Capitulo I

Estoy solo en la espesura de esta selva, es de noche, huyo de algo que aún no he comprendido que es,  siento que mis pulmones van a estallar pero no dejo de correr, el miedo me invade porque sé que mi hora ha llegado…

Soy el Teniente Duran, pertenezco al equipo Delta de búsqueda y rescate, entrenado en contraguerrilla, uno de los mejores en mi área. Llegué hace más de una hora liderando a un equipo de 14 hombres, las órdenes eran simples, debíamos responder  una llamada de Auxilio en un campamento aliado a 26km de la base, estaba siendo atacado por insurgentes, o eso creíamos, no  esperábamos encontrarnos con algo así.

Llegamos al punto asignado, lo que vimos fue aterrador, aún para 15 soldados acostumbrados a la guerra, los cuerpos esparcidos por todo el campamento, la sangre impregnada en todos los rincones, signos de lucha, disparos al azar, disparaban a la nada, no comprendíamos lo que ocurrió con estos soldados, ningún sobreviviente, ni uno solo. Revisamos los cuerpos y no había signos de impactos de bala, todos estaban descuartizados con una fuerza aterradora a sangre fría, lo único extraño era ver mucha maleza dentro del campamento, enredaderas por todos lados, la mayoría de cadáveres estaban envueltos en ellas, como si algo o alguien lo hubiese hecho, piernas y brazos desmembrados colgaban en los árboles que rodeaban el campamento, aterrador y a la vez extraño.

Eran las 20:00 horas cuando llegamos al lugar, di la orden de inspeccionar los alrededores en grupos separados, luego de un par de minutos recibimos una voz de alerta de parte del cabo Argel, todos estábamos nerviosos con los dedos en el gatillo, algo allá afuera se había movido y no sabíamos lo que era.

–  Somos el Ejército Nacional. ¿Quién anda ahí? – Gritó Argel.

No recibimos respuesta, pero se escuchaba un sonido, suave como un susurro, no comprendíamos lo que decía. Hice una señal a Argel, Guzmán, y a Sánchez para que investigaran. Tres hombres fuertemente armados se adentraron a esa parte del bosque. No pasó ni un minuto cuando un grito de terror nos erizó, se escucharon ráfagas de metralleta, vimos a lo lejos como se iluminaba el punto donde estaban ellos, de pronto el grito de Guzmán se hacia más lejano y desesperado, mientras veíamos la luz que emanaba de su arma, quedamos estupefactos al ver la gran velocidad en la que se alejaba dicha luz de nosotros hacia lo más profundo del bosque, luego el silencio total.

Todos estábamos apuntando nuestras armas hacia el punto donde ellos desaparecieron, teníamos los dedos temblorosos puestos en los gatillos.

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