Capitulo I

Son las seis de la tarde, el frío del invierno me cala hasta los huesos, aunque pronto dejaré de sentir cualquier dolor, cualquier sufrimiento.

Estoy subida en las barandas de un puente, las heladas aguas del río me esperan pronto. A mis 23 años he sufrido tanto, lo he perdido todo y ya no hay necesidad de vivir. Estoy dispuesta a saltar y dejar este mundo que tan cruel me ha tratado.

Escucho sirenas, acabo de llegar, no puede ser que le hayan informado tan pronto a la policía, aunque es una hora muy transitada ningún vehículo se ha percatado de mi presencia.

Giro mi cabeza y veo un cambio drástico de los acontecimientos un hombre rubio, acuerpado, vestido de negro y con un gran bolso a sus espaldas del mismo color de su vestimenta se abalanza rápidamente hacia mí, tiene un arma en las manos, es muy rápido y no alcanzo a reaccionar, pienso que es un policía que acaba de salvar a una suicida de su trágico fin… Pero me equivoco totalmente.

Me toma fuertemente y pega mi espalda a su pecho mientras grita.

– Aléjense o la mato.

Abro mis ojos de par en par, me doy cuenta de la situación, paso de ser una suicida a ser un rehén, varios policías a pie se detienen y apuntan hacia nosotros, los vehículos frenan abruptamente dejando un olor a caucho quemado, de ellos bajan más policías, de un momento a otro el concurrido puente se vuelve aún más caótico y soy parte de la escena principal, y no siendo suficiente, un helicóptero se nos acerca por el costado del puente donde segundos antes me pensaba lanzar, con una gran linterna que nos ilumina.

–  No estoy bromeando, si no se alejan le disparo. Ustedes serán culpables de su muerte!

Sonaba muy serio, sabía que sus amenazas eran serias, muchas veces estuve en esa situación y la desesperación te lleva a cometer actos atroces, actos que luego te remorderán la conciencia.

Caí en cuenta que recordé el porqué estaba ahí, vi su situación desesperada, sentí como poco a poco se iba haciendo más y más hacia la orilla, sentí como sus pies rozaban el borde.

Estaba muy calmada, gire mi cabeza hacia él, tenía un hermoso cabello rubio y pude ver unos brillantes y feroces ojos azules, pensé para mis adentros que era una lástima que tan hermoso hombre fuera un acompañante fortuito para mi triste final.

No hice mucho esfuerzo, solo tuve que empujarnos un poco con mis piernas y nos fuimos, él abrazándome hacia el precipicio, donde las heladas aguas del río acabarían con nuestras vidas. Mi última mirada al mundo exterior era la del rostro de aquel hombre mirándome sorprendido por lo que acababa de hacer.

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