Capitulo II

Todo en silencio, nos ubicamos detrás de las trincheras que los antiguos ocupantes del campamento habían hecho para enfrentarse a cualquier enemigo, aunque sabíamos muy bien que no funcionaba contra lo que fuera que enfrentábamos

No se que animal pueda tener esa fuerza pensé en ese momento, pero el cuerpo sin vida de Argel cayó a un metro de donde nos protegíamos, fue lanzado desde la espesura del bosque, dimos una ojeada rápida sin movernos de nuestro lugar para inspeccionarlo, estaba lleno de enredaderas, lo habían asfixiado hasta su muerte, aún tenía el fusil en sus manos con el dedo presionando desesperadamente el gatillo, parecía que aunque muerto aún temiera a lo que sea que lo haya matado.

– Mi Teniente, debemos salir de aquí cuanto antes. – Me sacó del trance la voz de Sarmiento, un valiente soldado raso que estuvo  en una emboscada de insurgentes siendo el único que había salido vivo de allí peleando con fiereza hasta que llegó la ayuda, jamás se daba por vencido y nunca le vi miedo en sus ojos, hasta esa noche.

Hice una señal, me pasó el radioteléfono.

– Anubis a base, Anubis a base, ¿base me copia?

-Aquí base, ¿Qué sucede Teniente?

-Hemos sido atacados, repito, hemos sido atacados, no sabemos que o quien, pero la zona no es segura, necesitamos extracción inmediata, tres hombres han sido asesinados, no hay heridos.

– Explíquese ¿como así que no saben quien ha sido el atacante?

– No hay tiempo para explicaciones, debemos salir de aquí cuanto antes, lo único que le puedo decir es que no hay señales de grupos insurgentes.

– Copiado Anubis, deben dirigirse al punto de extracción, en 20 minutos llegará el transporte, este ya ha sido enviado hacia allá.

El punto de extracción quedaba a 2km del campamento, es una zona segura para que el helicóptero aterrizara, de inmediato nos propusimos a salir de ese infierno, el problema era que 2km en una selva tan espesa es un camino difícil de recorrer y llegar en 20 minutos significaba que debíamos apresurar el paso.

Tracé la mejor ruta tomando de referencia el mapa que memoricé en la base antes de salir, cerca corría un arroyo y si lo seguíamos llegaríamos de forma rápida.

Hice una señal, todos salimos de la trinchera.

– Mi Teniente, ¿escuchó? – El más joven del equipo se dirigió a mí.

-No Suárez, ¿que has escuchado?

-Una voz mi teniente, me está hablando.  – Dicho eso Suárez se puso muy nervioso, miraba para todas partes, estaba sudando intensamente.

– ¿Suárez que sucede? ¡Suárez! – No escuchó mis llamados, como tampoco escuchó la orden de permanecer en su sitio, salió corriendo como loco gritando.

– Aléjate de mí, aléjate de mí. – Gritaba a todo pulmón.

Apareció algo de la espesura, una enorme enredadera lo atravesó desde la espalda, ensartado esta lo alzó sobre nuestras cabezas, una segunda enredadera lo atravesó cerca a la primera, Suárez emitía gritos de terror, soltó su arma.

-¡Mi Tenienteeeeee!

Fueron sus últimas palabras, luego las enredaderas lo separaron por la mitad, bañándonos en su sangre y vísceras.

Comenzamos como locos a dispararle a esa cosa, los impactos de bala destrozaron las enredaderas por la mitad pero el resto volvió a ocultarse en la maleza.

Salimos huyendo, corriendo con nuestra máxima capacidad hacia el punto de extracción, jamás ninguno de mis hombres se había enfrentado a algo así.

Lo extraño era que todos escuchábamos el mismo susurro mientras huíamos.

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