Capítulo I

Sentado en un restaurante con su familia, disfrutaba de un delicioso almuerzo, Isaac estaba feliz, ese día había tenido un importante ascenso y su mujer concertó una cita para celebrar.

Era un hombre común, serio en su vestimenta, muchas veces camisas de un solo tono, pantalón de tela y mocasines, todo un hombre de oficina, su cabello era negro y usaba gafas, su hijo le decía a veces Harry Potter bromeando, no podía sentir mayor dicha en su realización como ser humano. Pero ese día no iba a ser perfecto para él.

De repente Isaac dejó de comer, quedó quieto y en silencio mirando a la calle.

-¿Cariño sucede algo? Preguntó su mujer.

Apenas terminó de decir esas palabras un agudo silbido se escuchó, luego un enorme estruendo en la mitad de la calle, vehículos y transeúntes salieron disparados al aire, cayendo muy lejos de ahí, las ventanas del restaurante y las viviendas alrededor fueron rotas por la fuerza del impacto y una nube de polvo los cubrió.

– Cof, cof ¿Isaac, que fue eso? Preguntó su mujer mientras sujetaba al niño para que no le respirara todo ese polvo.

– Amor, tienes que irte de aquí, debes hacerlo lo más rápido posible. – Isaac le hablaba a su esposa de espaldas, no quitaba la mirada de la calle.

Tres extrañas siluetas se vislumbraban del cráter que se había formado en la calle, mientras la gente huía despavorida gritando, a lo lejos se escuchaban sirenas, y las tomas de agua brotaban el preciado líquido con fuerza.

Su esposa volvió a insistir.

– ¿Qué sucede? ¿Por qué no vienes con nosotros?

Isaac volteó la mirada a su mujer, sus ojos ya no eran los de siempre, brillaban en un intenso rojo, sus pupilas iguales a la de los felinos, su expresión era aterradora, con una ira intensa.

– ¡Vete, Ahora! – Le dijo, mientas señalaba la ventana rota.

Su mujer asustada, tomó al niño del brazo y salió apresurada del local por la ventana señalada, no tenía idea de lo que estaba sucediendo, pero Isaac sí.

Estaba siendo cazado.

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