Capitulo I

Estoy aquí sentado en el computador para narrar los acontecimientos que me sucedieron anoche, se que nadie me creerá, pero debo escribirlo, es vital que el mensaje sea recibido y que la raza humana no cometa el error, o por lo menos, esté preparada para lo que se viene.

Eran las 11:00 p.m. mi esposa Katherine y mi hijo Matías se encontraban durmiendo pasiblemente junto a mí en una cama doble, nos gusta tanto dormir juntos que no hemos pensado en pasar al niño a su cuarto, o más bien queremos que lo haga un poco más adelante.

Sentí un ruido raro proveniente de la mesita de noche junto a la cama, fue como un pequeño pitido pero eso hizo que girara rápidamente a esa dirección, me acababa de ir a la cama pues trabajo hasta altas horas de la noche en un Software de Inteligencia Artificial para poderlo usar más adelante en búsqueda y rescate de personas desaparecidas en alta mar, es un trabajo personal y no le he contado a muchas personas sobre él.

La luz tenue que atraviesa la ventana me dibujo una figura corpulenta de pie con un aparato que acaba de activar ya que cuando me levanté de golpe un haz de luz iluminó la cama donde dormíamos, pero no presté mucha atención a ese aparato ya que en mi mente solo estaba alejar a ese intruso de mi hogar y de mi familia.

–  ¡Kate, nos están robando! – Alcance a gritar mientras empujaba con un abrazo forzado al intruso, fue un grito fuerte pero no hubo reacción del niño o de ella. No se que sucedió, pensé que el sueño de ellos era muy profundo y me concentré en reducir al oponente.

Tengo tiempo que no hago ejercicios pero no me impidió sacar fuerzas para defenderlos, lo abracé muy fuerte sacándolo del cuarto, destrocé la puerta en el forcejeo y caímos directo en la sala, en el abrazo noté que el ladrón llevaba un traje metálico, una especie de armadura, le di un rodillazo en la barriga, le golpeé en el rostro pero mi puño vino a encontrarse con un casco.

–  Tiene ese casco para que no lo reconozcan pensé en mis adentros, pero aún no había notado que estaba luchando a oscuras con alguien que entró sin usar ningún tipo de luz.

–  ¡Papá soy yo! – Exclamó.

No le presté atención, Matías es mi primer hijo y supuse que lo había dicho por adivinar que yo tuviese más hijos, para distraerme y poder atacarme, me empujó pero no me golpeó, solo quiso alejarme, yo más agresivo le mandé una patada a la cara, me dolió el esfuerzo cuando estiré el tendón, tenía años que no practicaba artes marciales y sin calentamiento es muy doloroso, aunque no me importó luego me repondría, el casco hizo un ruido metálico al contacto con mi pierna.

Me tomó de los hombros y de inmediato propiné unos golpes en su estomago, le di una patada en la rodilla izquierda que lo hizo tambalear, tomé su brazo e hice una llave para tirarlo al suelo.

En el momento que se vio en el piso escuché que decía.

–  No me dejas más opción.

Mi ego de cinta negra quedó por el suelo, con su simple fuerza rompió la llave que tenía y se dio vuelta haciendo que esta vez fuese yo quien estaba en el piso.

–  ¡Isidro, cálmate! – Me gritó.

Quedé sorprendido, me conocía, eso me hizo dudar por un momento en el cual mi atacante (o quizás yo era el suyo) aprovechó y se levantó encendiendo las luces de la sala donde habíamos caído en el forcejeo.

–  Vaya aún recuerdo donde queda ese interruptor. – dijo.

Me incorporé aún alerta a cualquier movimiento brusco, mientras que con calma el invasor se quitaba el casco. Quedé estupefacto con lo que veían mis ojos.

–  ¿Matías? – Pregunté asombrado.

Era un hombre corpulento, de unos 40 años de edad, vestía una especie de armadura con un camuflaje de tonos azules, su rostro aunque sin poderlo creer era parecido al mío, la diferencia eran sus grandes ojos azules y su cabello rubio, sin duda era mi hijo aunque no tuviese idea de cómo era posible tal afirmación.

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