¡Hagamos volar la imaginación!

Archivo mensual: mayo 2012

Capítulo I

Sentado en un restaurante con su familia, disfrutaba de un delicioso almuerzo, Isaac estaba feliz, ese día había tenido un importante ascenso y su mujer concertó una cita para celebrar.

Era un hombre común, serio en su vestimenta, muchas veces camisas de un solo tono, pantalón de tela y mocasines, todo un hombre de oficina, su cabello era negro y usaba gafas, su hijo le decía a veces Harry Potter bromeando, no podía sentir mayor dicha en su realización como ser humano. Pero ese día no iba a ser perfecto para él.

De repente Isaac dejó de comer, quedó quieto y en silencio mirando a la calle.

-¿Cariño sucede algo? Preguntó su mujer.

Apenas terminó de decir esas palabras un agudo silbido se escuchó, luego un enorme estruendo en la mitad de la calle, vehículos y transeúntes salieron disparados al aire, cayendo muy lejos de ahí, las ventanas del restaurante y las viviendas alrededor fueron rotas por la fuerza del impacto y una nube de polvo los cubrió.

– Cof, cof ¿Isaac, que fue eso? Preguntó su mujer mientras sujetaba al niño para que no le respirara todo ese polvo.

– Amor, tienes que irte de aquí, debes hacerlo lo más rápido posible. – Isaac le hablaba a su esposa de espaldas, no quitaba la mirada de la calle.

Tres extrañas siluetas se vislumbraban del cráter que se había formado en la calle, mientras la gente huía despavorida gritando, a lo lejos se escuchaban sirenas, y las tomas de agua brotaban el preciado líquido con fuerza.

Su esposa volvió a insistir.

– ¿Qué sucede? ¿Por qué no vienes con nosotros?

Isaac volteó la mirada a su mujer, sus ojos ya no eran los de siempre, brillaban en un intenso rojo, sus pupilas iguales a la de los felinos, su expresión era aterradora, con una ira intensa.

– ¡Vete, Ahora! – Le dijo, mientas señalaba la ventana rota.

Su mujer asustada, tomó al niño del brazo y salió apresurada del local por la ventana señalada, no tenía idea de lo que estaba sucediendo, pero Isaac sí.

Estaba siendo cazado.


El ruido es ensordecedor, los flashes penetran en mis ojos, los siento como agujas ardientes, me anuncian.

—En esta esquina el Campeón Invicto de los pesos pesadoooooos…. Faaaauuustooooo!

Todos gritan, me aplauden, me animan, pero en verdad lo único que quieren es verme caer, quiero darles ese gusto, quiero que disfruten mi derrota, que sea por KO. Quiero sentir el sabor de la derrota aunque sea una vez. Salto, alzo los brazos y saludo, el público enloquece, pero yo no me siento así, estoy tranquilo, sereno, no, aún no despierto.

—Y en la otra esquina, deseando el preciado cinturón  catorce veces invicto con cero KO…

No escucho su nombre, no le doy importancia de quien sea o que quiere, cuando me derrote, cuando me tenga tendido en la lona, entonces lo sabré, mientras no.

Me acercan al centro del cuadrilátero cara a cara con mi adversario, no escucho al Referí, he escuchado la misma norma durante diez años seguidos, chocamos los guantes en señal de juego limpio, nos alejamos cada uno a su esquina y por fin… Suena la campana.

Nos acercamos, lanza sus primeros puños para medir distancia, eso me impacienta, yo solo quiero que me golpee, sentir su fuerza en mi cara,  en mi cuerpo, sentir los golpes, sentir que me tumba, que caigo desfallecido a la lona, sentir que el mundo se va, que me voy con ese mundo. Quiero sentir todas esas sensaciones que jamás he sentido, quiero saber a qué sabe la derrota.

Lo veo, ha tomado confianza, le costó veinte segundos hacerlo, se me abalanza, viene con todo, siento su primer golpe en mi cara, otro más, no me protejo, no quiero protegerme, golpea mis costillas e hígado, me da otro golpe en la cara, escucho los gritos, se oyen más fuerte, entran en mi cabeza parece una explosión de una gran bomba atómica. Siento un gancho en mi barbilla que me hace mirar hacia arriba…

Todo queda en silencio, reconozco esa sensación, ya no soy aquel, ya no soy Fausto, ha despertado la bestia que vive en mí, el golpe no me ha hecho daño, ninguno de esos golpes me han hecho daño, me abalanzo hacia él, mi cuerpo lo empuja hacia las cuerdas, comienzo su fin.

Costillas, hígado, costillas, se protege, le rompo la protección, cara, cara, cara, costilla, hígado, cara, gancho, gancho, derechazo a la barbilla, siento que desfallecen sus piernas, siento que su vitalidad se desvanece… Cae.

Me apartan, siempre me apartan. Comienza el eterno conteo.

Sé que no se va a levantar, pero no me alegra, lo envidio, acaba de conocer lo que jamás podré experimentar.


Capitulo I

Estoy solo en la espesura de esta selva, es de noche, huyo de algo que aún no he comprendido que es,  siento que mis pulmones van a estallar pero no dejo de correr, el miedo me invade porque sé que mi hora ha llegado…

Soy el Teniente Duran, pertenezco al equipo Delta de búsqueda y rescate, entrenado en contraguerrilla, uno de los mejores en mi área. Llegué hace más de una hora liderando a un equipo de 14 hombres, las órdenes eran simples, debíamos responder  una llamada de Auxilio en un campamento aliado a 26km de la base, estaba siendo atacado por insurgentes, o eso creíamos, no  esperábamos encontrarnos con algo así.

Llegamos al punto asignado, lo que vimos fue aterrador, aún para 15 soldados acostumbrados a la guerra, los cuerpos esparcidos por todo el campamento, la sangre impregnada en todos los rincones, signos de lucha, disparos al azar, disparaban a la nada, no comprendíamos lo que ocurrió con estos soldados, ningún sobreviviente, ni uno solo. Revisamos los cuerpos y no había signos de impactos de bala, todos estaban descuartizados con una fuerza aterradora a sangre fría, lo único extraño era ver mucha maleza dentro del campamento, enredaderas por todos lados, la mayoría de cadáveres estaban envueltos en ellas, como si algo o alguien lo hubiese hecho, piernas y brazos desmembrados colgaban en los árboles que rodeaban el campamento, aterrador y a la vez extraño.

Eran las 20:00 horas cuando llegamos al lugar, di la orden de inspeccionar los alrededores en grupos separados, luego de un par de minutos recibimos una voz de alerta de parte del cabo Argel, todos estábamos nerviosos con los dedos en el gatillo, algo allá afuera se había movido y no sabíamos lo que era.

–  Somos el Ejército Nacional. ¿Quién anda ahí? – Gritó Argel.

No recibimos respuesta, pero se escuchaba un sonido, suave como un susurro, no comprendíamos lo que decía. Hice una señal a Argel, Guzmán, y a Sánchez para que investigaran. Tres hombres fuertemente armados se adentraron a esa parte del bosque. No pasó ni un minuto cuando un grito de terror nos erizó, se escucharon ráfagas de metralleta, vimos a lo lejos como se iluminaba el punto donde estaban ellos, de pronto el grito de Guzmán se hacia más lejano y desesperado, mientras veíamos la luz que emanaba de su arma, quedamos estupefactos al ver la gran velocidad en la que se alejaba dicha luz de nosotros hacia lo más profundo del bosque, luego el silencio total.

Todos estábamos apuntando nuestras armas hacia el punto donde ellos desaparecieron, teníamos los dedos temblorosos puestos en los gatillos.


Llego a la casa, acabo de discutir con mi mujer dejándola donde su madre, me siento un fracasado, tengo problemas económicos y no se qué hacer, no me alcanza el sueldo y siento que la vida poco a poco me está pasando sin haber logrado nada para ella ni para mi hijo. Necesito tener una solución rápida o el siguiente mes no podremos pagar el arriendo o siquiera comer, mucho menos comprarle lo necesario para el bebé (leche, pañales). Pienso, pienso, pienso, pienso, no hay salida, las tarjetas de créditos están copadas, mis familiares jamás me ha ayudado, mucho menos en esta situación, ya que no hablo de tres pesos  en realidad necesito mucho dinero.

Arrojo las llaves no me importa donde caigan, me tiro en el sofá, lo acaricio y recuerdo lo caro que me costó en esa época, la época en que creí que todo iba a ser color de rosas pero la veo tan lejos, el tiempo donde iba a los Grandes Centros Comerciales a gastar el dinero con una sonrisa de oreja a oreja, que lejanos y felices tiempos…

Miro a mi alrededor, al fondo veo la cocina, diviso un frasco, lo reconozco inmediatamente, es el veneno que compré para las hormigas. Me invita a un trago, me lo pienso, en realidad no es mala idea, tengo la vida hecha un asco y recuerdo que mi seguro cubre suicidios, cien millones de pesos valgo: es lo que pienso y me imagino a mi mujer e hijo disfrutando del dinero, comprando todo lo que querían, además no está la persona que les ha jodido la vida, es la imagen perfecta un plato menos, y una vida llena de felicidad. Me inclino para levantarme.

— ¡No lo hagas! – escucho una voz a mi lado, giro rápidamente mi cabeza.

Me creía solo pero no, en la otra esquina del sofá está él, sentado con las piernas cruzadas y la mano tocándose la barbilla con el índice alargado hacia la mejilla, recostado un poco hacia un lado en una actitud serena y relajada. Vestido únicamente con un pantalón negro, dejando descubierto su torso color rojo y músculos prominentes, los cuernos con llamas al final, su cola recogida en el sofá y sus pezuñas emanando una especie de humo con olor a azufre. Salgo de mi estupor y me doy cuenta que Satanás está en mi casa.

— ¿No deberías alentarme en vez de detenerme? – es lo primero que se me ocurre preguntarle.

—En otra época lo hubiese hecho, pero ya el infierno no es el de antes, hay muchísimas almas, con decirte que desde el siglo XVIII no ha vuelto a entrar una sola al cielo.

— ¿Ni el Papa? –una larga sonrisa me demostró que no.

— Saca cuentas y lo entenderás. Desde la “Santa” Inquisición no ha subido más nada en el cielo. – cuando dijo Santa hizo un ademán de entre comillas con los dedos. Es que mi papá se puso muy estricto con eso de entrar allá y pues ahí están las consecuencias.

Asumí que se refería a dios cuando dijo papá.

—Ósea que sí funcionó la Inquisición, mira que hacían su labor.

—Claro, tantas almas inocentes tenían que ir como mártires. Fue una bella época.

Me pareció irónico su comentario, de inmediato cambié de tema.

— ¿Y viniste solo a advertirme eso? – me extrañaba que alguien como él se molestara en visitarme.

—Sí, estoy haciendo una campaña para incentivar el deseo de ir al cielo, pero esto está muy difícil, con decirte que a aquellos que he visitado los mato de un paro cardíaco y van derechito al infierno ya que no tienen tiempo de arrepentirse. Tú eres el único que no se ha muerto corriendo.

—Es normal, me crié con cuatro hermanas, todas mayores. Te aseguro que ya el infierno lo conozco.

Movió la cabeza en señal de aprobación.

—Entonces, ¿podrías no suicidarte? – la pregunta me supo más a súplica, en serio que deben estar muy apurados allá.

—Está bien, pero respóndeme algo. ¿Tú eres dueño de los bancos verdad?

—Dueño no, el humano es mucho más perverso que yo, lo único que hago es asesorar. ¿No escuchaste la risa diabólica cuando firmaste la tarjeta de crédito?

—Pensé que era mi imaginación. – respondí asombrado.

—Si, eso pasa, todos creen que es su imaginación. – otra vez la sonrisa de oreja a ojera.

—Bueno entonces no tengo nada más que hacer aquí, nos vemos – se despidió.

—Un placer conocerte, déjame decirte que soy un admirador tuyo. Le dije antes que se marchara.

Satanás quedó estupefacto, miró por todas partes como buscando que nadie más nos oyera a sabiendas que estábamos los dos solos.

—¿Co… Como dices? Si no tienes nada que te delate como Satánico, ni siquiera un libro que hable del tema, ¿cómo es posible que me admires? – me miraba como un bicho raro.

—Sé que esa gente que sacrifica animales, pintan símbolos con la sangre y hasta la beben son  imbéciles que asumo debes odiar, yo te admiro no por las mentiras que dicen de ti, sino, porque eres mi héroe, un ser que se rebeló ante un padre opresivo que solo quería que le compusieras canciones que no te gustaban.

—Vaya, no pensé que alguien pensara eso de mí. ¿Qué mentiras dicen de mí?

—Pues eso que tú le sales a la gente, que eres el culpable de toda la maldad en la tierra, y hasta donde tengo entendido tú jamás has matado a nadie, es el mismo hombre quien lo hace, la maldad está en nosotros y todos te echan la culpa de eso.

—Está bien lo que afirmas pero bueno no soy, aconsejo que hacer, eso sí.

—Pero te hacen caso, la idea es solo la idea, nada más. Ejecutarla es lo malo, yo me imagino robándome un banco, pero no es mala la idea, si lo hiciera sí sería lo malo.

—Vaya es interesante lo que me dices – dicho esto miro hacia el piso, como pensativo.

—Además. – Proseguí – solo por rebelarte y decir que no te gustaba eso, que querías estar como tu padre, sentado tranquilo, la agarraron contigo y  el mismo te expulsó del cielo. Te echó de la casa solo porque no te gustaba su forma de pensar. Eso es absurdo. Yo me siento orgulloso de lo que has hecho y mira cómo has administrado de bien el infierno, eso es de admirar, un ejemplo a seguir.

Satanás se le empezó a salir las lágrimas, me le acerqué y lo abracé fuertemente, creo que es la primera vez que sentía el calor humano, que alguien lo comprendía y lo apoyaba. Satanás soltó en llanto, lloraba como un niño, todo el peso de estos milenios que recaían en él fueron disipándose. Luego de unos minutos empezó a calmarse y me fue soltando.

Ya más tranquilo y relajado se volvió a sentar en el sofá, luego de secarse las lágrimas, tomó una actitud más seria, vi cómo se avivaba su espíritu, era un ser renacido.

—Si llegas a contar algo de esto, no habrá sufrimiento alguno que haya padecido cualquier ser huma…

—Sí, sí, ya se, ya se: bla, bla, bla. – Lo interrumpí – ahórrate la advertencia, ¿quién en su sano juicio me va a creer esto? dirán que estoy loco y me encerrarían en un manicomio.

— ¿Entonces puedo confiar en ti?

—Solo con una condición.

—Ya sabía yo que no podía confiar en ti. – me espetó.

—Tranquilo que no es nada del otro mundo. Yo sé que para el cielo no voy a ir, así que por favor espero que el día que llegue por allá me tengas un buen lugar para pasar tranquilo la eternidad.

—Está bien, es un trato.

—No sin antes hacer la promesa del dedo meñique.

Satanás levantó una ceja sorprendido, aunque parezca una promesa inofensiva en realidad al hacer el pacto agarrándose el dedo meñique las almas quedan comprometidas y quien rompa la promesa sufrirá por diez mil años un dolor jamás imaginado. Muchos toman eso como un juego pero dejen a que mueran para que vean cuantos miles de años se han ganado sin saber. Hasta me parece bien, ya que una promesa no se rompe.

Luego de hacer la promesa desapareció, me quedé mirando el lugar donde estaba sentado, veo que hay partes quemadas del sofá.

— ¡ME VA A MATAR MI MUJER! – grité.

Me senté otra vez en el sofá agarrándome la cabeza con las dos manos pensando en el famoso refrán: “Mal paga el diablo al que bien le sirve”.


Querido Yo,

Sí estás leyendo esta carta quiere decir que he muerto, aunque mi cuerpo siga activo, aunque aún hable, me comunique con aquellas personas que dicen conocerte, amarte y estimarte, sé muy bien que no eres yo, eres una persona totalmente distinta un disco duro en blanco, solo un cuerpo pero no una mente.

Te debiste asustar en el momento que despertaste en el hospital y te debes preguntar ¿qué ha pasado?, pero la respuesta es fácil. Hace tres meses me diagnosticaron un tumor cerebral, maligno pero operable, lo único malo es el hecho de que si se me operaba iba a perder toda la memoria a largo plazo, no habría forma de cambiar esa condición pues me debían extraer una gran parte del cerebro.

En ese preciso momento me di cuenta que iba a morir, aunque quedara vivo mi existencia como el yo de antes de la operación iba a dejar de existir, aunque mi cuerpo viviese mi yo, el que tiene más de treinta años no existiría, perdería mi personalidad, mis ideas, creencias y recuerdos. Decidí no operarme, daba igual que viviera o que muriera pues dejaría de existir, mi ser, no mi cuerpo.

Pero hubo una variable en mi lógica que no había tenido en cuenta, mi familia, mi mujer, mis hijos, lo que significaría dejarlos sin la capacidad de ver a su esposo, la figura paterna, aunque esta no sea yo. De todas formas que viva mi cuerpo o muera no hará la diferencia en mi caso, por ello he decidido operarme, por eso, si has logrado salir con vida de la operación y estás leyendo esta carta, quiero que sepas que eres un nuevo ser, tendrás nuevas experiencias, nuevas emociones, solo tendrás un problema, tu aprendizaje será un poco dificultoso pues la parte del cerebro afectada y lo que te han extraído hará que esto sea así.

En definitiva me despido, pero antes una cosa más.

Esta vida que tienes, este nombre que ya posees, el cuerpo y sus funciones no son gratuitos, deberás velar por la familia que dejo, hacer feliz a mí mujer y mis hijos, que aunque tengan tu mismo ADN  no los has criado ni amado como lo hice yo, ese será el costo que tendrás que pagar por esta vida que te he dado.

Deseo que seas muy feliz… Tú quien quiera que seas.

 


Capitulo III

No se cuantos años tengo ya que nací dentro de la Matrix y esta no lleva registros cronológicos de los seres humanos que en ella se incuban, aparento estar entre los 30 y 35 años, estoy en forma y puedo perseguir por horas a un Agente, jamás ninguno a escapado de mí, menos de Scythe, ella tiene la habilidad de una mujer más joven que yo, su cuerpo está programado especialmente para este tipo de situaciones, donde la habilidad física prima de la intelectual, se ve como una joven de 25 años, piel blanca, cabello largo oscuro, lleva un traje enterizo negro, a diferencia de mí que me gusta vestir con chaqueta y pantalones, teniendo ambos el gusto por el mismo  color , me gusta mucho el  negro, ella está muy bien definida físicamente si saben a lo que me refiero, aunque no la veo como un ser humano, puede aparentarlo pero se que es una máquina fuera de la Matrix que a diferencia de los Agentes no es un software que existe únicamente aquí dentro de esta, jamás la he visto pero si  a sus iguales y no tienen nada de forma humana, lo único que la delata como máquina son sus hermosos ojos azules intensos, casi brillantes. Zion y Cero One pactaron que seria mucho mejor mantener la forma humana para no crear un caos de identidades, las máquinas interactuar con seres diferentes a ellas mejor que los humanos.

El Agente emprendió la fuga, va corriendo sobre la pared derecha del callejón, es una buena estrategia ya que al despreciar la fuerza de gravedad no tiene que esquivar los elementos que sucumben a ella, como contenedores de basura. No se en que lugar se encuentre ahora mismo Scythe, pero se que aparecerá en cualquier momento tomándolo por sorpresa, mientras, necesito que se enfoque en mí. Se acaba el largo del callejón, al final la calle, el Agente salta atravesándola horizontalmente, hago lo mismo, caemos en la pared del callejón siguiente, la cual es la de un edificio como la anterior, cambia de rumbo se dirige a lo alto, deduzco tres posibilidades, uno, debe confiar mucho en su destreza para escapar de mí a simple vista ya que arriba no hay lugar donde esconderse, pero si hay espacio para saltar y correr, dos, tiene una ruta de escape, tres, me está preparando una emboscada.

Sale él primero, detrás voy yo muy cerca, no veo a nadie más, los edificios hacen una excelente plataforma para poder saltar y ampliar distancia, veo que ya está al borde de la azotea, se prepara a saltar al siguiente edificio, en ese momento aparece Scythe en el borde, lo esperaba escondida, lo agarra de una pierna, se logra soltar pero se desestabiliza, alcanza a llegar al otro edificio pero no cae de pie, también salto es mi oportunidad.

Llego hasta donde el está, sabe que no hay marcha atrás, o se rinde o lucha, debo esperar lo segundo porque ninguno de ellos se rendirá jamás. Me va a atacar, mueve el músculo de la pierna derecha, se que es una patada mucho antes de que esta llegue, lo bloqueo, veo un movimiento en el hombro, viene un golpe con el puño, lo bloqueo, gira el pie, va a dar una patada giratoria, le doy un golpe en la espalda cuando veo la oportunidad, cae boca abajo, Scythe, no se entromete sabe que nadie puede contra mí, no se inmuta en hacerlo. Se levanta, ahora lo observo mejor, blanco, cabello rubio, no veo sus ojos por sus lentes de sol, de nuevo ataca, se impulsa hacia mí con el puño cerrado, le agarro el brazo, hago una llave y lo inmovilizo, verifico rápidamente si tiene armas. No, está limpio, y no es común en un Agente.

– ¿Quien te envió? – Le pregunto de forma amenazante.

– No eres rival para él. – Es lo único que me contesta.

Miro rápidamente su mano tiene una 9mm con doble cañon, no entiendo de donde la ha sacado, este tipo de armas está desarrollada para que sea más díficil esquivar la letal bala, y en serio que es así, estoy muy cerca no la puedo detener, miro a  Scythe, veo en su rostro el miedo, también el arma la ha tomado por sorpresa, veo las balas lo único que puedo hacer es mover un poco mi cuerpo para que hagan el menor daño posible. Voy cayendo, el Agente se coloca el arma en la cabeza y dispara, caigo, observo sorprendido que desaparece sin dejar un humano como vehículo, ningún agente tiene la capacidad de hacer eso. ¿De donde salió el arma? ¿Como pudo transportarla sin haberme dado cuenta? ¿Porque no tenía a un ser humano como vehículo? Me saca de mis pensamientos el grito de  Scythe.

– DARKER!

La miro, veo su boca moviéndose tratando de decirme algo, todo se nubla, viene la oscuridad… No se cuanto tiempo pasa, pero siento la brisa golpeando mi rostro, se que es ella llevándome a la Agencia. Dejo de pensar en mí, uniendo en mi mente lo acontecido esta noche, deduzco quien es el asesino, me parece increíble pero no cabe duda alguna, ahora solo quedan los motivos y su ubicación. Dejo que mi cuerpo se relaje y descanse, en este momento se que ella es el único ser capaz de salvarme la vida.

Luego si logro sobrevivir, tendré que ir donde el Merovingio, solo él puede saber la ubicación exacta del Agente Smith.

….. Offline Connection…


Lo se, el titulo es extraño, debes estar preguntándote ¿como es posible semejante afirmación? Pero es así y en este momento te lo voy a explicar.

La mejor manera de ser feliz es aislarse del mundo que te rodea, no pensar por ti mismo y hacer todo lo que te ordene el gobierno, los profesores o incluso tu familia, no leer, no ver noticias, no comprender el Universo, sus enigmas, no comprender sobre injusticia y sobre todo, hacerte el idiota cuando sabes que estás votando por un político corrupto que te ha comprado con unos pesos, una buena pinta o incluso una simple sonrisa.

Lo digo por experiencia, aunque no me considero un hombre infeliz, simplemente veo la realidad sin los velos que te quieren imponer y me entristece, me siento tan frustrado por el hecho que no puedo cambiar las cosas, por el hecho de que el mundo es injusto ya que la naturaleza humana, la evolución y las Leyes Universales lo decidieron así.

Somos una probabilidad, mañana quizás te ganas la lotería, pasado mañana te asesinan por robarte el dinero. ¿Entonces, fue bueno ganarte la lotería? ¿Qué es bueno y que es malo? Te alegras por el dinero, pero la salud de tus allegados es mala e irrecuperable. Tantas cosas que pueden ocurrir en la vida, son cosas que no podemos controlar, están a la merced de las probabilidades.

Las decisiones que tomes afectan claro está, pero no afectan un todo, solo una parte de tú vida y de quienes te rodean. Quizás tomas un vuelo y este tiene una falla mecánica, cayó el avión y mueres o quizás cae el avión y vives, ahora quizás hubiese sido mejor morir y no vivir paralitico por el resto de la vida. Decisiones, probabilidades, causas y efectos.

Creemos vivir en un mundo Democrático, que elegimos a quienes nos gobiernan y vamos como ganado al matadero, a las urnas, pero no nos damos cuenta, que ellos eligen a quienes los votan, ya sea comprándote el voto con dinero, una bolsa de cemento, promesas absurdas y la sonrisa que jamás de los jamases fallará.

Pero no todo es política, cinismo, luego de elegir, hacen lo mismo que han hecho siempre, robar tú dinero y luego decir que hicieron una porquería de obra con la mitad de lo presupuestado todo para el bien de la ciudad. Tu los elogias y dices, “Que grande son” y yo solo miro y digo, no tengo la capacidad para destronarlos y devolver mi país. Luego la pobreza, ver a una anciana rebuscar la basura buscando algo para comer, un niño muriendo porque no tuvo el dinero para hacerse el trasplante de corazón, millonarios gastándose una fortuna en ropa y zapatos.

Pero los que ignoran todo eso son felices, no les importa ya que no piensan, se negaron a pensar en un momento de sus vidas.

Se arrodillan ante un ser que solo existe en sus mentes, este ser lo puede todo, lo sabe todo, lo observa todo, pero extrañamente nadie jamás en su sano juicio lo ha visto. Gritas lleno de júbilo que él te ama, ¿amor? ¿Que es el amor? ¿De donde vienes? ¿A donde vas? ¿En serio crees que hay algo después de que dejes de respirar? Te espera la nada, y dentro de unos años el olvido, ¿Entonces que hiciste en tu corto momento de existencia?

Destruir, reparar, estamos locos, a la deriva de una burbuja llamada Planeta Tierra, en esta pequeña burbuja tener millones en un banco es importante, poder, conquistar, destacarse, pero si miras por un telescopio verás que todo es insignificante ante la inmensidad del Universo, donde tu tamaño no es comparado ni siquiera al grosor de un Átomo. Pero eres ignorante y te alegras por eso.

Si no deseas estar triste, jamás leas, jamás estudies, jamás razones, jamás pienses. Deberás vivir por siempre ignorante, deberás perderte por siempre lo enigmático, lo increíble, pero también te perderás lo injusto, lo incambiable.

Pero sobre todas las cosas, el cerebro brillante que tienes no podrá jamás descubrir su máxima capacidad.