Capitulo IV

¿Un Ángel?

Marcus despertó sobresaltado, dio una ligera mirada al lugar, para su sorpresa se encontraba descansando en una suave cama, tenia un paño con agua en su frente, al lado estaba un recipiente con agua tibia, tal vez era para mojar el paño, se encontraba desnudo, solo una sabana le cubría el cuerpo.

Un rostro familiar se asomó desde la puerta y de inmediato salió corriendo, alcanzó a escuchar cuando gritaba, tío ven que ya despertó.

–  ¿Donde estoy?

Se preguntó mentalmente, no creía buena idea que los humanos se dieran cuenta de su existencia, y aquella mujer, tenia un parecido sorprendente a Eleczabeth. Añoraba ese rostro, así hubiesen pasado más de mil años – no puede ser coincidencia- se dijo pero una voz varonil lo saco de sus pensamientos.

–  Buenos días caballero, sé que tiene algunas preguntas como nosotros muchas más. – Hablaba con cierto nerviosismo.- Mi nombre es Efraín y usted está en mi hogar, es un lugar muy seguro así que no se preocupe.

–   ¿Que me sucedió?

–   No sé caballero, lo encontramos en las cercanías de nuestro hogar, estaba inconciente y parecía herido de gravedad. Pero aún no me ha dicho su nombre.

–    M…Marcus.

Respondió con cierto titubeo, no le parecía correcto empezar a involucrarse con humanos.

–  No debe tener ninguna desconfianza amigo, usted esta con personas buenas.

Esa frase le pareció tan absurda, para Marcus el ser humano le parecía el ser mas malvado que pudiese existir.

–  Gracias.

Alcanzó solo a decir.

–  ¿Quiere que llame a un doctor?

–  No se preocupe por mi no tengo nada, gracias por su preocupación.

–  Que bueno escuchar eso.

–  Vine a ver que estuviese bien, lastimosamente debo salir por un par de días y no podré estar con usted, no se preocupe quedará en buenas manos.

Efraín no estaba muy de acuerdo con esa decisión y se sentía tonto al dejarse convencer de su sobrina.

El viaje que tenía era muy importante, estaba a punto de hacer el negocio que sacaría de una inminente quiebra el negocio de la familia y era vital para ellos el no faltar a esa cita.

–  No te preocupes tío, no creo que este tipo vaya a poder conmigo.

Se acordó de las palabras de su sobrina, pero la idea de dejarla sola con un total desconocido, que parecía un Ángel por sus alas, o mas bien un loco. La única condición era que el dejaría un empleado que la acompañara.

Rato después de la corta conversación, se subió a la camioneta un poco preocupado. Y se alejó, su sobrina y su empleado lo habían despedido en la entrada y se perdían poco a poco en el horizonte.

–  Y tantas preguntas que tenia que hacerle, ¡ah! -Se lamentó.

Marcus intentó bajarse de la cama, parecía que le pesaba el cuerpo, tenia unos cuantos años que no se materializaba y esa sensación siempre era rara en un principio. Puso los pies en el suelo y poco a poco se incorporó, sentía un alivio al sentirse mas independiente y dueño de su cuerpo.

Salió del cuarto, sorprendido del la espaciosa sala que tenia al frente de su cuarto, caminó un poco, quiso salir de esa casa lo mas pronto posible para empezar con su misión, pero una sensación de debilidad le hizo postergar su decisión. Camino un poco y salió a un precioso jardín que quedaba a las afueras del patio, una brisa suave recorrió su cuerpo, el olor dulce de las flores llegaron a su olfato, una sensación de tranquilidad lo invadía, esa era una de las cosas mas preciadas que un demonio podía obtener porque en el infierno una de las cosas que mas escasean es la tranquilidad.

– No recuerdo cuando fue la última vez que me detuve a ver la belleza de tu creación. – Lo dijo mirando hacia el cielo.

–  Con que aquí estas.

Una voz le acababa de hablar a sus espaldas, giró bruscamente encontrándose con lo único que recordaba de su caída, el rostro de Eleczabeth.

–   Pensé que te habías ido. Mucho gusto mi nombre es Luna. – Diciendo esto le estiro la mano en un intento de estrecharla.

El se quedo mirando como si no supiera como responder, ella al intuirlo bajo inmediatamente la mano.

– Marcus. – Se presentó en un tono seco.

Se quedaron mirando uno al otro por un segundo, Marcus aun llevaba las sabanas envuelta en su cuerpo.

– Tengo ropa que creo que te quedaría muy bien. Pero antes me gustaría que me respondieras ciertas preguntas que como entenderás son lógicas por como te encontramos.

–    No me molesta, ¿que quieres saber?

– ¿Eres un Ángel?

-Esa pregunta es demasiado para un humano, está muy lejos de su comprensión. Pero te la responderé en consideración a la ayuda que me has dado.

Se dio la vuelta para seguir mirando el hermoso jardín, aunque su intención era la de no demostrar la curiosidad que sentía por el rostro de la joven.

– No, no soy un Ángel. Por favor no me preguntes nada más.

Su tono hizo ruborizar a la joven la cual entendió su impertinencia en asuntos que no le importaba.

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