Capitulo II

REGRESO DEL TRAIDOR

El salón del cielo rompió su eterno silencio en un eco que se perdía en el infinito a causa del murmullo de miles de voces, eran Ángeles que discutían entre sí, había una conmoción, una rabia colectiva al saber que ese día se llevaría a cabo una audición en contra de alguien que fue uno de ellos pero que dejo oscurecer su corazón por ansias de poder.

-¡SILENCIO! Debemos dejar que hable para saber que quiere.

Hablo el Gran Señor y todos enmudecieron volviendo el salón a su silencio habitual.

Con pasos pequeños pero firmes el  traidor se acercó, su aspecto era de un hombre de más de treinta años, cabello negro, media metro ochenta, piel trigueña, llevaba el pecho desnudo con pantalón y botas negras, de su espalda emergían dos majestuosas alas, a diferencia de las blancas y puras que poseen los Ángeles estas eran negras, símbolo de su expulsión, símbolo de un demonio, se acercó y arrodillándose ante él dijo.

-Vengo a pedir tu perdón, ¡Oh! Gran Señor.

En el  salón con sus pisos de oro, su reluciente sillón de marfil y plata, sus paredes tan blancas como la conciencia de un niño, y su magnificencia ante cualquier construcción universal, se había escuchado tal cosa por primera vez, desde que fueron creados sus Ángeles. El  traidor se irguió y dio pequeño paso que retumbo en un eco largo y silencioso todos estaban estupefactos.

-Y crees que es así de sencillo, no naciste humano con defectos, naciste Ángel, fuiste un ser perfecto teniendo todo conocimiento del bien y el mal, tu decidiste tu destino, tu escogiste la muerte.

Apretando los puños al escuchar tales palabras interrumpió.

-Soy una creación tuya y se que tengo derecho de arrepentirme y tu que perdonaste a humanos ¿porque a mi no que soy mas cercano a ti?

– ¡Como te atreves a hablarle así a tu creador!

Interrumpió Gabriel, el Arcángel Príncipe del Octavo cielo. Dicho esto sacó su espada que llevaba siempre en su espalda, dentro de una hermosa funda elaborada por Ángeles y prosiguió ahora dirigiéndose al Gran Señor.

–  Déjame acabar con esta bestia, es nuestro enemigo, acabó el solo con tantos Ángeles, déjame acabar ahora mismo con el.

–  ¡Cálmate Gabriel!

Con atronadora voz el Gran Señor reprendió al Arcángel. Luego con voz más pausada prosiguió.

-Le he dado mi palabra de escucharlo, además le aseguré que su vida seria respetada. – Prosiguió mirando fijamente a su hijo pues aunque demonio era hijo de él, el lo había creado y por ello seguía siendo su hijo.

–         Sabes que eres de los enemigos más despiadados y que haz sido pieza clave en la batalla de los siete caídos. ¿Cómo osas venir así nada más a pedir semejante cosa? No eres humano que nació del pecado y con la maldad en la sangre eres un Ángel y manchaste con sangre ese rango celestial.

–   Todos tenemos derecho a cometer errores, además tu haz cometido los tuyos y no has pagado por ello.

–    ¡Como te atreves a juzgarme!

Tantos siglos habían pasado que el Gran Señor no se levantaba de su trono, pero en ese momento se levanto iracundo. Los Ángeles que presenciaban ese encuentro no daban crédito a lo que sus oídos habían escuchado.

–  No te alteres, – Se apresuró el traidor a decirle- vengo en paz, y así quiero irme.

Preocupado el traidor no sabia como salir de ese ataque tan directo al orgullo, había llegado donde sus enemigos en paz y contrariado sacado de sus casillas al Gran Señor.

-Tus razones son buenas pero se nota que no has estado aquí por mucho tiempo para entender del todo, ha sido tu osadía, tu ambición la que te metió en esto, no yo. El Gran Señor caminó hacia el y siguió diciendo.

Si en verdad quieres regresar debes probar tu lealtad y sobre todo tu corazón para ser digno de esto.

-Que dice el consejo en su sabiduría.

El gran señor preguntó.

Gabriel guardando su sagrada espada dijo.

–  Infinita es tu sabiduría y no podemos contrariarte si dices que una prueba es lo que necesita para volver a ser un ángel pues así será.

El gran señor dijo

–  Se que nada es imposible, pero eres aun un demonio si en verdad quieres volver a ser uno de nosotros no te será fácil el camino. Para nadie es un secreto que se está planeando algo muy maligno para el mundo terrenal, ya Satanás a reunido a sus Ángeles Caídos y se disponen  acabar con todo lo que tiene vida, si en verdad deseas tanto la redención, Ve y lucha contra ellos. Solo si tu corazón esta verdaderamente convencido que no tomarás el camino del mal vencerás, sino, tu ser desaparecerá ante la mano de alguno de ellos y nadie podrá hacer nada por ti.

– Acepto con tal de tener tu perdón.

El traidor dejó escapar una leve sonrisa casi imperceptible en su rostro. Parecía como si su plan estuviese funcionando.

–  ¡Esta bien, esta es mi condición! – El gran Señor empezó a dictar su sentencia- No serás humano pero vivirás como tal, no serás demonio pero estarás condenado como tal y tampoco serás Ángel pero lucharas contra el mal como uno de ellos. ¡He dicho!

– Escuchaste bien  traidor, le pregunto Gabriel el gran guerrero.

– Escuché bien – Se acercó un poco donde estaba sentado el Arcángel, luego con voz clara y firme le dijo – Y mi nombre es Marcus.

Acabado de decir esto, una extraña fuerza lo elevó y ante sus ojos el cielo desapareció.

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