La luna llena brillaba intensamente, el cielo estaba despejado y se podía ver claramente el brillo de esta en las hojas de las Katanas, los dos Samuráis mostraban signos de agotamiento, sus Kimonos cortados y muchas heridas, algunas requerían saturación inmediata a riesgo de morir desangrados.

Yosiko líder del Clan se enfrentaba a duelo con aquél quien fue capaz de deshonrar su casa, tomando a su esposa como amante, pero sus ojos en vez de furia mostraban dolor, un dolor por el alumno querido a quien dejó entrar a su casa y enseñado las técnicas secretas del arte Samurái.

Kota, mucho más joven, vio el amor en los ojos de la mujer de su maestro, incapaz de rechazarla, cayó en la tentación y tuvo un romance con ella clandestino, prohibido y peligroso, ya que el castigo para aquella transgresión era la decapitación de la mujer y un duelo a muerte para el hombre.

Sora estaba atenta al duelo, lo presenciaba angustiada, su castigo era conocer el destino de sus amados, todo el Clan estaba reunido, los rodeaban en un amplio círculo para dejar que aquellos hombres combatieran sin que alguien los estorbara. Yosiko había dado una orden, aunque su casa hubiese sido profanada, aquel que diera muerte al otro tendría derecho a quedarse con la mujer, ya que era su alumno y el permitió que ese amor que desconocía llegase hasta esos límites. El Clan debería obedecer las ordenes si llegase a morir, o esperar que el decidiera que hacer con Sora, si llegase a vivir.

Una vez más los dos hombres arremeten con todas sus fuerzas, Yosiko aventajaba en su experiencia, en sus miles de guerras luchadas, Kota aventajaba en su agilidad y destreza que le otorgaba la juventud, además siendo el mejor aprendiz conocía cada movimiento de su maestro, las Katanas chocan, una chispa surge de tan terrible impacto, matar o morir, esa era la única regla  de la noche, uno de los dos saldría con vida o ninguno lo haría.

Sora le llevaba solo un año a Kota de edad, es la tradición que los hombres con poder y alto estatus desposaran a mujeres jóvenes para que estas tuviesen varios hijos aprovechando las bondades de la juventud. Por ello los amantes cayeron en la tentación, seducidos por el placer de la carne joven y vigorosa, pues Kota no conocía el calor de otras mujeres el día que la tomó.

El jadeo se hace más intenso, llevan un largo tiempo contado por nadie, las fuerzas ya están empezando a ceder, el brote de sangre en las heridas abiertas por el filo del acero se hace más abundante a medida que los corazones laten con más fuerza, los combatientes conocen esta situación, saben que la pelea está por terminar, lo deducen porque les queda poco tiempo para definirla o morir  por desangre, deben tomar la dolorosa decisión que ambos estaban evitando.

Se separan unos metros de distancia, ambos se posicionan tomando sus Katanas con las dos manos, el Clan se paraliza, todos se aterran al saber que usaran la técnica secreta, aquella que hizo de Yosiko una leyenda y que su querido alumno aprendió a dominarla tan bien o mejor que él, una técnica peligrosa, de poder, fuerza y precisión. Los únicos que la dominan  van a atacarse con ella.

Sus ojos se concentran en un punto de su contrincante, arrastran el pie derecho hacia atrás, con el cual en un despliegue de fuerza extrema salen disparados  el uno contra el otro, un grito de batalla emana de sus gargantas, es el fin para ambos o para uno de los dos.

A poco de chocarse ven aparecer una forma humana entre ellos, se percatan de que es Sora, quien con los brazos abiertos trata de detener el combate, se sitúa de frente a Kota y dándole la espalda a Yosiko, pero lo que ella no sabe es que la técnica no tiene marcha atrás, ambos intentan frenar pero ya es tarde, el impulso y la fuerza que llevan la hace infalible y mortal.

Sora es atravesada en el corazón por ambas Katanas, y luego estas atraviesan el corazón de los combatientes, Kota atravesó a Yosiko y Yosiko atravesó a Kota, los tres quedan atados por las mortales armas tan cerca, que sus pechos tocan a Sora.

Ella alarga su brazo izquierdo a Yosiko abrazándolo y su brazo derecho abrazando a Kota, sonríe mientras las lagrimas brotan de sus ojos escurriendo por las mejillas, Kota y Yosiko en su último aliento también la abrazaron, sus brazos se alargaron para abrazar tanto el alumno al maestro como el maestro al alumno, en señal de disculpa y perdón para así marcharse juntos al más allá, quizás en la otra vida exista un lugar para ese amor.

Todo quedó en calma, una suave brisa recorrió el lugar, esa noche el Clan lloró la muerte de los tres amantes.

 

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