¡Hagamos volar la imaginación!

Archivo mensual: enero 2013

Capitulo II

Caí al agua, como era de esperarse el impacto contra el agua y el frío de esta hizo que me sobreviniera un terrible dolor, el peor que jamás había experimentado, las turbulentas aguas no dejaban ver nada, algo me jaló, ¿un tronco? ¿Piedras? ¿La muerte?

Mi respiración no la pude aguantar, era mi bocanada final, luego se llenaría de agua helada mis pulmones y mi existencia acabaría en milésimas de segundos.

Respiré hondo, lo más hondo que pude, esperando que fuese rápido.

Fue una bocanada enorme de aire puro, el dolor en mis pulmones fue insoportable y el shock de todo lo que había pasado hizo que mi cuerpo flaqueara, luego todo fue oscuro…

Abro poco a poco los ojos, lo primero que veo es al hombre que poco antes me apuntaba con un arma sentado en una silla a mi lado.

–  En verdad estás loca, sabía que ibas a saltar, pero jamás imaginé que lo harías conmigo.

–  ¿Qué sucedió?

Nada, solo que te salvé la vida.

–  ¿Por qué? ¿Quién eres?

–  Las preguntas te las contestaré más adelante.

Me levanté, me di cuenta que no tenía la ropa mojada, antes llevaba unos jeans azules, por el contrario ahora tenía puesto un vestido negro.

– No podía dejarte con esas ropas, tuve que controlar la hipotermia.

Me levanté, quise dirigirme hacia la puerta pero el lugar era sombrío y oscuro.

– ¿Dónde está la salida?

Se quedó por unos segundos mirándome.

–  ¿Salida? – Lo dijo irónicamente.

–  No te permito que salgas a ninguna parte.

–  ¿Por qué, sigo siendo tu rehén? – Le pregunté de forma desafiante.

–  ¿Mi rehén? Absurdo. – En estos momentos eres mía, me perteneces, tu vida es mía, todo tu ser, tus pensamientos, tus acciones y lo que hagas ahora en adelante son de mi propiedad.

– No soy tuya ni de nadie ¿con qué derecho me dices estas cosas?

Sacó su arma, se abalanzó hacia mí y me estrelló contra la pared, me puso la pistola muy fuerte en la cabeza, su mano agarraba mi mentón fuertemente para que lo mirara a los ojos mientras aprisionaba con su cuerpo el mío.

El miedo se apoderó de mí y no intenté defenderme en lo absoluto.

– Tú estás muerta, tu nombre, tu pasado, lo que hiciste o pensabas hacer, estás muerta, moriste en el momento que decidiste saltar de ese puente, moriste en el momento que tocaste el agua, en el momento que diste la última bocanada de aire. Saqué tu cuerpo pero no tu ser, así que eres mía y si no te gusta lo que te estoy diciendo ahora mismo tomo la vida que te di y te vuelo la tapa de los sesos.

Sentí que cargó el martillo, me di cuenta que era un revolver, también me di cuenta que no estaba jugando.

– ¿Entendiste?

Asentí con un mínimo movimiento de cabeza.

– ¿Entonces qué decides, aceptas que eres de mi propiedad o el disparo?

Me soltó bruscamente para que le respondiera.

– Acepto que mi vida te pertenece, haré lo que me pidas.

– Desvístete ahora mismo.

Me iba a violar, iba a ser violada en ese preciso momento por un hombre que decía que era mi dueño, estaba atónita, pero vi decisión en su mirada y lo hice casi que de inmediato. Quede totalmente desnuda mientras intentaba taparme un poco con mis manos.

– Vístete, no creas que te voy a hacer algo, jamás tocaría a una basura como tú. Ahora lo que necesito es que duermas, mañana empezará tu entrenamiento y será mejor que descanses.

Me sentí una estúpida de pie totalmente desnuda y sin que el único hombre quien sabe a cuantos kilómetros a mi alrededor me hubiese lanzado aunque sea una mirada mórbida. Me di cuenta que fue solo para probar si había dicho la verdad, pero lo que me dejó esa noche en vela fue lo último que había dicho.

–  ¿A qué tipo de entrenamiento se está refiriendo? – Dije en voz alta en la oscuridad de ese lugar.


Capitulo I

Son las seis de la tarde, el frío del invierno me cala hasta los huesos, aunque pronto dejaré de sentir cualquier dolor, cualquier sufrimiento.

Estoy subida en las barandas de un puente, las heladas aguas del río me esperan pronto. A mis 23 años he sufrido tanto, lo he perdido todo y ya no hay necesidad de vivir. Estoy dispuesta a saltar y dejar este mundo que tan cruel me ha tratado.

Escucho sirenas, acabo de llegar, no puede ser que le hayan informado tan pronto a la policía, aunque es una hora muy transitada ningún vehículo se ha percatado de mi presencia.

Giro mi cabeza y veo un cambio drástico de los acontecimientos un hombre rubio, acuerpado, vestido de negro y con un gran bolso a sus espaldas del mismo color de su vestimenta se abalanza rápidamente hacia mí, tiene un arma en las manos, es muy rápido y no alcanzo a reaccionar, pienso que es un policía que acaba de salvar a una suicida de su trágico fin… Pero me equivoco totalmente.

Me toma fuertemente y pega mi espalda a su pecho mientras grita.

– Aléjense o la mato.

Abro mis ojos de par en par, me doy cuenta de la situación, paso de ser una suicida a ser un rehén, varios policías a pie se detienen y apuntan hacia nosotros, los vehículos frenan abruptamente dejando un olor a caucho quemado, de ellos bajan más policías, de un momento a otro el concurrido puente se vuelve aún más caótico y soy parte de la escena principal, y no siendo suficiente, un helicóptero se nos acerca por el costado del puente donde segundos antes me pensaba lanzar, con una gran linterna que nos ilumina.

–  No estoy bromeando, si no se alejan le disparo. Ustedes serán culpables de su muerte!

Sonaba muy serio, sabía que sus amenazas eran serias, muchas veces estuve en esa situación y la desesperación te lleva a cometer actos atroces, actos que luego te remorderán la conciencia.

Caí en cuenta que recordé el porqué estaba ahí, vi su situación desesperada, sentí como poco a poco se iba haciendo más y más hacia la orilla, sentí como sus pies rozaban el borde.

Estaba muy calmada, gire mi cabeza hacia él, tenía un hermoso cabello rubio y pude ver unos brillantes y feroces ojos azules, pensé para mis adentros que era una lástima que tan hermoso hombre fuera un acompañante fortuito para mi triste final.

No hice mucho esfuerzo, solo tuve que empujarnos un poco con mis piernas y nos fuimos, él abrazándome hacia el precipicio, donde las heladas aguas del río acabarían con nuestras vidas. Mi última mirada al mundo exterior era la del rostro de aquel hombre mirándome sorprendido por lo que acababa de hacer.


Capitulo V… Empieza la acción.

LEGION

Un rugido que se escuchó a varios kilómetros, un rechinar de llantas, un estrepitoso ruido al chocar el vehiculo, varios golpes sobre el metal, el grito de una mujer que se detiene súbitamente, un segundo de silencio, y un rugido pero esta vez parecía el grito de un bestia herida, luego… todo vuelve a quedar en silencio.

–   ¡Mamá!

Otra vez sobresaltada en su cama, Luna se incorporó, su cuerpo estaba bañado en sudor como todas las noches por culpa de ese sueño recurrente. Se acercó para ver mejor el reloj que estaba en la pared, ya era poco más de las dos y media de la madrugada.

–   ¿Es que acaso este sueño no me va a dejar de atormentar?

Salió de su cuarto y bajo por las escaleras, la noche estaba clara como la anterior, cruzó la sala y echó un rápido vistazo hacia el cuarto de Marcus, solo vio la puerta cerrada. Se dirigía hacia la cocina para tomar un poco de agua, encendió la luz y de inmediato tuvo que ahogar un grito de terror.

–   ¿Te asuste?

Marcus se encontraba sentado en la mesa y en su mano reposaba un vaso con agua medio vacío.

–    Si, casi me matas de un susto, ¿dime, no puedes dormir?

–    No, tenía que aclarar mis pensamientos.

Luna se había olvidado del vaso de agua, ahora apreciaba un poco más la forma de Marcus, este llevaba puesto la parte inferior de un pijama, Luna se dio cuenta que tenia una pequeña cicatriz en el hombro izquierdo, se veía que había sido profunda.

–  ¿Y que te pasó allí? – Señalando a la cicatriz.

–  Uno de mis encuentros más mortales.

– ¿Acaso eres soldado?

-Si, algo así.

-¿Ósea que esta herida es reciente?

– Exactamente.

– Dime la verdad, no te quise preguntar sobre esas alas, ¿en verdad que eres?

– Un Ángel. – al decir esto se volteó para ver su expresión, pero más sorprendido quedó el cuando ella no se inmutó con lo que le dijo.

– ¿Por qué si el cielo es tan bello como se dice, hay Ángeles como tu que renuncian a él?

De todas las preguntas esa ni el mismo se la había hecho, y parecía que ella conocía del tema, sabia que era un caído y esto lo llevó a hacerse más preguntas. ¿Será que parte de su ser sabe quien soy? Se apresuró a contestar.

– Es que el cielo no es perfecto, como todo.

Esa respuesta si que no se la esperaba Luna.

– Pero si renunciaste a él, ¿eres un demonio?

-Fui uno, pero ya no, quiero regresar al cielo.

-¿Entonces porque te quieres regresar?

– Pues porque me aburrí del infierno. – quedo pensativo un momento y luego se levantó de la silla – Mejor vete a dormir, dentro de poco me tengo que preparar para partir.

– ¡Espera!  Lo detuvo.

-¿Porque me llamaste Eleczabeth? Marcus se tensionó al escuchar ese nombre.

–  Es una muy larga historia, te lo contaré en otra ocasión. – Habló sin siquiera voltearse a mirar, luego de esto prosiguió su camino.

Al despuntar el sol Marcus sentía que había recobrado toda su fuerza, aunque le preocupaban sus alas estaba haciendo algunos ensayos de vuelo y veía que aunque estaban muy maltrechas podía volar a gran velocidad, como el lugar era apartado no tenia problemas en temer que alguien extraño lo viera.

De pronto una sensación de escalofríos rodeo su cuerpo,  en el mismo instante Luna aparecía en la puerta del patio con una taza de café.

– Quédate aquí y no salgas. La miraba con los ojos abiertos en su totalidad.

-¿A dónde vas?

– El cielo pide que luche en contra del mal, para aceptarme de nuevo.

– ¿Ya empezó?

-Le pregunto Luna como sabiendo lo que sucedía.

– No lo sé.

Marcus emprendió el vuelo dirigiéndose hacia el lugar que le indicaban sus instintos, un guerrero siempre sigue sus instintos, es el sentido que puede salvarle la vida en cualquier situación.

Luna no se iba a quedar con las ganas de saber que sucedería, subió rápidamente al segundo piso, se cambio de ropa colocándose unos jeans y una blusa lo más rápido que pudo y salió corriendo rumbo hacia el garaje.

– Maldición. Dijo en voz alta. Se devolvió corriendo, hurgó en su bolso y sacó unas llaves, se dio media vuelta apresurándose a no perder al Ángel de vista. El no saber donde ubicarlo si era Ángel o Demonio decidió que fuera Ángel, tal vez porque en el fondo quería que fuera así.

Cuando Marcus llegó al lugar, se encontró con un paisaje escalofriante para muchos, para el una visión mas de las que había visto estando en el infierno, estaba en el sur de la ciudad donde vivían a unos cinco kilómetros de la casa de Luna. Miles de personas caminaban como zombies, los ojos completamente perdidos dejándoles ver la parte blanca únicamente y sus gestos mostraban la ira que los consumía. Miró hacia el lugar de donde provenían aquellos seres poseídos, no tardó en divisar la causa, era una figura de tres metros. Apartando a cientos de personas llego hasta ella, era una monstruosidad con brazos gruesos, dientes afilados, no tenia piel sino la carne viva, ojos completamente rojos y una sonrisa dibujada siempre en su rostro, era de contextura gruesa, todo en el reflejaba maldad.

– ¿Quien eres? Preguntó Marcus.

–  Nos llamamos Legión porque somos muchos, líder del séptimo infierno y vamos poseyendo a quien se nos acerque, tu debes ser Marcus quien ha venido a acabarnos. ¡Jajajajajaja!. He venido por ti.

Sin decir más se abalanzó sobre Marcus, lo abrazó dejándolo casi sin respiración, luego lo lanzó hacia los edificios que se encontraban cerca reventándolo fuertemente contra ellos mientras le caían encima una hilera de escombros y polvo.

Marcus incorporándose rápidamente se lanzó en forma vertical hacia aquel demonio, propinándole un fuerte golpe con el puño cerrado en la quijada, el golpe se escuchó como un trueno pero lo único que hizo fue que soltara una pequeña risa casi imperceptible volviendo el rostro a su lugar.

– ¿Esa es toda tu fuerza o es solo un calentamiento?

Se mofó, esto no le hizo mucha gracia a Marcus quien sentía un fuerte dolor en la mano derecha la cual había dado con sus nudillos en el rostro de eso que no era cosa ni nada.

– Es muy fuerte.

Dijo para sus adentros. Sin tiempo de pensar, una horda de zombis lo prensó, si bien es sabido cuando un humano es poseído su fuerza aumenta considerablemente, por ello no pudo soltarse antes que Legión, mientras dejaba escapar una risa macabra, le propinase un golpe parecido al que él le había dado, claro parecido en técnica porque en fuerza fue mucho peor.

Marcus soltó una bocanada de sangre y cayo arrastrándose varios metros, intento incorporarse pero sus piernas no le dieron para levantarse. Estaba perdido.

Teniendo el ojo derecho muy inflamado por el golpe tan atroz que acababa de recibir, vio cuando esa bestia se irguió dándole un aspecto mas fuerte y aterradora y  tomando esta un impulso, corrió sobre el, alzó su brazo para darle el golpe final y una luz muy fuerte tan blanca como las sagradas vestiduras de los santos cegó a Marcus y todo quedo en oscuridad absoluta.

MIGUEL 

Marcus se despertó estaba su cabeza en las piernas de Luna mientras esta le acariciaba su larga cabellera.

–  ¿Que sucedió?

–  ¡El monstruo huyo!

Contestó Luna.

–  ¿Hacia donde?

Señalando hacia un punto entre calles, Luna dijo.

–  Por ahí.

Marcus se incorporó aunque su cara expresó dolor, no se quejó, no podía ver bien por su ojo inflamado pero de todas formas se apresuró a ir detrás de Legión. Al intentar incorporarse cayó de rodillas y la joven tuvo que hacer fuerza para que ese corpulento ser no se le escapara de los brazos.

–  Estas muy herido, ese demonio te puede matar, vamos ven conmigo, el carro  lo deje cerca.

–  ¿Que sucedió? ¿que fue esa luz?

–  ¿Cual luz?, no lo se, cuando llegue el monstruo estaba corriendo asustado.

Alzó un poco la mirada para ver el rostro de Luna que caminaba asustada, pero no parecía que fuera por el Demonio, estaba perdida en sus pensamientos y hacía las cosas mecánicamente, por instinto de supervivencia algo había visto ella que no le quiso decir.

Llegaron pronto a la casa, Luna lo bajo del carro mientras le gritaba al empleado quien vino al auxilio de inmediato. Lo llevaron hasta su cuarto acostándolo rápidamente, estaba semiconsciente por el golpe tan fuerte que había recibido.

–  Estas hecho una mierda Marcus. –Decía para sus adentros. – Mira dos humanos, débiles e indefensos cuidan de ti, lo han hecho desde que llegaste.

–  ¡Suéltenme! – Gritó mientras se levantaba de nuevo.- Hay un demonio queriendo destruir la ciudad y no me voy a quedar acostado, soy un guerrero debo detenerlo.

Diciendo esto salió al patio, extendió sus alas, echándole una rápida mirada a Luna le dijo.

–  Te agradezco lo que has hecho por mí, pero tengo que ir a ver a un viejo enemigo. Creo saber como matar a ese demonio y una cosa más, no vuelvas a seguirme es muy peligroso.

Sin tiempo de que Luna hiciese preguntas necias, alzó el vuelo pero la dirección no era donde se encontraba Legión.

En un vuelo a gran velocidad llevaba horas buscando su objetivo, divisó un lugar apartado y sin nada que lo diferenciara de los demás lugares en la tierra, cambio de rumbo hacia la tierra sin disminuir la velocidad, solo lo hizo cuando estuvo a un metro del suelo aterrizando suavemente en frente de una cueva  apartada de toda civilización.

Marcus se adentro sin tantos miramientos en el interior de esta, a medida que iba caminando el suelo se tornaba color grisáceo, era un lugar oscuro y poco a poco se iba perdiendo la luz, estaba húmeda y mal oliente.

–  Que lugar tan lúgubre, ni siquiera un demonio aguantaría estar aquí, hay cosas que aun no entiendo de su actitud. – Sus pensamientos se hacían más profundos a medida que se adentraba.

Un tiempo después entre quince o veinte minutos, una luz empezaba a distinguirse y el suelo mas ligero haciéndolo hundirse casi hasta las rodillas. Llegó hasta el final de la cueva y entro al lugar donde provenía la luz. Se sintió mejor puesto que llegó a un lugar despejado de esa cosa gris. Se sacudió un poco y mientras lo hacia sintió que alguien estaba con el.

–  Muestra mas respeto. Eso que sacudes tan violentamente son las cenizas de muchos Ángeles y Demonios.

Marcus alzó la vista y ahí estaba. El Arcángel príncipe del segundo cielo, alto, piel blanca y arrugada, mostraba un estado de vejez avanzada con su cabello cano y cuerpo escuálido con costillas prominentes. No quedaba ni la sombra del majestuoso guerrero.

–  Miguel, años sin verte.

–  Pues son bastantes, ¿cuantos cien? ¿Doscientos?

–  Tres mil, tienes tres mil años de estar aquí.

–  Como pasa el tiempo. – El Arcángel mostraba su sorpresa en esos profundos ojos azules.

–  Dime una cosa Miguel, no entiendo lo de las cenizas.

–  Son  todas las almas que vinieron por la gloria y el poder, por lo mismo que tú viniste.

–  No quiero pelear contra ti. Te vencería en un instante mira lo acabado que estas por andar metido en esta cueva.

–  Que las apariencias no te engañen Marcus, que no te engañen.

–  Tu mismo dejaste bien claro que quien te maté tendrá derecho a tomar el tesoro del cielo y no ser juzgado por tu asesinato.

–  Tienes toda la razón pero ten en cuenta que llevo tres mil años y no me han hecho más que leves rasguños.

–  Eso es porque no te has enfrentado jamás a mí. – Tenía un dejo de confianza en su mirada, había llegado hasta aquí y no pensaba irse con las manos vacías.

Miguel extendió sus majestuosas alas, las cuales todavía estaban conservadas y puras, para él era vital mantenerlas en buen estado.

El lugar que los rodeaba era un círculo de veinte metros de diámetro perfecto en su totalidad, lo único que lo deformaba era la abertura por donde había entrado, lo iluminaba cinco antorchas con un fuego azul y en línea recta con la entrada en el otro extremo se encontraba una espada muy brillante con unas palabras escritas, no tenia que acercarse para saber que decían esas palabras. “El tesoro del cielo, úsese con justicia”. Ese era su premio, por ella venia.

Miguel le dio la espalda y tomó la espada, a su lado se encontraba la funda de ella, no la guardaba allí solo para decorar su triste cueva.

Dio un giro de ciento ochenta grados mientras abanicaba la espada, una fuerte brisa pegó contra Marcus el cual no se inmuto. Había sido una forma de intimidación de parte del Ángel para evitar la pelea. Pero Marcus solo pensaba o irse con la espada o convertirse en parte de la alfombra gris que cubría la entrada.

–  Empecemos, debo rezar luego por tu alma. Se burló Miguel.

Diciendo esto flexionó un poco las piernas y se impulsó intentando atravesar el pecho de Marcus, este alcanzó pobremente a esquivar hacia un lado el golpe recibiendo la primera herida en el hombro derecho, esa arma era tan fuerte que le dejó una herida pequeña pero dolorosa.

Aprovechando el impulso del Ángel al fallar su objetivo lo golpeó en la espalda haciéndolo estrellarse de frente contra las paredes de la cueva. Acto seguido corrió hasta él y le dio otro golpe en la espalda el cual fue muy fuerte puesto que no amortiguo el golpe por la pared que lo aprisionaba.

Miguel gritó con los dientes apretados lanzando un golpe con la espada mientras giraba hacia su enemigo, pero este adelantándose a su movimiento estaba del otro lado tomando una de las antorchas y acto seguido se la lanzó dejándolo por un momento ciego, momento que aprovechó bastante bien, con una fuerte patada le arrancó la espada de las manos quedando esta a pocos metros de ellos.

Se abalanzaron por la espada, los dos cayeron al suelo tocándola con la punta de los dedos, esta rodó un poco más, viendo la imposibilidad de no poder tenerla hasta alejar a su enemigo empezaron a forcejear el en suelo. Miguel batió sus alas lográndose impulsar un poco hacia atrás pero Marcus le propino un golpe con la pierna haciéndolo perder el equilibrio y cayendo sin control al otro extremo.

En ese momento Marcus corrió y recogió la espada,  sintió una extraña fuerza que lo invadía en el segundo de tener contacto con ella.

– Ya tengo la espada, no te muevas Miguel o te atravesaré, no tienes oportunidad ante mí.

– Vaya, me has dejado sorprendido no creí que llegaras tan lejos, muy pocos han logrado arrebatarme la espada.

– ¿Muy pocos? – Estaba extrañado, ¿Si le habían quitado la espada porque no se la habían llevado?

– ¿Crees que has ganado? ahora viene la verdadera prueba. Si en verdad mereces el tesoro del cielo, deberás derrotarme con ella.

Diciendo esto, se llevó sus manos a la espalda.

– Que va a coger, no tiene nada en la espalda. – pensó Marcus.

Enseguida se dio cuenta lo equivocado que estaba.

Miguel se llevó las manos hacia los extremos de sus alas, en la parte donde estas empiezan a unirse con el cuerpo las agarró firmemente y tiró con todas sus fuerzas, soltando un grito de dolor mientras estas se desprendían del cuerpo. Quedó con ellas en las manos ensangrentadas y su espalda se le cerró las heridas casi de inmediato.

– Pocas veces he tenido que recurrir a esto. ¡Prepárate para morir Marcus!

Su mirada había cambiado, el dolor que sintió lo llenaba de ira.

Marcus entendió su estrategia, Miguel convertía sus alas en poderosas armas.

Miguel atacó sin dar tregua a Marcus de reponerse de su asombro, solo por centímetros logró escapar al ataque, las dos alas chocaron contra el suelo quedando él en medio de ellas, había logrado dar un giro de noventa grados y quedado de perfil. Rápidamente con el codo asestó un fuerte Golpe en la cara de su adversario, dejándolo desubicado por un segundo el cual aprovechó para alargar la distancia entre ellos.

Pero Miguel enseguida que lo ubicó se lanzó nuevamente al ataque esta vez girando sobre su mismo eje, con una técnica la cual combinaba un feroz ataque y una poderosa defensa ya que no le daba espacio a su enemigo de atacar y el bloquear su ataque seria en vano.