Capitulo III

CAER POR SEGUNDA VEZ

-Caer, no siento nada, en una sensación de no existir, una sensación de abandono, no puedes controlar tu cuerpo. Caer es una sensación triste saber que te han expulsado y no tener a nadie, se siente un gran silencio una soledad inmensa y eterna.

El viento rozaba con fiereza el rostro de Marcus a medida que tomaba conciencia de su cercanía con el suelo, su cuerpo por el roce de la fricción con el aire se envolvió en fuego, su fuerte cuerpo lo soportaba.

En el firmamento, solo se veía el paso de una estrella fugaz para aquellos que no entendían su significado pero para el infierno y el cielo era el inicio de una nueva batalla, un Ángel estaba cayendo hacia la tierra, una muy mala señal.

Esa noche,  se escuchó un estruendo seguido de un quejido despertando a los pájaros que dormían en las cercanías del bosque, quienes formaron un alboroto durante unos minutos, Marcus se incorporo, dio unos pasos y se fue de bruces quedando inconsciente, se encontraba totalmente desnudo, lo peor, solo con los enemigos al acecho.

LUNA 

Era una noche oscura, la niebla hacia que el conducir se hiciera más lento para Eduardo, iba en su carro ultimo modelo con su esposa a su lado, en el asiento trasero bien asegurada viajaba la niña de escasos diez años de edad, tenia las luces exploradoras encendidas, esa noche la niebla estaba más espesa que de costumbre.

–  ¿Mi amor que es eso? Le preguntó su esposa.

Apenas realizó la pregunta, unos ojos rojos brillaron ante las luces, un feroz rugido se escuchó, un grito de pánico de la esposa, al instante que se oía el rechinar de llantas y un estruendo…

– ¡Mamá!

Luna se despertó sobresaltada, sudando y con ganas de llorar, siempre tenía esa pesadilla, el recuerdo de ese día no dejaba de atormentarla.

-¿Porque esta pesadilla, porque ese recuerdo, será la sed de venganza, el odio hacia esa criatura que nos atacó?

Eran preguntas sin respuestas, aunque la policía atribuyó ese accidente al ataque de un oso, no se explicaban que animal podría ser tan fuerte como para destrozar un vehículo así, además, no se explicaban como la niña sobrevivió al ataque y tampoco porque parecía que hubiese habido un incendio si el carro no había botado el combustible.

Ella quedó siendo heredera de una adinerada familia y su tío por parte de padre fue quien la crió, haciéndose cargo de ella y la fortuna, un hombre correcto que supo administrarla bien, su casa tenía estilo español a la antigua, con adornos y cuadros que hacían referencia a aquella época, con  un segundo piso en el cual solo estaba el cuarto de Luna, amplio, sin televisor o algún aparato innovador, solo era su hermoso cuarto con adornos muy caros de artesanos famosos, su cama  amplia con sabanas blancas, y una mosquitera que hacia juego con estas.

Era una mujer de veinticinco años de edad, piel blanca, cabello negro ondulado, unos ojos miel que hacían que cualquiera mirara un poco más de lo normal su rostro, cuerpo  fino y voluptuoso, reflejaba una belleza inocente culpable de numerosos pretendientes pero como su tío le decía debía cuidarse de los buscadores del dinero, por eso era precavida en todo  lo referente al amor, parecía que esperaba a alguien, como ella decía su príncipe azul.

Se levantó de la cama acercándose a la ventana que abrió de par en par intentando tomar aire para volver a dormir, la luz de la luna atravesaba su camisón transparente dibujando una hermosa sombra en el piso con  tal delicadeza que parecía hacerlo a propósito. A lo lejos divisó una ancha columna de humo, y en ella gracias a la claridad de la luna pudo ver que había un cráter. Intentando mirar más se inclinó pero estaba muy lejos para saber con certeza de lo que se trataba.

– No soñé el ruido, fue de verdad. –Dijo para sus adentros.

El señor Efraín se levantaba un poco molesto, tenía una reunión muy importante y su curiosa sobrina lo levantaba gritando para que fueran a ver una estúpida roca que había caído a un kilómetro de la casa, esta se encontraba alejada de la ciudad para mayor tranquilidad. Tomó una linterna y un poco somnoliento se dirigió al auto, insertó la llave, presionó varias veces el acelerador y lo encendió, el ronroneo de la camioneta terminó de asesinar el silencio que mantenía tranquilo a ese señor de cincuenta y cinco años.

–  Niña que curiosidad llevas, algún día te va a acarrear problemas.

Los ojos de Luna brillaban como una verdadera niña dirigiéndose hacia un parque de diversiones.

–  Te juro tío que vi algo en ese cráter, parecía una persona.

–  Lo único que me preocupa de tu historia es que sea verdad y la dichosa piedra le haya caído a alguien en la cabeza.

Aunque era un tipo gruñón ella sabia que en el fondo el también tenia curiosidad de ver de cerca lo que había caído.

Llegaron en menos de cinco minutos al lugar, la hermosa joven se bajo sin dejar que el vehiculo se detuviese totalmente corriendo hacia el lugar del impacto, el humo era muy espeso, y el polvo en el aire levantado no se había disipado aún, Luna tosió y tuvo que taparse la boca para poder respirar, su tío apenas se bajaba del vehículo mientras que sacaba un pañuelo para protegerse. Se acercó un poco más y vio que su sobrina estaba temblorosa, sin dar crédito a lo que sus ojos veían.

Marcus abrió sus ojos en ese momento, y se encontró con una mirada hermosa que lo observaba.

– Eleczabeth. – Alcanzó a decir antes de caer otra vez inconciente.

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