terminar la misión, eso sí, mañana vas a amanecer adolorido por todos lados. – Se adelantó a explicar antes que le preguntara.

– Espectacular como ha cambiado la tecnología- Me sorprendí – también cuéntame sobre el arma que llevo, vi que salió una luz pero impactó como algo solido, además fue muy fuerte el golpe.

– Es luz compactada, quema como a más de 3 mil grados centígrados cuando impacta y golpea como una bala calibre 7, no tuve tiempo de explicarte la peligrosa arma que tenías.

– ¿En serio? – Mire dentro del cañón del arma, me la acerqué más para estudiarla mejor, dentro se veía una luz blanca, un blanco muy puro. De inmediato Matías me apartó el cañón de la cara.

– Te estoy diciendo que es la cosa más peligrosa que has podido manipular en la vida y te apuntas a la cara con ella. Te creí más listo. – Ahí se fue mi orgullo.

– ¡Cuidado! – Solo alcancé a decir, nos distrajimos tanto que no vimos una horda de Humanoides que venían hacia nosotros, al parecer el ataque que hubo con el primero alertó de la intromisión a la matriz. Varias balas impactaron en la pared ya que alcanzamos a tirarnos al suelo y cubrirnos detrás de un montón de chatarra.

– ¿Cuántas balas tengo? – Necesitaba saber cuantos tiros tenia.

–  Unas 1.024, estas no se cuentas como balas, se cuentan como capacidad de almacenamiento, cada disparo envía un total de 1 Yottabyte, puedes disparar esa cantidad.

– ¿Cuánto es eso?

– Mucho.

– ¿Y la tuya?

– La mía es más sofisticada, dispara una ráfaga de 1.024 Yottabytes por segundo. – Lo decía mientras disparaba contra los humanoides.

Me sentí estafado.

– Necesitamos movernos, voy a lanzar una bomba de Exabyte, la energía que emanará será suficiente para tostarle los circuitos a varios y dejar atontados a otros, mientras sus sistemas se reinician corremos.

– ¿Cómo dices? – No pude escuchar la explicación, Matías lanzó la granada y hubo una fuerte sacudida, aunque no se escuchó una explosión como tal.

– ¡Vamos juntos! – Salimos corriendo, vi una enorme mancha negra en el lugar que había caído la granada y muchos Humanoides destruidos, otros más intentaban ubicarse pero les era imposible, cruzamos sin problemas.

– ¿Cuanto llevamos corriendo?

– Cerca de 10 minutos, si miras el mapa el punto rojo muestra la matriz, debemos llegar a ella, te meterás dentro mientras te cubro, no deberás salir sea lo que sea que escuches, encuentra el código y arréglalo, eres la última esperanza.

– ¿Que pasará contigo?

–  Yo no importo, importa es la humanidad, cambiar el futuro.

–  No te dejaré Matías.

–  No es una opción Papá, por mí, por mamá, por todos… No es una opción.

Llegamos a un enorme espacio abierto donde vi por primera vez a la gran Matriz, era un servidor descomunal ubicado en el centro de todo, ahí residía el problema de la humanidad. Corrimos un poco más y llegamos al pie de la máquina y rápidamente Matías colocó una pequeña carga explosiva en su pared y la voló, apenas ocurrió esto el techo se desplomó, no me había fijado que todos esos eran Androides, muy diferentes a los Humanoides que nos habían atacado en un principio, estos tenían armaduras más fuertes y colosales.

De inmediato Matías abrió un compartimiento del traje que llevaba en su espalda y sacó una especie de tela, la desplegó en el suelo y esta se expandió a poco más de un metro.

– ¡Cúbrete!

– ¿Detrás de esta tela? Nos van a matar.

–  Esto es más resistente que cualquier metal, es una aleación de varios metales, nada la podrá atravesar. – Dicho esto Matías se asomó y empezó a disparar, vi la apertura que hizo la explosión.

– No te puedo dejar.

– ¡Vete!

Salí corriendo hacía la apertura mientras sentía que algunas balas me rozaban, depronto vi como una enorme mano robótica golpeaba el lugar donde se encontraba Matías, el pequeño pedazo de tela salió volando junto a mi hijo, el mismo golpe hizo que su casco saliera volando y vi como quedó en el suelo con las manos en los oídos gritando.

Me di cuenta lo que pasaba, estaban usando el mismo infrasonido con el cual me mataron.

Me devolví, me saqué el casco y llegué hasta él, se lo puse, y lo cubrí con mi cuerpo mientras le gritaba al enorme Robot que se había convertido lo que antes solo era un gran servidor para mí.

– ¡No le hagas daño a mi hijo! – Lo decía mientras con las manos en señal de detención intentaba en vano que las máquinas se detuvieran mientras sentía que iba muriendo por el ruido tan horrible que penetraba en mi cerebro mientras que Matías con el casco puesto yacía inconsciente. Pero así sucedió, todos los ataques cesaron y el ruido también. El enorme Robot abrió lo que era un compartimiento en el cual salió una pantalla, en el pude ver algo sorprendente, era mi rostro, mi rostro con un gesto de sorpresa en él y una voz robótica que decía.

–       Esto… esto es imposible, yo mismo te maté.

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