Capitulo VI

DESENCADENANDO DUDAS

 

– Gran Señor, hemos recibido noticias. – Un querubín llegaba sudoroso con cara de preocupación, prosiguió.-  Ángeles han visto entrar a Marcus donde Miguel, y por lo que se escucha, están teniendo una encarnizada batalla.

–  ¿Como es posible?

El Gran Señor enfureció al escuchar semejante barbarie, aunque quedaba señalado que quien venciera a Miguel quedaba libre de pecado, ninguno perteneciente al reino del cielo lo había desafiado, era más un símbolo su derrota, puesto que la lucha era por un poder inimaginable y los Ángeles obedientes no deseaban tal poder.

– Estoy empezando a dudar de Marcus, si asesinó a Miguel quedará claro que sigue siendo el mismo insensato de siempre. Todo Ángel que lo ha desafiado ha sido porque piensa traicionar el reino, ninguno lo ha desafiado para volver con esa espada y ser su sucesor.

– ¿Voy en su ayuda?

El Gran Señor miró de donde provenía aquella voz, era Gabriel el cual se encontraba con una rodilla en tierra en señal de reverencia, ya vestía con su armadura celestial y empuñada firmemente su espada. El querubín entendió que no era su asunto y se marchó dejándolos solos.

–  Sabes que no puedo permitirte hacerlo, Miguel es un orgulloso guerrero y seria una ofensa para él que dudemos de sus capacidades. Espero que todo salga bien. Además Marcus tiene cuentas pendientes con nosotros y no creo que de la noche a la mañana se le olvide, por eso lo envié a la tierra y al lugar en donde cayó.

– Por lo menos envíe a alguien que lo vigile.

– Eso tengo pensado. ¡Oscuridad preséntate ante mí! -Con decir estas palabras un viento helado recorrió la sala de Trono.

– Aquí estoy, soy Oscuridad su fiel sirviente.

Parecía que ese ser hubiese estado todo el tiempo allí, salió detrás de la silla donde se sentaba el Gran Señor.

Vestía completamente de negro, sus piel estaba cubierta por completo con esa ropa al igual que su rostro, parecía serio en sus expresiones faciales dejando ver solo los ojos negros y profundos que daban una extraña sensación, como sino tuviese alma, corpulento, alas de un color azabache, el negro más puro que se pueda encontrar, también el cabello era negro y pareciese que su alma combinaba perfectamente con todo lo demás.

Era un ser temido, despiadado, quien hacia el trabajo sucio del cielo, la séptima plaga de Egipto, era la muerte en persona, había librado más batallas que cualquier Ángel, Arcángel o príncipe en el reino celestial, infierno, o humano conocido.

No se arrodillo, solo quedo al lado del Trono esperando instrucciones, sin inmutarse de la presencia de Gabriel y quizás de la presencia del mismísimo creador.

– Quiero que vigiles a Marcus, si ves que sus acciones amenazan contra el cielo, alguno de nuestros Ángeles o humano, no dudes en matarlo.

La orden fue seca y directa, algo en el parecía disfrutar de esa orden. Sin decir una palabra abrió sus alas y emprendió el vuelo.

¿MORIR O VIVIR HUMILLADO?

La batalla estaba en su punto para culminar, un Marcus agotado por esquivar tantos golpes y un Miguel  deseoso de asestar un mortal golpe.

No pasaban de rasguños y magulladuras pero sus cuerpos estaban al borde de colapsar por el agotamiento.

El espacio era muy reducido y Miguel tenia la ventaja o así lo hacia parecer.

Pero por un segundo Marcus entendió lo que sucedía, el era quien poseía el arma más codiciada de la creación, con ella se crearon leyendas, ¿porque parecía entonces una simple arma? Debía encontrar su fuerza, debía despertar ese poder y debía hacerlo ¡ya!

En un rápido y desesperado intento, corrió pegado a la pared encontrándose su oponente en la mitad del circulo, con la espada fue tumbando las cuatro antorchas que quedaban y en instantes todo quedo sumergido en una oscuridad y un silencio espeso.

Tanto era el silencio que empezó a escuchar un silbido en el oído, los dos sabían que cualquier ruido delataría su posición. Marcus aprovechó la quietud.

–  Has lo que sabes hacer, por favor dime ¿que poder tienes?

Pensaba para sus adentros mientras se colocaba la empuñadura de la espada en la frente.

Poco a poco empezó a sentir una vibración en la espada, extrañado la movió un poco hacia la derecha y sintió como vibraba un poco más.

Lo descubrió en un segundo, la espada estaba señalando el lugar donde su enemigo se encontraba.

Un ruido como el abanicar, lo sacó de su pronta alegría, sintiendo objetos afilados como cuchillos enterrados en varias partes de su cuerpo.

Sin dar tregua a que el dolor lo dominara, avanzó hacia donde la espada le vibraba y cuando sintió que no la podía controlar asestó un fuerte golpe al vacío.

Solo sintió un leve golpe, pero un grito calló el silencio inerte…

Sin saber que hacer pensó en luz y la espada ilumino la caverna, era una espada manejada por los pensamientos y solo los guerreros que se concentraban en sus batallas podían manipularla.

Tardó un poco en acostumbrarse a esa luz, Miguel estaba en el suelo boca arriba y recostado en la pared su expresión era de intenso dolor y detrás de él brotaba la sangre negra y espesa, tenía sus alas completamente desplumadas. En eso Marcus se miró y tenia algunas plumas incrustadas en su cuerpo había recibido un ataque, Miguel se había percatado de su descubrimiento en el manejo de la espada y en un acto de desesperación atacó soltando todas las plumas afiladas e intentando acabar con su enemigo.

–  Por algo fuiste líder de los Siete Caídos te felicito, ahora el tesoro del cielo es tuyo, úsalo con sabiduría.

Sin decir nada Marcus empezó a caminar hacia la salida, su cuerpo aunque con varias heridas ninguna era de gravedad, también no se podía negar la fortaleza de tal guerrero, había luchado hace poco tiempo contra Legión y a pesar de lo maltratado que había quedado, pudo vencer a Miguel, Arcángel y Príncipe del segundo Cielo.

–  ¡Espera!

Lo detuvo Miguel.

–  No voy a asesinarte Miguel. – Respondió adivinando lo que le iba a pedir.

–  Pues lo tendrás que hacer, he perdido mi honor. Déjame morir en manos de un enemigo digno.

–  Mejor vuelve al reino, imagino que te estarán esperando.

–  ¿Humillado? Dame lo único que te pido, no te puedes negar.

En un acto que solo los que entienden de honor lo aprobarían, Marcus se acercó a Miguel alzó la espada y de un golpe le atravesó el corazón convirtiéndose en una inmensa llamarada el angelical cuerpo, así terminó la vida del gran guerrero ya que la forma de morir de un Demonio o un Ángel es consumirse en llamas, con esto desaparece su existencia y no hay regreso ni al infierno ni al cielo es la muerte absoluta para ellos.

IMPRUDENCIA CELESTIAL

Marcus salió de aquella cueva tan oscura y lúgubre encontrándose con un golpe de sol, era de mañana siendo casi las nueve.

– No puedo creer que haya demorado tanto en la pelea. – Pensó.

Una brisa fría, que erizó los vellos de aquel guerrero lo alertó. Aún recordaba la primera vez que la sintió y su mente se llenó de odiosos recuerdos. El paisaje era hermoso con verde pasto, rodeado de colinas y árboles frondosos, una brisa fresca soplada refrescando el lugar, pero algo no encajaba.

– Veo que el cielo duda de mí. Sé que estás ahí Oscuridad, todavía sigues haciendo el trabajo sucio, debes sentir mucha alegría.

–  Pero si es el famoso demonio, parece que hubiese sido ayer nuestro encuentro.

En la batalla de los Siete Caídos, hubo un encuentro entre estos dos seres, y de sus oponentes cada uno tenía vivo al otro. A la vez eran asesinos y sobrevivientes. Ninguno antes había escapado de la espada de Oscuridad y ninguno antes había escapado de las garras de Marcus.

–  A mi parecer eso lo tenemos pendiente.

–  Pero si llegas a ser perdonado no creo que eso se pueda. – Replicó Oscuridad.

–  ¡En el bando que sea tu fuiste, eres y serás mi enemigo desgraciado!

Ante tal frase Oscuridad cambió la expresión de su mirada en una más siniestra de inmediato desenfundó su espada e igual le siguió Marcus.

–   Acabemos esto de una vez. – dijo Oscuridad.

–   Cambiaría mil cielos solo por verte morir en mis manos.- Retó Marcus.

–    ¡Alto! – Un Serafín había sido enviado para asegurarse de que todo marchara bien, alcanzó a llegar a tiempo.

–    He venido para traerles un mensaje del Gran Señor. Les recuerda que ahora pertenecen a un mismo lugar y quien lo desobedezca pagará las consecuencias.

Los dos guerreros guardaron sus espadas.

–    Será en otra ocasión Oscuridad pero de que la habrá la habrá.

En su interior Marcus despertó emociones en contra del cielo que parecían haber estado guardadas esperando el momento para salir.

No se sentía a gusto intentando volver a un lugar que le había quitado todo, pero tampoco quería volver al lugar que se lo había intentado quitar otra vez. Entre el cielo y el infierno había elegido el cielo pues pensaba que allí eran enterados todos de las decisiones que se tomaban pero por lo que había ocurrido no estaba ya tan seguro de eso, empezó a dudar si en verdad quería volver al reino celestial.

Dejó que sus pensamientos cesaran por un momento y se concentró en el demonio a quien debía acabar, Alzó el vuelo.

–    ¿Que sucede?

Sintió una vibración en la espada, la desenfundó y vio que vibraba y con el movimiento de esta, vibraba aun más si la apuntaba hacia el sur. Enseguida se dirigió a esa dirección.

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