El ruido es ensordecedor, los flashes penetran en mis ojos, los siento como agujas ardientes, me anuncian.

—En esta esquina el Campeón Invicto de los pesos pesadoooooos…. Faaaauuustooooo!

Todos gritan, me aplauden, me animan, pero en verdad lo único que quieren es verme caer, quiero darles ese gusto, quiero que disfruten mi derrota, que sea por KO. Quiero sentir el sabor de la derrota aunque sea una vez. Salto, alzo los brazos y saludo, el público enloquece, pero yo no me siento así, estoy tranquilo, sereno, no, aún no despierto.

—Y en la otra esquina, deseando el preciado cinturón  catorce veces invicto con cero KO…

No escucho su nombre, no le doy importancia de quien sea o que quiere, cuando me derrote, cuando me tenga tendido en la lona, entonces lo sabré, mientras no.

Me acercan al centro del cuadrilátero cara a cara con mi adversario, no escucho al Referí, he escuchado la misma norma durante diez años seguidos, chocamos los guantes en señal de juego limpio, nos alejamos cada uno a su esquina y por fin… Suena la campana.

Nos acercamos, lanza sus primeros puños para medir distancia, eso me impacienta, yo solo quiero que me golpee, sentir su fuerza en mi cara,  en mi cuerpo, sentir los golpes, sentir que me tumba, que caigo desfallecido a la lona, sentir que el mundo se va, que me voy con ese mundo. Quiero sentir todas esas sensaciones que jamás he sentido, quiero saber a qué sabe la derrota.

Lo veo, ha tomado confianza, le costó veinte segundos hacerlo, se me abalanza, viene con todo, siento su primer golpe en mi cara, otro más, no me protejo, no quiero protegerme, golpea mis costillas e hígado, me da otro golpe en la cara, escucho los gritos, se oyen más fuerte, entran en mi cabeza parece una explosión de una gran bomba atómica. Siento un gancho en mi barbilla que me hace mirar hacia arriba…

Todo queda en silencio, reconozco esa sensación, ya no soy aquel, ya no soy Fausto, ha despertado la bestia que vive en mí, el golpe no me ha hecho daño, ninguno de esos golpes me han hecho daño, me abalanzo hacia él, mi cuerpo lo empuja hacia las cuerdas, comienzo su fin.

Costillas, hígado, costillas, se protege, le rompo la protección, cara, cara, cara, costilla, hígado, cara, gancho, gancho, derechazo a la barbilla, siento que desfallecen sus piernas, siento que su vitalidad se desvanece… Cae.

Me apartan, siempre me apartan. Comienza el eterno conteo.

Sé que no se va a levantar, pero no me alegra, lo envidio, acaba de conocer lo que jamás podré experimentar.

Anuncios